Los salvadoreños saben del exceso de confianza que existe en Panamá por una victoria —holgada— el próximo miércoles. Los panameños que llegaron a traer a sus familiares y amigos se preguntaban qué famoso venía. “El Salvador”, respondían algunos taxistas. No les preocupaba. El ambiente es ese mismo: de despreocupados ante la llegada de los cuscatlecos.
Hasta hace año y medio (cuando El Salvador llegó a Panamá de la mano de Juan Ramón Paredes) las expresiones de los panameños fueron: “Pero es que son unos carajitos (niños)”. Ayer, cuando la delegación encabezada por Humberto Torres, presidente de la Federación de Fútbol, pisó el aeropuerto de Tocumen no hubo expresiones. Los periodistas sólo preguntaban quién era la figura del equipo.
Por recomendaciones de los medios salvadoreños que cubrieron la llegada, Misael Alfaro, Ronald Cerritos, Jorge Rodríguez y Emiliano Pedrozo (por ser argentino nacionalizado) fueron abordados de inmediato. El reloj marcaba las 6 de la tarde Rudy Corrales aún era recordado de aquella selección de Paredes. Un gran torneo para el hombre del Águila.
“No es si vamos a ganar, sino cómo vamos a ganar. Es un partido que hay que jugar con inteligencia, aunque sea en el minuto 90”, contestó Emiliano Pedrozo a los canales, radios y medios escritos panameños.
Una media hora fue suficiente para atender a la prensa. El autobús de la Federación Panameña de Fútbol esperaba afuera. Los salvadoreños están a 24 horas de la verdad. Un ambiente nada agradable les espera, pero como dijo Armando Conteras Palma: “El más inteligente ganará el partido”. ¿Seremos nosotros, Señor?