Carlos Argüello abandonó su residencia en las colinas de Hollywood, una máquina Porsche y una carrera prestigiosa y lucrativa en Los Ángeles para ir a fundar un estudio de animación cinematográfica en Guatemala.
No es el emigrante que retorna al lugar donde se crió en pos de una jubilación apacible entre lagos y volcanes, sino un tipo emprendedor convencido de que en Centroamérica hay lugar —y talento— para mucho más que maquilas.
El diario “Los Angeles Times” dedicó hace unas semanas más de una página de su sección “Calendario” para hablar de la empresa que Arguello fundó en ciudad de Guatemala. Studio C es la primera firma de su clase en el istmo, y ha participado ya en varios proyectos para la pantalla grande.
Actualmente colabora con Disney en la primera entrega de la serie “Narnia”, de C. S. Lewis.
Su propósito, dijo Argüello al diario angelino, no era convertir la urbe chapina en un fragmento del sur de California, sino más bien contribuir a que los guatemaltecos descubrieran que es posible ofrecer al mundo productos sofisticados y competitivos toda vez que sepan aprovechar sus talentos creativos y rica cultura.
Este guatemalteco de origen nicaragüense cuyos contactos en Los Ángeles incluyen a Pixar y DreamWorks no se conforma con maquilar trabajos de animación para Hollywood, sino que ha creado productos propios, entre ellos “Mi Guatemala”, un programa de televisión para emigrantes guatemaltecos, un libro interactivo en formato CD (presentado en inglés, castellano y dos dialectos mayas) y una serie animada, “Viajes a Latinoamérica”, mezcla de dibujos animados y actores reales, destinada a niños centroamericanos emigrados al norte.
Su proyecto empezó, explica al periódico, con cuatro empleados. Ahora tiene 50, cifra que quiere llevar a 100 antes de que termine el año. El otro día, alguien me decía que El Salvador ha fracasado en aprovechar los conocimientos de sus expatriados. La experiencia de Argüello en Guatemala sería entonces un ejemplo a ser estudiado.