Desde ayer por la mañana, Tilín Tilón, la feria de los cipotes, recibió a cientos de salvadoreños que deseaban pasar un rato ameno entre ruedas mecánicas y juegos inflables. La Tía Bubu junto al payaso Cocolito fueron los primeros en ponerle un toque cómico a la fiesta, sin olvidar nunca el verdadero motivo de esta: que los asistentes aportaran su “granito de arena” a la Fundación Sana mi Corazón, que lucha por mejorar la calidad de vida de los niños que poseen algún tipo de malformación en su corazón, y que por los escasos recursos económicos de su familia no tienen acceso a un tratamiento adecuado.
“Vamos todos a donar porque queremos operar muchos corazoncitos”, coreaba la Tía Bubu.
De hecho, según Ana Carbo-nell, directora de la junta directiva de la fundación, con Tilín Tilón se busca recoger fondos para realizar 10 operaciones de cateterismo cardíaco a quienes lo necesiten. “Cada una de estas operaciones cuesta 10 mil dólares”, añadió.
Infantes beneficiados
La fundación trabaja de la mano con el Hospital de Niños Benjamín Bloom. Allí, los chicos que consultan debido a problemas cardíacos son evaluados y dependiendo del tratamiento que necesiten son intervenidos con cateterismo gracias a la fundación o con una cirugía cardiovascular por parte del hospital. Gracias a este esfuerzo, 200 niños son intervenidos al año.
Eunice Sánchez, una niña de casi dos años, es testimonio de ello. “Recién nacida la diagnosticaron con soplo grado III; por eso, ella mostraba cansancio, complicaciones en las vías respiratorias”, recordó Flor Reyes, madre de la niña. El 28 de abril de 2004, esta historia dio un giro radical. La pequeña fue sometida a un procedimiento de cateterismo que corrigió el problema. “Desde la primera hora después de la anestesia se le vio el cambio. Ella gritaba con más fuerza, estaba más activa en sus movimientos. Ahora corre y canta bien fuerte”, aseguró Flor.
Proyectos futuros
“Pero operar a 200 niños anuales no ha solucionado el problema: se necesita ayudar a cerca de 400 ó 500 niños al año”, afirmó Víctor Palma, director ejecutivo de la fundación. Pensando en esta meta, la fundación gestionó la ayuda de la ONG Heart Care International, que a finales de este año se presentará al país para realizar jornadas para sanar corazones.
“Habrá jornadas completas de tratamiento y postratamiento. La ONG no se retirará del país hasta que el último niño operado se haya recuperado”, explicó Palma, quien añadió: “Esta ONG hará dos jornadas por año, durante cinco años. Eso significa que llegaremos a atender a 300 niños para 2006, entre Sana mi Corazón, el Hospital de Niños Benjamín Bloom y Heart Care International”.
Con este trabajo, seguirán dando oportunidades de vida a los niños enfermos del corazón.
“Yo tengo la esperanza que mi nieta se recupere de la persistencia del conducto arterioso que tiene. Con la ayuda de la fundación, confío en que Brenda va a quedar normal”, dijo Petronila de Alonso, un día antes que operaran a su nietecita de ocho años de edad.