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Las cataratas en realidad son un complejo de tres grandes caídas
de agua: Caída Americana y Velo de Novia, ambas situadas del lado
estadounidense, y La Herradura, del lado de Canadá. En conjunto
lanzan 150 mil galones de agua por minuto. Desde 1759 se empezó
a idear la forma de aprovechar la fuerza del agua en caída libre.
Ahora, proveen un cuarto de toda la energía utilizada en el estado
de Nueva York más la provincia de Ontario que juntos miden más
de 10 veces el territorio salvadoreño.
Son consideradas la fuente más grande de energía eléctrica
en el mundo y las segundas de mayor tamaño del planeta, después
de las cataratas Victoria, en Sudáfrica.
Aunque la temperatura donde están ubicadas las cataratas es muy
baja, solo hay un registro histórico de su congelamiento.
En 1948, el congelamiento de la parte superior del río detuvo
las cataratas. Más tarde, la mano del hombre lo logró tras
varios meses y gracias a procesos mecánicos.
Científicos estiman que el agua ha retrocedido unos 15 kilómetros
por la erosión de las rocas que genera la caída. Anualmente
se erosionan casi 91 centímetros. De desaparecer quedaría
una especie de cañón, similar al del centro y suroeste de
EUA.
Para los turistas, bajar a la caverna de los vientos, localizada
al pie del Velo de Novia, la menos caudalosa de las caídas , es
una experiencia inolvidable. Protegidos solo con un pequeño poncho
de plástico, el rocío genera un remolino suficiente como
para sentir golpes en el cuerpo aun cuando la distancia que se puede estar
de la caída de agua es de varios metros.
La otra experiencia obligada es el paseo en el bote Dama del Rocío
que funciona desde hace más de 150 años y recorre el río
Niágara hasta situarse lentamente frente a la catarata La Herradura.
La sensación es como estar en medio de un torbellino de agua donde
es difícil abrir los ojos o respirar por la fuerza del rocío.
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