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Gracias a la hija de una amiga, y a sus ires y venires infantiles, tanto
para bañarse, como para vestirse o dormirse (de lograrse, verdaderas
proezas maternales), he descubierto hace apenas dos o tres días
que uno de los remedios más efectivos para calmar el ímpetu
de quienes tienen poco de andar por el mundo ha dado lugar a uno de los
salvadoreñismos más entrañables: me refiero a pacha.
Según el Diccionario de la lengua española
(2001), de la Real Academia Española, pacha es un vocablo
de género femenino con dos acepciones. La primera, compartida por
salvadoreños y nicaragüenses, es sinónimo de biberón,
el utensilio para la lactancia artificial que consiste en una botella
pequeña de cristal, porcelana u otra materia, con un pezón,
generalmente de goma elástica, para la succión de la leche
y que también puede referirse a la leche que contiene este
frasco y que toma el niño cada vez; la segunda, propia de
salvadoreños, hondureños y nicaragüenses, alude a la
botella pequeña y aplanada que se usa corrientemente para
llevar licor.
No es difícil imaginar la relación entre las dos acepciones
de pacha, como tampoco su etimología (del nahua
patzoa, magullar, aplastar), pues si bien aquí
nos interesa principalmente su sinonimia con biberón
(Hijo, dale la pacha al niño), no podemos obviar la succión
continuada de la otra pacha (Escondele la pacha a tu tata,
hijo), que también se abraza cual si del regazo materno se tratara.
Freudianos aparte, lo cierto es que sin la una o sin la otra no hay consolación
posible.
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