Se trata de cerca de 50 piezas proporcionadas por la Fundación Ortiz Gurdián (Nicaragua) y que serán expuestas por primera vez en una nación de Centroamérica, según Rodolfo Molina, encargado de la muestra.
La exhibición de las obras, que estará abierta al público desde este viernes 29, efectúa un breve pero revelador recorrido por la vida de Rembrandt.
La muestra también cuenta con el patrocinio del Banco Promerica, mismo que apoya la realización de eventos culturales como la Bienal de Artes Visuales salvadoreña y del istmo centroamericano.
“Estamos complacidos en apoyar este tipo de actividades para fomentar el desarrollo cultural del país”, comenta Adda Espinal, gerente de mercadeo del banco, al tiempo que adelanta que la próxima bienal del istmo centroamericano (2006) tendrá como sede a nuestro país.
Grabando la historia
En esta ocasión, según Molina, el visitante del museo podrá presenciar las temáticas que este artista exploró y retrató.
Entre ellas podemos encontrar obras memorables como las de “Escenas bíblicas”, de las cuales destaca la sublimidad de “Descendimiento de la cruz” (1651) o la gracia de la simplicidad cotidiana, magnificada por Rembrandt en su obra “Paisaje”.
Entre otros temas, también hizo grabados sobre “Retratos”, “Autorretratos”, “Escenas de género”, “Estudios de desnudos”, “Paisajes” y “Bustos”.
Un tal Rembrandt
La genialidad de Rembrandt estuvo acompañada por momentos de gracia, así como de tragedia. Este artista de origen holandés nació en Leyden, centro textil de los Países Bajos, el 15 de julio de 1606.
Fue parte de una familia de clase media, por lo que tuvo la oportunidad de asistir a la escuela desde los siete años.
Ingresó a la Universidad de Leyden, pero su vocación como artista lo superó desde temprana edad.
En 1624 entró al taller de Pieter Lastman, en Leyden, y posteriormente se trasladó a Amsterdam, donde comenzó a recibir importantes encargos, entre ellos, “La lección de anatomía”.
En Amsterdam conoció a Saskya Uyleburgh, con quien se casó en 1634.
Ella pertenecía a la alta burguesía de Amsterdam, y aportó una buena dote a su matrimonio. Esto, sumado a los buenos ingresos que Rembrandt obtenía, les permitió llevar una vida muy holgada.
Sin embargo, a partir de 1640, los malos negocios de Rembrandt, la muerte de su madre y la de su amada Saskya en 1642 cambiaron su vida y su carrera artística.
La sociedad puritana no le perdonó su matrimonio con la menor Hendrickje Stoffels, quien cuidaba de su hijo Titus al morir su esposa y con quien contraería nupcias luego.
Esto le hizo perder popularidad e incidió en una drástica reducción de encargos.
En 1662, Rembrandt se vio obligado a declararse en quiebra, pero logró salvar la herencia de su hijo Titus.
La mala suerte siguió asediándolo cuando en 1662 murió Hendrickje, y en 1668, su hijo Titus.
Solo y en la miseria, Rembrandt murió el 4 de octubre de 1669.