Para evitar futuras frustraciones, lo mejor es hablar de salario durante la entrevista de trabajo. Para esto, debes tomar en cuenta varios puntos que te ayudarán a conseguirlo.
Antonio, un costarricense residente de la ciudad de Miami, se encontraba hace ocho meses frente a la oportunidad de conseguir el trabajo de sus sueños. Sin embargo, los nervios por la entrevista laboral, sumados a las ganas que tenía de formar parte de esa compañía, le impidieron negociar un mejor salario, cuando tuvo tiempo para hacerlo.
Antonio obtuvo el trabajo pero no ingresó a la empresa ganando el dinero que él consideraba debía recibir por la tarea que le tocaría desempeñar.
Este caso no es el primero ni el único; es un problema tan común y que pasa a menudo en muchas empresas alrededor del mundo. Muchas veces suele pasar por temor a ser rechazado; pero la entrevista de trabajo, cuando se sabe que ha sido elegido, es el momento más indicado para hablar del sueldo justo.
“Me dejé llevar por lo que decía el entrevistador y no negocié el salario que realmente me merecía para la tarea que tenía que cumplir”, explica Antonio, quien actualmente está trabajando en una conocida empresa de construcciones y desarrollo en la ciudad de Miami, pero que prefiere no nombrar.
“Es natural: el empleador buscaba contratarme pagando el menor salario razonable posible, mientras que yo buscaba obtener el salario más alto. Al final, ganó el empleador porque yo pensé que de todas forma podría negociar un mejor salario una vez estando dentro de la compañía”, explicó Antonio.
Sin embargo, la idea de lograr un aumento salarial en el corto plazo, una vez se ingresa a la compañía, no es necesariamente la más acertada.
El momento justo
“El mejor momento para negociar lo que se quiere ganar es durante la entrevista laboral. Allí el empleador y el futuro empleado ponen las cartas sobre la mesa y buscan un equilibrio. Hay que tomar en cuenta que apenas unos mil dólares más al año pueden representar unos 15 ó 30 mil durante la vida laboral del empleado. Y eso sí que hace una diferencia en cualquier bolsillo”, asegura el experto en recursos humanos, Humberto Contreras.
Pero, ¿qué es lo que hay que tener en cuenta a la hora de negociar un mejor salario? ¿Cuáles son los pasos a seguir para que no te suceda lo mismo que a Antonio?
Según Contreras, existen algunos trucos o “tips” que puedes utilizar para mejorar tu paga inicial y, al mismo tiempo, demostrarle a tus futuros empleadores tus cualidades de negociante.
Evita los fraudes de empleo
Cuando de buscar trabajo se trata, se debe estar alerta sobre varios esquemas fraudulentos que van desde promesas falsas hasta el cobro de tarifas por servicios ineficientes.
Las páginas de clasificados y anuncios de empleos de los periódicos son muy consultados por los buscadores de trabajo.
Sin embargo, las personas deben estar conscientes de que a pesar del prestigio que estos medios suelen tener no significa que todos los anuncios que publican promueven productos legítimos.
De hecho, la mayoría de los medios impresos advierten que no se responsabilizan con todo el contenido de su publicación, lo que es particularmente válido para los anuncios y clasificados.
Por ejemplo, cuando se responde a anuncios que dicen muy poco sobre qué se espera de los aspirantes o qué tipo de trabajo realizarían.
Internet, cómplice
Otra advertencia es tener mucho cuidado respecto a la información personal que se pone en portales de empleo en internet.
Algunas personas inescrupulosas “pescan” datos personales de contacto, como el teléfono de los aspirantes a empleo.
Luego, los llaman y, mientras se hace pasar por potencial empleador al ofrecer trabajo, dice que necesita conocer detalles del buscador de empleo para poder hacer un chequeo de rutina de su récord.
El timador puede preguntar el número de seguro social o el apellido de la madre, o incluso puede pedirle que cree un número de contraseña para acceder a un supuesto portal especial.
Como muchas personas reutilizan sus contraseñas, esto puede hacer más fácil al ladrón tener acceso a cuentas bancarias o hacerse pasar por la víctima para efectuar un fraude.
Actualmente, abundan numerosos tipos de ofertas que llegan a los consumidores a través de “e-mail”, correo y otros medios, en que se prometen rápidas y abultadas ganancias monetarias casi sin esfuerzo.
Muchas de ellas funcionan como gancho para atraer la atención de los buscadores de empleo, pero en realidad buscan vender productos.
En muchos casos, especialmente “ofertas de empleo” por “e-mail”, lo que se busca es que el “candidato” pinche un enlace donde tiene que poner sus datos personales para poder recibir un supuesto “paquete de introducción” al trabajo.
La clave para evitar ser víctimas de fraude es no dar información personal sensible a ninguna fuente de oferta de trabajo de la que no se esté seguro de su legitimidad.
Cuando se tenga duda acerca de una empresa que pone un anuncio, se recomienda consultar en oficinas locales de asuntos del consumidor sobre su legitimidad.
No quiero ser “el jefe”
Muchos profesionales rechazan puestos gerenciales y optan por una vida más tranquila y por trabajos con salarios menores y con menos responsabilidades.
Después de más de 20 años trabajando como maestra en un centro de educación secundaria, Miriam Morales recibió una oferta que muy pocos podrían rechazar: en bandeja de plata estaba
el cargo de supervisora de idiomas de todo el sistema de enseñanza, con todo lo que esta posición implicaba en términos de responsabilidades, salario y “poderío”. Su reacción sorprendió a todos aquellos que no la conocían.
“Lo rechacé. Desde que entré por primera vez en un aula, supe que esa era mi vocación. Jamás se me hubiera ocurrido presentarme a un puesto en las oficinas del distrito. Por nada del mundo hubiera cambiado el aula por un puesto administrativo. Por nada del mundo hubiera cambiado la oportunidad de enseñar y formar a jóvenes por trabajar con burócratas. Me gusta impartir en el aula y lo hago con pasión, amor y alegría”, afirma.
Rechazo a los altos cargos
Pero Miriam no está sola. Son muchos los profesionales que rechazan promociones a altos cargos de responsabilidad o que dejan estos cargos después de un tiempo.
A esta nueva tendencia han contribuido la crisis económica y la tragedia de las Torres Gemelas. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 y las consecuencias económicas que se derivaron del ataque llevaron a muchos profesionales a plantearse su vida, sus prioridades, a poner en una balanza el tiempo dedicado a su trabajo y a su familia. Muchos optaron por una vida más tranquila, por trabajos con salarios menores.
Es el caso de Yulisa, quien después de 10 años trabajando en un centro geriátrico a cargo de todos los temas de seguro médico, decidió trabajar en una oficina, haciendo tareas con mucha menos responsabilidad, por la oportunidad que le brindaba este puesto de pasar más horas con su bebé.
A estas razones hay que sumar las meramente vocacionales. Es el caso de Miriam, que prefiere el contacto con el aula, o el caso del vendedor que prefiere la visita al cliente en lugar de un cargo gerencial “más de oficina”.
Cambio de prioridades
De repente parece que la figura del profesional ambicioso y sediento de poder y dinero, ha dejado a paso a un profesional más amable, con otras prioridades en su vida.
Este fenómeno ha dado lugar también a una gran masa de empleados sobrecalificados que optan por posiciones “menores” que las que les corresponderían teóricamente. Para ellos, la posición dentro de la empresa y la compensación no lo son todo. Prefieren realizar un trabajo más satisfactorio, que pague menos y donde no tengan tantas responsabilidades.
Para los negocios esto también plantea un dilema: ¿deben contratar a este tipo trabajadores?
El peligro de contratar a individuos sobrecalificados es el aburrimiento. Tanto tener demasiado trabajo como tener insuficiente trabajo es algo problemático. Una de las claves de la productividad es contratar a personas que encajen en el puesto.
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