Actrices, modelos, atletas: las relaciones atribuidas al príncipe Alberto II, diversas y efímeras, alimentaron especulaciones de matrimonio, hasta ahora frustradas.
“Recibo cada semana una candidatura espontánea. El expediente es grandísimo”, dijo a la revista Paris-Match en 1998. Siete años más tarde, ninguna conquista pasó de los primeros tanteos y el nuevo soberano, de 47 años, no parece deseoso de casarse por el momento.
“No hay edad para el matrimonio”, dijo en 2002, contradiciendo el mandato de su padre, quien le pedía que garantizara la línea hereditaria.
La falta de decisión de su heredero condujo a Rainiero a poner una condición a su sucesor en 2000: “Antes que todo deseo que pueda tener hijos, porque eso es esencial para la vida del Principado”.
Los deseos del soberano estuvieron a punto de cumplirse cuando se le atribuyó a Alberto una relación con la modelo Tasha de Vasconcellos Mota e Cunha. Demasiado rápido: el Palacio denunció los que dio en llamar “rumores carentes de todo fundamento”.
Naomi Campbell, Claudia Schiffer, Brooke Shields, Angie Everhart, Alicia Warlick... La lista de presuntas relaciones de Alberto es tan larga como la de Don Juan, pero sigue sin verificar, pues el príncipe, que es espiado por los medios de comunicación tanto como sus hermanas, nunca ha dado de qué hablar. A veces se presta a la entrevista íntima sin darse del todo. Falso cándido, afirmó a Paris-Match: “Pienso que soy para algunas mujeres una especie de objetivo...”.
Alberto, a quien se consideraba pronto a cumplir las órdenes paternas, siguió firme: “Escogeré a mi mujer según mi corazón y no según la razón de Estado”, afirma con frecuencia. Esa posición le es muy cómoda, pues la revisión de la Constitución monegasca en 2002 impide a Mónaco caer en las manos de Francia: si Alberto muriera sin heredero, la corona iría a manos de su hermana mayor, Carolina de Hannover. “No tiene ninguna prisa por casarse, aunque es probable que lo haga de aquí a dos años”, reveló el periodista Stephane Bern. La explicación de soltería tan prolongada habría que buscarla del lado de Freud: “Vive un poco a la sombra de tres mujeres excepcionales: su difunta madre la princesa Grace y sus dos hermanas”, agrega Bern. “Mi esposa no solo desempeñará un papel de adorno”, dijo una vez a una revista femenina. Alberto podría sorprender y volver a reeditar la fabulosa “jugada” del príncipe Rainiero con Grace: un matrimonio de amor que beneficie también económicamente a Mónaco.