Por primera vez, desde que la dupla de hermanos gemelos Dely Valdés apareció en el ámbito futbolístico, se quedaban fuera del once inicial. Por primera vez, Panamá se clasifica a una hexagonal final. Por primera vez, los locales vencen a los salvadoreños en una eliminatoria mundialista. Por segunda
vez consecutiva, los cuscatlecos se quedan fuera.
Los que saben de fútbol dicen que un gol en los primeros 15 minutos es fundamental, pero dos es para comenzar a celebrar. Por eso es que a los 7 minutos, el jolgorio de los hinchas locales era total.
A los 3 minutos, Julio Castro, quien sustituyó a Rafael Tobar en esa zona, comete falta dentro del área cuando Phillips se perfilaba. Roberto Brown anotó un minuto más tarde y dos veces, pero sólo uno valió.
El jugador del Salzburgo de Austria, ex del FAS, había sido convocado para eso. Salió corriendo para el sector popular y lo celebró con los suplentes.
La zaga se descontroló. Víctor Velásquez no tenía a Marvin González a la par, ni a Tobar. Dawson Prado y Castro nunca se complementaron y la contención tampoco colaboraba. “La altura es lo preocupante”, dijo en la semana Conteras Palma, y vaya que ahí sí no se equivocó.
Al minuto 7, el segundo gol cayó como balde de agua fría. Un tiro de esquina fue el preámbulo. Y otro convocado sólo para este partido en la eliminatoria, Felipe Baloy, el hombre del Gremio de Brasil, ponía el 2-0. Hasta el momento, las predicciones de Contreras Palma se cumplían... pero en contra.
“La cuota es dos goles”, había dicho.
La debacle
Los 408 minutos sin goles pesaban en la espalda de los nacionales. No había forma de remontar ese marcador. La primera llegada de los salvadoreños fue hasta el minuto 11. Cerritos tiró raso, pero Donaldo González, meta del Marathon de Honduras, supo controlar sin complicaciones.
Un minuto más tarde se oyó una celebración en el Rommel. Las radios locales anunciaban el gol de los Estados Unidos. Era una locura. Los panameños comenzaban a escribir su historia.
Mientras tanto, el ataque de los salvadoreños era contenido por una línea de cuatro impasable, y que tenía a un Rudy Corrales como cómplice. El delantero se notó “descanchado”.
En el medio campo, como pivote, Alberto Blanco, del Shiff de Moldavia, se manejaba con elegancia y como señor de la cancha. No entregó ni un solo balón malo y daba una salida clara a los locales. Nosotros no tenemos uno similar en la contención.
La debacle se sentenció por completo a los 22. Panamá sacó sus pistolas. José Luis Garcés, “el Pistolero”, apareció como un bólido en el centro del área. No hubo respuesta ni de Dawson, ni de Velásquez o Castro. Alfaro fue fusilado. Al 25 anuncian el gol de penalti de Jamaica. La
tensión se asoma.
¿Quién podrá ayudarnos?
Ni el Chapulín Colorado. Él es de color rojo. No había tal milagro para los salvadoreños. El maleficio de la herencia de los Torres —y que ha heredado el otro Torres y su séquito— es más poderoso que los milagros. Hay que sacar a los demonios de la FESFUT.