¿Tienen responsabilidades sociales los empresarios? ¿Puede la empresa privada ser un agente de cambio en su entorno?
Hablamos del campo de la responsabilidad social empresarial (RSE), la nueva manera de pensar estratégica dentro del mundo corporativo, el cual presenta un amplio espectro de teorías y de enfoques para dar a conocer lo que, en mi opinión, es capaz de realizar el “Gigante Dormido” de la sociedad: la empresa privada organizada. Hay que reconocer el poder subyacente que tienen los emprendedores de todos los tamaños (empresas pequeñas, medianas y grandes) de mejorar la sociedad si se lo proponen desde una plataforma organizada, y principalmente desde el respeto a la iniciativa y responsabilidad empresarial. Vale la pena entender que es la RSE, que conlleva profundizar en el conocimiento de la realidad, la ética y la relación entre sociedad y empresa.
En este reto se encuentran por un lado FUNDEMAS, líder en iniciar esta corriente en la región, que acaba de celebrar un evento dirigido a estandarizar las prácticas de RSE, llegando a concretarla en siete áreas: gobernabilidad y accionistas; comunidad; público interno; medio ambiente; mercadeo; política pública y gobierno; proveedores. Por el otro, la Iglesia católica desde hace 100 años aporta al tema con la Doctrina Social.
En Europa, el IESE publicó el artículo “Responsabilidad social corporativa: un mapa del territorio”, en el que los autores Elizabeth Garriga y profesor Domènec Melé intentan clasificar las teorías y los enfoques de la RSE resumiendo cuatro dimensiones según se relacionen con los beneficios, la actuación política, las demandas sociales y los valores éticos. Los autores clasifican cuatro grupos: 1) Teorías instrumentales. 2) Teorías políticas. 3) Teorías integradoras. 4) Teorías Éticas.
1) Teorías instrumentales. La empresa es vista exclusivamente como un instrumento para la creación de riqueza y sus actividades sociales como un medio para alcanzar resultados económicos. En este grupo de teorías se incluyen: la maximización del valor para el accionista como criterio supremo para evaluar las actividades sociales corporativas. Presenta tres enfoques: a) Inversiones sociales en un contexto competitivo. Los defensores de este enfoque sostienen que la inversión en actividades filantrópicas puede ser útil para mejorar el contexto de ventaja competitiva de una firma ya que normalmente crea un valor social mayor del que pueden crear los donantes individuales o el gobierno. b) Una perspectiva basada en los recursos naturales. Este enfoque mantiene que la capacidad de una empresa para lograr mejores resultados que sus competidores depende de la interacción de recursos humanos, organizativos y físicos a lo largo del tiempo. c) La innovación y el “marketing con causa”, cuyo objetivo principal es aumentar las ventas e ingresos de la empresa o la relación con los clientes creando una imagen de marca mediante la adquisición o la asociación con la dimensión ética o la dimensión de responsabilidad social.
2) Teorías políticas, que hacen referencia al poder de las empresas en la sociedad y un ejercicio responsable de dicho poder en el escenario político.
Entre las más importantes, Garriga y Melé mencionan: a) El constitucionalismo corporativo, basado en la idea de que la empresa es una institución social y debe ejercer el poder de forma responsable, sujeta a la “ecuación de poder social” (“las responsabilidades sociales de los empresarios derivan del poder social que tienen”) y la “ley de hierro de la responsabilidad” (“quien no ejerza su poder social con responsabilidad lo perderá”). Introduce el concepto de “ciudadanía corporativa”, que significa tener una visión con respecto a la comunidad local, asociaciones civiles y eclesiásticas y preocupación por el medio ambiente.