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De diamante a carbón. El fuego devoró la histórica construcción.
La última luz de la Casa Meléndez

Elena Salamanca/David Marroquín
cultura@laprensa.com.sv

Un incendio destruyó ayer la casa de principios del siglo XX, patrimonio cultural de la nación.

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Un fénix abortado

 

Cuando la ceniza sea removida, la Casa Meléndez no será el fénix. Su sistema constructivo no cooperó con la resurrección.

Los restos de la Casa Meléndez están siendo recolectados por CONCULTURA para intentar restaurarlos.

El director de Patrimonio explica que se intentará reconstruir la fachada y que por dentro los dueños definirán el espacio y el nuevo diseño.

Irma Flores piensa que los restos recuperados pueden usarse en un futuro museo de la ciudad de San salvador, pero ese es solo un proyecto.

De momento, Chang dice que buscarán un espacio para almacenarlos y protegerlos: “Tal vez en la bodega de la

Biblioteca (Nacional) o en la ex casa presidencial”.

Tanto CONCULTURA como el Cuerpo de Bomberos han iniciado sus respectivas investigaciones; ambas instituciones quieren definir la causa del incendio.

En la planta baja de la casa había tres negocios: la panadería Pan Vill, la librería Milenio y una venta de calzado deportivo. Ya no existen.


La joya del fuego

La Casa Meléndez fue construida a principios del siglo XX. Soportó cinco terremotos.

Carlos Meléndez mandó a construir esta casa palaciega entre 1904 y 1910.

En los años sesenta y setenta fue el almacén de electrodomésticos Munguía S.A.

En 1986 fue comprada por la empresa Alquileres y Arrendamientos, que la alquilaba a una panadería, una venta de zapatos y una librería.

Según el inventario de bienes culturales de CONCULTURA, la casa, como bien patrimonial, es un “monumento local”. El director de Patrimonio Cultural explica la razón: “La Asamblea Legislativa nunca quiso nombrarla monumento nacional”.

El sistema constructivo de la casa era el “deployé”. Una estructura metálica al centro, cubierta con argamasa o bajareque y forrada con madera o lámina.

Esta casa estaba construida con lámina troquelada traída de Bélgica y Francia.

Fue una de las primeras casas armables que vino al país. Solo sobreviven de este estilo el Hospital Rosales y el Hospicio Nacional de Varones (cerca del mercado Sagrado Corazón).

El techo de la casa era “estilo shingle”, es decir, miles de tejas de lámina unidas para simular tejas.

Su estilo arquitectónico es una mezcla de victoriano y neoclásico: el neoclásico en las columnatas de sus frontones y balcones, y victoriano por el diseño del techo.

Las únicas paredes que sobrevivieron son las de cemento en la fachada y en la primera planta de la casa.



“Patrimonio de todos”

Las casas que se incendian en el Centro Histórico son particulares: bienes patrimoniales, pero no en poder del Estado.

El director nacional de Patrimonio Cultural, Héctor Ismael Sermeño, y la coordinadora de sitios y monumentos, Irma Flores, explican la dinámica de algunos bienes patrimoniales arquitectónicos:

“Como las casas son propiedad privada, no podemos intervenir en ellas. Ahora es necesario hacer conciencia sobre la importancia de los bienes patrimoniales. La gente piensa que porque son casas viejas no sirven para nada, pero son de importancia arquitectónica e histórica para el país.”

“Los dueños deben darse cuenta de que este es un patrimonio que no pertenece a CONCULTURA, sino a todos los salvadoreños.”

En estos casos, las casas son solo inventariadas por CONCULTURA, el mantenimiento corre en manos de sus dueños.

Aunque CONCULTURA se encarga de dar permisos de reconstrucción de los inmuebles.

Un pañuelo de ceniza cubría ayer la Casa Meléndez. Desde la 1:45 de la madrugada, la residencia de estilo victoriano era eso: ceniza. Un incendio provocado por un cortocircuito, según Bomberos de San Salvador, la consumió.

La zona estaba paralizada. La 1.ª calle oriente y la 4.ª avenida norte estaban cerradas, y no había luz en los edificios cercanos. Solo una pared amarilla comenzaba a emerger desde el hollín, y terminaba en la única hoja de puerta que sobrevivió.

Había terminado un siglo de luces y esplendores en la casa del ex presidente Carlos Meléndez (1913-1914 y 1915-1919), que luego fue embajada, después venta de electrodomésticos, y hasta el martes panadería, librería y venta de artículos deportivos.

Según el subdirector de Bomberos de San Salvador, Abner Audiel Hurtado, los bomberos llegaron a apagar el incendio a la 1:45 de la madrugada, “pero el incendio debió comenzar mucho antes”.

Bomberos maneja la hipótesis de un cortocircuito: “Una caja de fusibles se sobrecargó”. Y esa caja, localizada en la venta de calzado deportivo, propagó el fuego por la lámina troquelada de la casa de principios del siglo XX, y solo sobrevivieron las paredes de cemento, la fachada y la herrería.

Hurtado opina que el incendio arrasó rápidamente con la casa por su sistema constructivo: lámina y madera.

Para apagar el fuego, los bomberos movilizaron ocho unidades, cinco motobombas, tres cisternas y 30 bomberos, según el subdirector. La intención era que el fuego no se expandiera por los demás locales, pues la casa se encuentra en una zona comercial.

Siempre por la noche

Este no es el primer incendio nocturno de un bien cultural. CONCULTURA lo sabe. En el centro de San Salvador, alrededor de 700 bienes patrimoniales sobreviven, según la coordinadora de sitios y monumentos, Irma Flores. “Aunque ahora son menos”, dice.

Según el director nacional de Patrimonio Cultural, Héctor Ismael Sermeño, “hemos perdido tres inmuebles patrimoniales en las últimas cuatro semanas”.

La Casa Meléndez se suma a la lista de casas antiguas del centro capitalino que expiran de noche. Siempre de noche, sin luz, solo fuego. A Flores esto le llama la atención: “No queremos culpar a nadie, pero resulta curioso que las casas se queman de noche. La gente no comprende la importancia de un bien cultural: con esta casa se ha perdido parte de la memoria histórica del centro de San Salvador”.

Donde hubo fuego...

El director de Patrimonio se enteró del incendio a las 7 de la mañana. Los bomberos dejaron de apagar el fuego a las 9. Tres horas después, una agonía de hierro y madera comenzaba a descifrarse: borrachos y huelepegas caminaban frente al esplendor muerto y viscoso, a los troncos carbonizados, a los hierros retorcidos: “Mirá, se quemó la casa”.

Sitios y monumentos y el inventario de bienes culturales llegaron a revisar los escombros.

Astrid Chang, del inventario de bienes culturales, ha comenzado la recolección del material constructivo que sobrevivió: láminas, herrería, tejas y maderas que pueden restaurarse.

“En este momento, el inventario levanta el acta del incendio y se procede a la recuperación de las piezas, CONCULTURA se queda con las láminas y maderas, y la propietaria con la herrería (en su mayoría balcones)”.

El representante de la propietaria, Ernesto Flores, declaró que ellos se quedarán con la herrería y presentarán un proyecto a CONCULTURA para mantener la fachada del edificio. Por dentro, la casa cambiaría.

Mientras Sermeño, Flores y Chang inspeccionaban el lugar, una bandada de palomas volaba sobre las ruinas y los huelepegas elevaban la mirada con ellas: tal vez veían de nuevo aquella casa palaciega. Tal vez Carlos Meléndez los saludaba desde un balcón.



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