Los encargados de la política exterior de Brasil y Estados Unidos hablaban ayer de luchar por la democracia. Pero los acuerdos se vuelven más laboriosos y matizados cuando se trata del régimen del presidente venezolano, Hugo Chávez, considerado por su par estadounidense, George W. Bush, como un elemento desestabilizador de la región.
“Todos queremos una Venezuela libre y totalmente democrática”, dijo la secretaria de Estado de EUA, Condoleezza Rice. Y añadió: “Los problemas entre Estados Unidos y Venezuela no son entre países, son problemas de libertad y democracia”, y que se debe garantizar la “libertad económica” que, según dio a entender, el Gobierno de Chávez restringe.
En contraste, el canciller brasileño, Celso Amorim, insistió en la no intromisión en los asuntos internos de cada país. “Evidentemente sabemos que, como en cualquier otra sociedad, existen problemas, y esos problemas deben ser discutidos por el pueblo venezolano. Lo que podamos hacer para ayudar en el encaminamiento positivo —siempre respetando la soberanía de ese país vecino—, lo haremos”, afirmó.