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[ Reportaje ]
El golf abre una nueva era:
18 hoyos para un gran juego

Escribe: Erick Rivera / Fotos de Félix Amaya

rdominical@laprensa.com.sv
 

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DEL CLUB CAMPESTRE CUSCATLÁN

El club está localizado sobre el Paseo General Escalón, a 550 metros al poniente de la plaza Masferrer, en el municipio de San Salvador.

El sitio en el que se pretende construir una prolongación del área de juego, al sur del lote 1 (así lo define el documento presentado al MARN), se encuentra en el cantón El Espino, de los municipios de San Salvador y Antiguo Cuscatlán.
El lote 1 tiene una longitud de 35.79 manzanas, y el lote 2, de 55.52 manzanas.

El área de juego actual tiene nueve hoyos que es la consecución de un logro puntual en el deporte del golf.
Con la construcción del nuevo campo, en el lote 2, se ampliará a 18 hoyos y se le tratará de dar una mayor categoría, más profesional.

 


EL NUEVO CAMPO

En el lugar en donde se planea la construcción de la prolongación del campo, se ha proyectado la siguiente distribución: área de juego, 72.30% (291,793 m²); zona verde, 15.43% (59, 873 m²); quebradas, 9.37% (36,343.3 m²).

Según el ingeniero Carlos Lemus, ocho meses durará la construcción en el nuevo campo y solo se necesita cumplir con ciertos trámites del ministerio, pues el Club Campestre Cuscatlán ha respetado las indicaciones del Estado, como el inventario de árboles y la protección de las especies de flora que se indicó.

Más de 56 mil dólares planea invertir el club para tratar de solventar el “impacto negativo” que pueda causar el desarrollo de la obra. Aunque, según esa institución y según el proyecto avalado en Medio Ambiente, el nuevo campo de golf cumplirá “requisitos ecológicos”.

La obra está siendo coordinada por el experto Gene Bates quien, según Héctor Figueroa, ha trabajado en otros grandes proyectos de este deporte en el mundo.


Nacerá un nuevo campo de golf, o por lo menos la prolongación de uno ya existente. El lugar pretende ser una zona para el desarrollo de este deporte, ecológico, saludable, comenta Héctor Figueroa, miembro de la directiva del actual Club Campestre Cuscatlán que es la institución que pronto ejecutará el proyecto en una zona actualmente en condiciones agrestes y naturales.

En coordinación con el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), el Campestre creó un proyecto para hacer que su actual campo, con una dificultad de nueve hoyos, se extendiera a 18, para hacer un terreno de juego más profesional, con mayor dificultad.

Audubon International, una asociación internacional que da un aval ecológico de estándar “A”, le ha dado el visto bueno al proyecto que pretende hacer el Club Campestre Cuscatlán.

“Eso nos da credibilidad por lo que ellos significan para el golf en el mundo”, indica Figueroa.

Gene Bates, un especialista norteamericano con fama internacional, es, además, uno de los principales involucrados en el asunto, lo que vitaliza la calidad del diseño del campo de juego por la experiencia que el especialista tiene en el mundo.

Un total de 55 manzanas de terreno son las que tiene el nuevo campo en el cual, entre otras cosas, se creará un lago artificial, se sembrará pasto foráneo, se cortarán árboles para la creación del área de juego, como parte del proyecto.

Según Figueroa, “el diseño ya está hecho, con todo y las observaciones que nos ha hecho el MARN”, y una vez terminado el período de consulta del documento presentado al Estado (el jueves 14 de abril), en el que consta también el impacto ambiental que se generará, la construcción puede empezar.

El campo

Actualmente, el campo de golf del Club Campestre Cuscatlán tiene una dificultad de nueve hoyos (un hoyo equivale a la máxima anotación en este deporte). Con la construcción, serán 18 los hoyos.

El tránsito de las pelotas de esta disciplina deportiva es por un tipo de grama que, según Héctor Figueroa y Carlos Lemus (este último, coordinador estructural e ingeniero del proyecto), “ayuda a que la erosión se evite y a que se filtre de mejor manera el agua”. No obstante, la siembra de esta grama y la creación de la nueva área de juego traen consigo la tala de árboles en esta zona.

“Se respetarán las quebradas, en donde no se tocará la cobertura arbórea; se sembrarán arbolitos y principalmente se cuidará de los árboles que, según el ministerio, merecen mayor protección (como es el caso de la ceiba); se creará un lago artificial en donde es comprobado, por la experiencia internacional, que las aves llegan a satisfacer su sed, entre otras cosas”, dice Figueroa.

En el texto presentado al MARN, en el que se incluye el estudio de impacto que elaboró esa institución del Estado, denominado “Ampliación del Club Campestre Cuscatlán”, se especifica que al unir los dos terrenos (el ya construido y actual club y el otro, sin ninguna construcción), se llega a un área de “91.31 manzanas, equivalentes a 638,162 m², que en conjunto y de acuerdo al diseño de ampliación, presentan la siguiente distribución: área de juego (en donde impera el pasto especial, natural), 69.77 por ciento; zona verde, 9.65 por ciento; quebradas 5.69 por ciento; infraestructura existente, 14.88 por ciento”.

Mientras se fue haciendo el estudio y se fue presentando el proyecto de parte de las autoridades del Club Campestre, el MARN fue haciendo recomendaciones que, según comenta Carlos Lemus, “se fueron tomando en cuenta y se fue anexando al documento final que entregamos”.

Un apartado especial en el referido documento habla de la descripción de “potenciales impactos negativos” que acarrearía la construcción en esa zona. Los componentes del ambiente biológico, del ambiente físico y del ambiente social tendrían, según el estudio presentado al MARN, un impacto negativo.

No obstante, el Club Campestre también en ese documento hace referencia específica a las obras que efectuarán para mitigar y contrarrestar cualquier tipo de daño medioambiental.

Según este informe, se sembrarán 3,793 arbolitos, con un costo total de 10,847.98 dólares; para la protección de los mantos acuíferos se adquirirán dos pozos inyectores, a un costo total de 35,554 dólares; para el riego permanente de las instalaciones (lo que ayudará a la filtración del agua y a disminuir los problemas de polvo durante el desarrollo de la obra) se comprarán 360 pipadas de agua a un costo total de 10,285.20 dólares; y, además, la implementación de toldos en cuatro camiones para evitar la contaminación de polvo, a un costo de 1,600 dólares.

Sin embargo, los gestores de este proyecto están conscientes de que hay quienes se pueden oponer.

Conscientes de esto, han tomado algunas medidas sugeridas por el mismo MARN. “Los árboles en peligro y necesariamente protegibles de los cuales nos habló Medio Ambiente hoy están protegidos. Se toman como ejemplo las canchas en Costa Rica, un país que tiene muchos terrenos de este deporte y en el cual el medio ambiente juega un papel determinante para el desarrollo”, explica.

La filtración garantizada

En este aspecto, el biólogo y catedrático de la Universidad de El Salvador, Jesús Reyes, hace una consideración importante sobre este proyecto y su impacto ecológico en la zona: “La filtración del agua no creo que sufra daños, pues no habrá pavimento, sino grama”.

Pero advierte: “El Espino a pesar de ser un bosque de sombra, mantiene hábitat para fauna silvestre y da alimentación, reproducción y protección, por lo que se podría afectar directamente al microclima”.

“El golf también protege la ecología, hace que las zonas se conserven y queden en mejor estado que lo que antes se tenía”, enfatiza Figueroa al referirse a una zona considerada reserva natural y que ha sido objeto de polémica en numerosas ocasiones.

El proyecto tiene el visto bueno para empezar luego de la consulta que terminó el jueves, y durará, según Lemus, ocho meses, a partir de la mitad del año.




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