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Juego de presiones
El cónclave

Ernesto Rivas Gallont
opinion@laprensa.com.sv

Colaborador de
LA PRENSA GRÁFICA

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Mañana, lunes 18 de abril, a las 4:30 p. m., hora de Roma, 8:30 a. m., hora nuestra, se inicia el cónclave que habrá de elegir al sucesor de Juan Pablo II, el Grande. Menuda tarea.

Los 115 cardenales electores integrarán el grupo más diverso en la historia de los cónclaves. Sus edades van desde 52 años, Meter Erdt, primado de Hungría, hasta 79 años, Alejandro do Nascimento, arzobispo emérito de Luanda, Angola. La edad promedio es de 66 años. Un 11 por ciento son norteamericanos; 19 por ciento, latinoamericanos; 50 por ciento, europeos; 10 por ciento de África; y 11 por ciento de Asia y Oceanía.

En este cónclave, el legado de Juan Pablo reverberará por todos los rincones de la Capilla Sixtina; después de todo, todos los cardenales electores, menos dos, fueron elevados al cargo por Juan Pablo. Por el trabajo hecho por Juan Pablo y la influencia que ejerció en asuntos universales, el cónclave no solamente elegirá al líder de la Iglesia, sino a un Papa para todo el mundo. George Weigle, biógrafo del Papa, cita a un ateo quien le dijo: “En 1978, me importaba un bledo quién resultara electo Papa. Esta vez la elección tiene un significado personal”.

El cónclave tendrá que enfrentar dos corrientes de pensamiento; por un lado, hay cardenales que querrán mayor abertura hacia el resto del mundo, los modernizadores; por el otro, hay quienes quieren a un nuevo Papa un tanto más concentrado en el funcionamiento mismo del Vaticano, los tradicionalistas. Ninguno de estos movimientos tiene mayoría, lo que significa que se tendrá que construir alianzas.

Si los modernizadores no logran el respaldo necesario para elegir a un Papa latinoamericano o africano y los tradicionalistas no consiguen apoyo para un cardenal italiano, puede surgir un candidato de compromiso, un “transitorio”, que si bien no satisfaga totalmente a nadie, podría convenir a todos.

En realidad, el próximo Papa será alguien que continúe, en cierto sentido, todo lo bueno que Juan Pablo inició, que, a la vez, esté abierto al cambio y que sea capaz de enfrentar los enormes retos con inteligencia y valentía. La Iglesia está en una evolución y revolución completa y el nuevo Papa tendrá que adaptarse a ello.

Arinze, de Nigeria; Martini y Tettamanzi, de Italia; Lustiger, de Francia; Rodríguez Maradiaga, de Honduras; Ratzinger, de Alemania; Hummes, de Brasil; y Bergoglio, de Argentina; son los nombres que más suenan. Es probable que uno de ellos resulte electo y, en lo personal, me inclino a creer que los tradicionalistas saldrán victoriosos, lo que podría significar que el próximo Papa sea Martini o Tettamanzi.

Si los cardenales consideran que una mejor opción sería la de nombrar a un Papa “provisional”, quien pueda manejar los asuntos de la Iglesia durante un período de transición, entonces Ratzinger (de 78 años) puede ser el escogido. En cambio, si buscan a alguien para que confronte con valentía los desafíos que la Iglesia enfrenta, la opción implica a una persona más joven. Tettamanzi, por ejemplo.

Quizá, la mayor interrogante es si el cónclave volverá a la tradición y elegirá a un Papa italiano de enorme prestigio. Antes de la elección de Juan Pablo II en 1978, Italia había mantenido el papado por más de 450 años. Si esto ocurre, el jesuita Carlo María Martini, arzobispo emérito de Milán, surge como el más factible. En los últimos años, el número de cardenales italianos se ha reducido considerablemente. Actualmente, ellos son el 17 por ciento de los electores, cuando en 1939 eran más del 50 por ciento del cónclave.

Los cardenales, sin duda, recordarán que Juan XXIII (1958-1963) fue elegido con lo de “provisional” en mente y que, probablemente, presidiría un pontificado sin mayor relevancia. Resultó que el Buen Papa convocó el Concilio Vaticano Segundo, que dio inicio al período más turbulento de la Iglesia católica, desde la Reforma.

Los cardenales se preguntarán si el Papa deberá ser “romano” o no —es decir, si debe tener estrechas relaciones con la curia romana. En los últimos 180 años, solamente un Papa estaba prestando servicios en la Curia inmediatamente antes de su elección— y ese, Pío XII, fue elegido bajo circunstancias extraordinarias, cuando Europa se encaminaba hacia la Segunda Guerra Mundial y los cardenales buscaron a un prelado versado con la diplomacia del Vaticano. Por otro lado, Juan XXIII y Pablo VI tenían larga experiencia en la diplomacia vaticana, antes de ser nombrados arzobispos de Venecia y Milán, respectivamente, y ser elegidos desde esas posiciones al papado.

Aunque improbable, no podemos descartar que el nuevo pontífice venga del mundo en desarrollo y si este es el caso, Arinze, de Nigeria, y Hummes, de Brasil, son los predilectos.

No hay un “favorito” bien definido y es imposible predecir el resultado de la elección. Puede ser que el alto número de electores haga que lograr un consenso sea difícil y la elección tenga que ser hecha por una mayoría simple, después de las primeras 24 votaciones.



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