Portada
 
  Lo del día
  Nación
  Gran San Salvador
  Mundo
  Departamento 15
  Economía
  Departamentos
  Opinión Editorial
  Deporte
  Fútbol Nacional
  Cultura
  Vivir
  Fama
  Extremo
  LPG Datos
  Especiales
  Especiales
  Zona Multimedia
  Archivo
 
  Enfoques
  Dominical
  La Tribuna
  El Heraldo
  El Economista
 


Juego de presiones
Las pasarelas, una solución tres veces “in”

Ivo Príamo Alvarenga
ipalvarenga@telemovil.net

Columnista de
LA PRENSA GRÁFICA

Imprimir esta nota Enviar esta nota Opinar sobre este tema


Incosteables, inútiles, inmorales. En uno de sus excelentes reportajes investigativos, ENFOQUES señalaba la desconsideración contra los peatones, del sistema vial metropolitano. Analizando la “solución” de las pasarelas, a la tendida entre la Terminal de Oriente y el otro lado del bulevar del Ejército, la definía un esqueleto de metal disfuncional, “armatoste inservible e inoportuno”.

Con pocas excepciones, las pasarelas del país encajan en ese concepto, agregándole una característica unificadora, a la que no escapa ninguna; la de ser tan feas como patada en la chimpinilla (en ese momento del día cuando los dolores se deleitan sobremanera al castigarnos) en ayunas.

Las pasarelas coronan, a falta de ciprés, con acero, la tumba donde yace sepultada la belleza en otros tiempos juvenil y alegre, serena y austera o simplemente belleza, de entornos como los del Campo de Marte, la Basílica de Guadalupe y “la Campana”.

Quien atribuya el caos, el bullicio, la suciedad, de esos y similares sitios, a la marcha lamentable pero inevitable del desarrollo urbano, debiera ver, o recordar si ha estado allí, la Plaza de la Concordia de París, donde desembocan las ocho pistas del bulevar de los Campos Elíseos y otras diez o doce anchas avenidas. El tráfico es enorme, rápido, pero ordenado; miles de turistas y ciudadanos circulan sin sobresaltos, sin carreras para salvar la vida.

Entre el Capitolio y el Congreso de Washington, a sus alrededores, en el centro político del mundo, los vehículos transitan lentos, sus motores ronroneando majestuosos, sin humos, ni estrépitos. Los peatones de todas las escalas sociales o gubernamentales, nacionales o extranjeros, caminan tranquilos, sin riesgo de nada que no sea un accidente imprevisto, imprevisible o el desmán de un desaforado diplomático extranjero. En esos y centenares de sitios que podría mencionar. Incluso en ciudades de tráfico indisciplinado como Buenos Aires, Río de Janeiro o Roma, la que hemos estado viendo a diario, no existen pasarelas. A quien propusiera erigirlas, profanando el lugar, le cortarían la cabeza.

Yo viajé “peinándolo” por un país de tamaño parecido al nuestro, Holanda, bordado de amplias carreteras; prácticamente cada calle interurbana es autopista. Cero pasarelas. La gente se mueve en millones de bicicletas, a pie, en automóvil, sin ser asesinada por cafres motorizados.

El secreto está en el respeto al peatón, inculcado mediante educación y penas severísimas a quien lo agreda. El que camina tiene precedencia absoluta sobre el que maneja, obligado a detenerse, a cederle el paso cuando va por una línea zebra o cualquier carril peatonal. “Echarle el carro”, no digamos golpearlo o matarlo en esos canales, son gravísimos delitos.

Nosotros en cambio queremos que la gente cruce las vías por esas zonas, sin imponer drásticos castigos al chofer que las menosprecie. Proponemos el ridículo de multar a los transeúntes que no ven, ni tienen por qué ver, ninguna utilidad en usarlas. Tan expuestos están a ser asesinados en ellas, como en cualquier lugar de la calle.

Ahí está la inmoralidad de las pasarelas. Le están infundiendo a los conductores, de por sí descorteses, la idea de que a quien no las utilice, pueden atropellarlo impunemente. Allí está su inutilidad, resaltada por ENFOQUES. Las personas deben caminar centenares, miles de metros, para en ellas ser “coreadas”, pagar coras a delincuentes y mendicantes, cuando no están derruidas y sucias.

Y suponiendo que sucediese lo contrario; que las pasarelas fuesen estéticas, sirviesen para garantizar al peatón su seguridad, ¿cuántas se necesitarían? Diez mil, cien mil, ¿cuántas? Habría que dedicar medio presupuesto nacional para sufragarlas.



Agua Caliente, riqueza entre montañas

   


[ Portada | Nación | Economía | Departamentos | Departamento 15 | Gran San Salvador | Mundo | Deporte]
[ Fútbol Nacional [Opinión Editorial | Cultura | Multimedia | Vivir | Fama | Extremo | LPG Datos |  Especiales]
[ Enfoques | Revista Dominical | La Tribuna | El Heraldo ]

© Derechos Reservados : 1997 - 2005   | Aviso legal |   Escríbanos