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Desafío 1:
El amor en tiempos del SIDA
La iglesia dice que la contracepción es un 'mal'. Sin embargo,
la enfermedad mata inocentes.
Como consejera en el Centro de recursos para la mujer en el Boston College,
Jennifer Tighman-Haves puede ver directamente que solamente unos pocos
católicos jóvenes obedecen las leyes de la iglesia sobre
sexo prematrimonial y control de la natalidad. Tighman-Havens, que a los
31 años es católica de toda la vida, lo lamenta, porque
si bien se considera progresista, piensa que las enseñanzas de
la iglesia tienen su mérito: "Las personas deben respetarse
si van a tener relaciones sexuales -- pero los oídos de los estudiantes
no están abiertos porque lo ven muy alejado de su realidad."
Desde que Paulo VI estableció en su encíclica de 1969 "Humanae
Vitae" que la contracepción es "intrínsecamente
mala," la iglesia no se ha movido. Ve la contracepción como
parte de una defensa mucho mayor y teológicamente sofisticada de
la preciosidad y la santidad de la vida humana. Los prelados católicos
afirman además que el Vaticano no ajusta su visión de acuerdo
con la opinión popular. Los pronunciamientos de la iglesia en estas
cuestiones se basan en verdades reveladas desde Dios, no a partir de las
encuestas, dice el Arzobispo Gregory.
No obstante, en Occidente, esas encuestas muestran una indiferencia casi
universal hacia las enseñanzas de la iglesia respecto del control
de la natalidad y el sexo antes del matrimonio. Casi 70% de los católicos
que van a la iglesia dijeron la semana pasada que el próximo papa
debería permitir que los católicos utilicen el control de
la natalidad, según una encuesta Gallup. En Roma, donde 80% de
la población se define como católica, un estudio reveló
que 70% de la población aprueba el sexo prematrimonial, y en Irlanda,
donde el catolicismo es parte de la identidad nacional, casi 80 mil parejas
viven juntas fuera del matrimonio.
De todos modos, el nuevo papa enfrentará un nuevo problema, un
problema que lleva el debate sobre el control de la natalidad más
allá de la retórica habitual. En el mundo en desarrollo,
en un tiempo confiablemente ortodoxo, la desconexión entre la enseñanza
y la práctica de la iglesia ha empezado a ampliarse a medida que
los países latinoamericanos adoptan costumbres sociales modernas.
El gobierno municipal de Buenos Aires legalizó recientemente el
matrimonio entre homosexuales, por ejemplo; Chile, socialmente conservador,
se unió al resto de América Latina para aprobar una ley
de divorcio el año pasado. Argentina podría sumarse pronto
a Uruguay y Cuba como países a favor de la libertad respecto del
aborto.
Mientras tanto, en África y Asia, el flagelo del SIDA pone el
tema de los preservativos bajo una nueva luz. La iglesia recomienda la
abstinencia como protección contra la enfermedad, pero Jyoti Kumar,
una católica de 29 años que trabaja como portera en Nueva
Delhi, espera que el nuevo papa venga del mundo en desarrollo y modifique
la estricta prohibición de la iglesia al uso del preservativo y
al control de la natalidad. "Tenemos una población de gente
muy pobre enorme y en aumento," dice. "Y ahora enfrentamos este
problema aterrador del VIH-SIDA. No protegerse sería absurdo."
En Johanesburgo, el Arzobispo Buti Tlhagale dice que, en los casos de
parejas donde el marido o la mujer están infectados con VIH, algunos
sacerdotes bajo su jurisdicción consideran que el uso del preservativo
es una cuestión que el sacerdote y la pareja deben resolver en
privado, y echa pestes contra Roma por no dar una mayor orientación.
"La iglesia ha sacado algunos documentos sobre la homosexualidad,"
dice, "dando a entender que es vista como un problema que requiere
clarificación y conducción moral... No veo por qué
algo tan grande como el SIDA no ha recibido atención. ¿Es
porque el SIDA es un problema africano pero no lo es en Europa? ... Creo
que hay una falta de claridad, y que el Santo Padre y la Santa Sede deben
establecer una orientación."
Es muy poco probable que la iglesia aborde de entrada los preservativos
y el SIDA, pero puede, en el futuro cercano, analizar el problema dentro
del contexto más amplio de la medicina moderna y la bioética,
dice Thomas Noble, profesor de historia en Notre Dame. "Estamos simplemente
en un lugar en el que nunca habíamos estado," dice. En 1968,
"la clonación era inaceptable, la fertilización in
vitro era inaceptable, el SIDA no había estallado todavía.
La cuestión era la contracepción, y la iglesia decía,
'Está bien, ya lo trataremos.'" La investigación sobre
células madre embrionarias y el estado de confusión sobre
los temas ligados al fin de la vida que planteó el caso Terry Schiavo
también entran en esta categoría.
Desafío 2:
Púlpitos vacíos
El Vaticano no quiere que el clero se case, pero ¿cómo
atraerá nuevos sacerdotes?
Las vocaciones crecen en el mundo en desarrollo, pero en Occidente,
la escasez de sacerdotes ha alcanzado proporciones épicas. Desde
1965, el número de sacerdotes en Estados Unidos bajó de
59 mil a 43 mil, dejando más de 3 mil parroquias sin ningún
sacerdote. En este momento, incluso en países como Honduras, durante
mucho tiempo bastión católico, solamente 449 sacerdotes
atienden a 5,95 millones de católicos -- o sea, un pastor por cada
13.250 feligreses. Según la Conferencia Latinoamericana de Obispos,
durante la década de 1990, entre 8 mil y 10 mil personas abandonaban
el catolicismo a diario para adherir a la Iglesia Pentecostal, otras denominaciones
protestantes y a sectas evangélicas.
En Estados Unidos, los escándalos sobre abuso sexual en 2002
dieron al clero y a los fieles una oportunidad para hacer un examen de
conciencia y los activistas progresistas renovaron su pedido de ordenación
de las mujeres y hombres casados. La ordenación de las mujeres
tiene muchos defensores, pero probablemente no tenga ninguna chance. En
una carta apostólica de 1994, Juan Pablo II le cerró totalmente
la puerta: "Declaro que la iglesia no tiene autoridad ninguna para
conferir la ordenación sacerdotal a mujeres y que este criterio
debe ser aceptado definitivamente por todos los fieles de la Iglesia."
La cuestión de los sacerdotes casados es otro tema. Algunos obispos
apoyan la idea. Hace dos años, más de 160 sacerdotes de
la zona de Milwaukee enviaron una carta a los obispos del país
pidiéndoles que consideraran una iniciativa para abrir el sacerdocio
a hombres casados. Y hace apenas seis meses, un grupo de obispos de Indonesia
oriental apeló al Vaticano para que éste planteara el tema
de los sacerdotes casados. Especialmente en Papúa, "las condiciones
culturales dificultan mucho conseguir sacerdotes católicos célibes
tradicionales," dice el Padre Franz Magnis Suseno, de Djakarta, dando
a entender que para los hombres de esa región, el celibato es una
opción inimaginable.
Los sacerdotes católicos en su momento fueron casados. El celibato
fue el estado preferido para los sacerdotes a partir más o menos
del siglo IV, pero "recién en el Cuarto Concilio de Letrán,
en 1215, la iglesia finalmente dictaminó que 'el Celibato es la
norma. Punto," explica Noble, de Notre Dame. Las iglesias del rito
oriental permiten que su clero se case; por supuesto, en Estados Unidos,
la Iglesia Católica ha permitido incluso que un pequeño
grupo de sacerdotes casados -- en su mayoría anglicanos convertidos
al catolicismo -- ingresara a sus filas.
Kate Caballero, una mujer de 62 hijos nacida en Tampa, Florida y madre
de 10 hijos, piensa que el sacerdocio "es realmente una vocación
a la que hay que dedicarle la vida," y agrega, "y yo personalmente
no creo que deje espacio para otras cosas. (Pero) es probable que tenga
que (permitir sacerdotes casados) si la iglesia quiere seguir adelante,
y por supuesto debe seguir adelante." Mientras tanto, en Estados
Unidos por lo menos, son las mujeres las que dirigen el espectáculo.
Ocupan 82% de todos los empleos de tiempo completo y parcial en las parroquias
del país, muchas veces en funciones de poder y decisión;
sus promotores dicen que el nuevo papa deberá imaginar cómo
reconocer a estas mujeres, o correr el riesgo de perder la savia de la
iglesia.
En América Latina y, hasta cierto punto, en Estados Unidos, los
católicos conservadores están volviendo a incrementar sus
filas con sacerdotes provenientes de seminarios como el Opus Dei y los
Legionarios de Cristo. Este último grupo, que se considera una
suerte de Cuerpo de marines evangelizador para el papa, dice que el número
de sus sacerdotes y seminaristas en todo el mundo se ha triplicado desde
1980 a 3 mil. "Somos el modelo del éxito y el reclutamiento,"
dice Jay Dunlap, vocera del grupo. "Somos un ejemplo de lo que entusiasma
a los jóvenes en la vocación sacerdotal -- abrazar plenamente
las enseñanzas de la iglesia y un verdadero amor por el Santo Padre."
Desafío 3:
El Islam
Juan Pablo II fue el primero en salir, pero es posible que el
próximo papa tenga que ir más lejos.
Juan Pablo II fue elogiado muchas veces por su acercamiento al Judaísmo,
pero también llegó a los musulmanes. Se opuso a la Guerra
de Irak y viajó mucho por el mundo islámico, donde mostró
especial preocupación por las minorías católicas.
Fue a Nigeria, donde existen divisiones amargas y violentas, y a Sudán,
donde había una Guerra Civil abierta. En Asia Central musulmana
viajó incluso a Azerbaijan. "El número real de católicos
allí era 21," dice el Padre Justo Lacunza-Balda, director
del Instituto Pontificio para Estudios Árabes e Islámicos
en Roma. "Habría sido más fácil y más
barato traerlos a Roma y alojarlos en un buen hotel por un mes."
Juan Pablo II dio prioridad al diálogo entre credos, pero su sucesor
necesita ampliar e intensificar esos intercambios, dice Diana Eck, profesora
de religiones comparadas en Harvard. "Avanzó mucho más
con el pueblo judío que con los musulmanes," dice. "Y
mucho más con el diálogo abrahámico que con los budistas
o los hindúes."
Las relaciones entre la Iglesia católica y las iglesias ortodoxas
orientales siguen siendo tensas, una realidad dolorosa para los seguidores
que comparten tanta cultura y tanta historia. Alcanzar un verdadero entendimiento
inter-religioso no será fácil tampoco, sobre todo desde
la publicación, hace cinco años de "Dominus Jesus,"
el documento del Cardenal Ratzinger que proclama a la Iglesia católica
como "la única, verdadera iglesia de Jesucristo." Escrito
para aplacar el enojo de los miembros de la iglesia con el pluralismo
tan popular en la cultura secular, también pone al nuevo papa en
un lugar difícil, diplomáticamente.
El Vaticano ansía evitar un enfrentamiento generalizado entre
el Islam y el Occidente cristiano; no obstante, el próximo papa
tendrá que abordar el problema del Islam no sólo en lo que
ha sido considerado territorio musulmán, sino en el corazón
de Europa, donde los inmigrantes musulmanes y sus descendientes ahora
forman una nueva fuerza religiosa y social que la iglesia nunca antes
había tenido que enfrentar. Y tendrá que encontrar gente
que pueda cambiar algo en lo que a menudo son comunidades complejas sin
un liderazgo muy claro o creíble. "No sirve de nada decir
'Seamos buenos unos con otros," y eso es todo," dice Lacunza-Balda.
"El tiempo para eso ya pasó."
Desafío 4:
'Colegialidad'
El próximo papa no tomará medidas radicales.
Pero puede dar más autonomía a los obispos.
Gran parte del fuerte atractivo de Juan Pablo II provenía de su
estilo comprometido, de su impulso a conectarse con otros, su capacidad
para llegar a todos los rincones dispares de su iglesia -- hablar sus
idiomas, besar a sus niños. Era alguien que tenía una visión
de conjunto, dice el Padre Richard John Neuhaus, conservador norteamericano,
jefe de redacción de la revista First Things. "Toda su atención
estaba centrada en la iglesia y en el mundo." Su mayor debilidad,
dicen los obispos en privado, era que delegaba los manejos cotidianos
de la iglesia a la Curia, y la Curia, a veces, manejaba las cuestiones
con poca delicadeza en el mejor de los casos. Esto tuvo un efecto de alejamiento.
Este año, los obispos indonesios fueron amonestados por experimentar
con la misa. En vez de ubicar al sacerdote en un altar frente a la congregación,
todos, incluido el sacerdote, se sentaron en círculo, donde cantaron
y rezaron juntos. El Vaticano los hizo parar. "Lo lamentamos un poco
y nos decepcionó no poder seguir con nuestro experimento anterior
que pareció ser tan bueno para la gente," dice el Padre Alex
Wijoyo, secretario ejecutivo para la comisión de comunicación
social en la Conferencia de Obispos de Indonesia. La forma en que Roma
manejó el escándalo sexual estadounidense -- una palmada
en la muñeca y un puesto en el Vaticano para el Cardenal Bernard
Law -- es mencionada con frecuencia como un ejemplo de que la iglesia
no escucha a sus sacerdotes ni a su gente. Las voces que piden una "colegialidad"
quieren que el próximo papa haga mejor las cosas.
En el núcleo de este debate burocrático hay una tensión
mucho más grande y de larga data -- entre la reforma por un lado
y la ortodoxia por el otro, y es ése el mayor desafío que
enfrentará el nuevo papa. Nadie piensa que la iglesia va a revisar
sus posiciones en temas esenciales como el aborto, la homosexualidad o
la pena de muerte. Pero algunos obispos piden a gritos más autonomía
y quieren un diálogo más sólido. Las voces conservadoras
dentro de la iglesia ansían resolución y unidad.
"Las fuerzas centrífugas son tan, tan fuertes que cada vez
es más importante, espero, que la Iglesia católica siga
siendo católica, lo que significa universal," dice Neuhaus.
"El centro debe resistir, y el centro es Roma." En la semana
que pasó, los católicos del mundo rezaron y lloraron por
su Santo Padre con una sola voz. Como siervo de todos los siervos, el
próximo Obispo de Roma, sea quien sea, tendrá que encontrar
suficiente espacio en su corazón para abarcar a todas las facciones,
y de alguna manera armonizar esos deseos en conflicto con la voluntad
de Dios.
Artículo con la colaboración de: Edward Pentin en
Roma; Eric Unmacht en Indonesia; Karen MacGregor en Sudáfrica;
Mac Margolis en Brasil; Ron Moreau en India; Joseph Contreras en Miami;
Pat Wingert en Washington, D.C., y Julie Scelfo, Peg Tyre, Susannah Meadows
y Sarah Childress en Nueva York
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