El 82 por ciento de la producción de menotropina o gonadotrofina de origen natural proviene de la empresa farmacéutica argentina Instituto Massone, que exportó 14 millones de ampollas el año pasado, y el 18 por ciento restante se reparte entre China y Japón.
El Instituto Massone elabora el medicamento a partir de la orina de 165,000 mujeres mayores de 48 años que viven en tres barrios de Buenos Aires y en las ciudades de Zárate y La Plata, y reciben mensualmente un regalo por su donación, ya que la legislación argentina prohíbe comercializar partes
y materias del cuerpo humano.
Esas mujeres recogen su orina de cada día en recipientes proporcionados por el laboratorio, que por este medio se hace diariamente con unos 200,000 litros, de los que extrae la hormona con la que fabrica la menotropina, un medicamento que estimula la producción de óvulos, subraya el diario.
De 200,000 litros de orina se obtiene un gramo de la droga, pero ese gramo sirve para unos 2,000 tratamientos contra la infertilidad, por lo que las pacientes pueden llegar a pagar unos 3,000 pesos (1,000 dólares), según dijeron especialistas al diario.
“La orina no se paga. No tiene un precio porque no es un bien que esté en el mercado”, señaló a “La Nación” María Luisa Salinas, gerente de promoción de Biomás, el laboratorio encargado desde 1996 de la recolección de la materia prima de la menotropina que produce el
Instituto Massone.
La participación argentina en el mercado de menotropina se incrementará a fin de año, cuando el laboratorio Massone produzca 20 millones de ampollas. Europa y Estados Unidos son los principales mercados a los que se exporta.
Los regalos que reciben las mujeres que contribuyen con su orina este negocio pueden ser “una jarra de vidrio, una hielera, una frutera, recipientes plásticos, repasadores (paños de cocina) o, como el mes último, una bandeja de madera para pintar”, señala el diario, que visitó casas
de varias donantes.
El diario se pregunta por qué las donantes de orina, la mayoría de más de 60 años y solas, se prestan a la molestias que supone recoger su orina en bidones.
“La estrategia más convincente que usan las promotoras para convertirlas en donantes es hacerles ver que ellas dan su orina para ayudar a las mujeres que no pueden tener chicos”, concluye.
El primer embarazo con este tratamiento se produjo en 1962 a partir de una droga que desarrolló el laboratorio suizo Serono llamada HMG (Human Menopausan Gonatropina), el mismo que en 1995 logró desarrollar la hormona de modo sintético, aseguró el especialista en reproducción Claudio Chillik.