Portada
 
  Lo del día
  Nación
  Gran San Salvador
  Mundo
  Departamento 15
  Economía
  Departamentos
  Opinión Editorial
  Deporte
  Fútbol Nacional
  Cultura
  Vivir
  Fama
  Extremo
  LPG Datos
  Especiales
  Especiales
  Zona Multimedia
  Archivo
 
  Enfoques
  Dominical
  La Tribuna
  El Heraldo
  El Economista
 


Regresar a Cultura
Los crucificados salvan

Francisco Andrés Escobar
cultura@laprensa.com.sv

Columnista de
LA PRENSA GRÁFICA

Imprimir esta nota Enviar esta nota Opinar sobre este tema


Cuando, finalizado el cónclave, el protodiácono anunció que había Papa y pronunció el nombre de Joseph Ratzinger, el mundo católico tuvo un doble estremecimiento. “¡¡Es, justo, lo que necesitábamos!!”, dijeron unos. “¡¡¡Esto va de mal en peor!!!”, expresaron otros.

Y las euforias y las depresiones se multiplicaron “urbi et orbi”, mientras avanzaba la “mise en scene” de la entronización del nuevo pontífice. Entre tanto, por boca de otro cardenal se sabía que ningún purpurado latinoamericano recibió votos durante la elección secretísima.

Ahora, Ratzinger ya no es Ratzinger. Ahora es Benedicto XVI. De prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal alemán se ha convertido en el líder planetario de varios millones de católicos. Cada una de sus palabras y gestos son registrados, y luego interpretados y reinterpretados, hasta originar variopintas hipótesis sobre lo que será su ministerio petrino. Las especulaciones abundan. Asumiendo aquellas palabras de un ilustre filósofo martirizado en El Salvador, Benedicto XVI quizás bien pudiera exclamar: “¡El Papa no dice lo que dicen que dice!”

Lo que sí ha dicho, y los medios no han destacado de inmediato, es una frase inspirada, profunda y fuerte. Benedicto XVI ha expresado: “... el mundo se salva por el Crucificado, no por los crucificadores”. Más claro, ¡nada!

¿A qué tamaña contundencia teológica? ¿Cómo la asumirá la poderosa élite anglonorteamericana, rectora de los destinos geopolíticos del planeta y crucificadora de Jesús en la persona de los pobres, los débiles y las víctimas? ¿Cómo la asumirán las élites locales de los países periféricos? ¿Por qué no la han destacado los medios de comunicación?

Quizás convenga atemperar, al menos por un tiempo, entusiasmos o decepciones, en espera no de sorpresas políticas, pero sí de contundencias morales.

Quizás deba darse a Benedicto XVI, no el beneficio de la duda —que resulta un tanto cínico—, sino el beneficio de la esperanza, que tiene calor más humano y color más cristiano.



Agua Caliente, riqueza entre montañas

   


[ Portada | Nación | Economía | Departamentos | Departamento 15 | Gran San Salvador | Mundo | Deporte]
[ Fútbol Nacional [Opinión Editorial | Cultura | Multimedia | Vivir | Fama | Extremo | LPG Datos |  Especiales]
[ Enfoques | Revista Dominical | La Tribuna | El Heraldo ]

© Derechos Reservados : 1997 - 2005   | Aviso legal |   Escríbanos