En el editorial de este prestigioso diario del 22 de abril se formula
una apreciación sobre los últimos acontecimientos acaecidos en el
Ecuador cuyo desenlace fue la destitución del ex presidente Lucio
Gutiérrez por el Congreso Nacional y su reemplazo al aplicar el
mecanismo de sucesión presidencial constitucional, por el vicepresidente,
doctor Alfredo Palacio.
Coincido con la preocupación expresada en esa nota en torno a la
inestabilidad política institucional que ha venido evidenciando
la democracia ecuatoriana debido a múltiples factores y que refleja
en general la misma fragilidad democrática observable, por desgracia,
en varios países latinoamericanos. Creo, sin embargo, que muchos
de esos males tienen su raíz, en ocasiones, en los propios gobiernos
cuando no responden a las aspiraciones legítimas de sus pueblos.
Ese fue el caso de Lucio Gutiérrez y no de una confusa maniobra
ya que fue una decisión sustentada en las leyes, de un proceso legítimo
de sucesión presidencial apoyado por el pueblo ecuatoriano y la
sociedad civil. Con ello se ha mantenido el orden democrático y
se abre la esperanza de que este se fortalezca en un clima de convivencia
pacífica y de atención a las aspiraciones de la ciudadanía.