La Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, ha emprendido su primera gira latinoamericana. Como se ha destacado al comentar el itinerario de esta gira, el hecho de que comprenda tres países sudamericanos grandes y un pequeño país centroamericano, el nuestro, genera importantes lecturas interpretativas. En términos generales, la impresión que tienen los analistas es que América Latina no está en un nivel muy alto en la agenda de trabajo internacional de la Administración estadounidense, y eso enfatiza aún más los puntos de destino de esta gira.
Poniendo aparte la relación especial de Estados Unidos con México, dada la inmediatez geográfica, con los otros países latinoamericanos los vínculos son cambiantes. La Secretaria Rice estuvo ayer en Brasil, que es un gigante con gran peso en la región; se halla este día en Colombia, cuyo Gobierno tiene un contacto muy estrecho con la Administración Bush; va mañana a Chile, cuya estabilidad y progreso son ejemplares, y donde Rice participará en un encuentro internacional sobre la democracia; y viene pasado mañana a El Salvador, país que, pese a todas las vicisitudes, ha mantenido el apoyo a la coalición liderada por Estados Unidos en Iraq.
Los equilibrios actuales de poder en nuestra región latinoamericana son complejos, y se le hacen difíciles a Estados Unidos, por diferencias de visión ideológica y por los procesos evolutivos mismos en los diversos países del Continente.
Sin embargo, la dinámica regionalizadora actual hace que Estados Unidos necesite trabajar cada vez más en la ruta de la integración. Las diferencias ya no pueden desembocar en el aislamiento de nadie. Los tiempos exigen el trabajo en común, y tendrá que avanzarse en esa línea durante esta gira, que es esencialmente política.
Nuestro país en posición privilegiada
Todas las decisiones internacionales importantes tienen sus pros y sus contras. Acompañar a Estados Unidos en la coalición para Iraq fue una apuesta arriesgada; pero una vez que se hizo, había que sostenerla. El hecho de que el Gobierno salvadoreño persistiera en el acompañamiento valió más que la decisión inicial. Estos son movimientos estratégicos, de los cuales se deben obtener siempre resultados aprovechables. En la diplomacia nada es gratuito, y eso hay que tenerlo presente a la hora de ir haciendo cuentas de lo actuado y de lo logrado.
Políticamente nuestro país está ubicado hoy de manera inmejorable frente a la Administración norteamericana. Los gestos de reconocimiento son importantes, pero más tendrían que serlo las acciones de comprensión mutua. Hay que capitalizar los apoyos que el país otorga, sobre todo cuando tienen carácter permanente. En el caso de Estados Unidos, habrá que seguir luchando por asegurar las mejores condiciones posibles para nuestra comunidad que reside allá, así como ir logrando ventajas comerciales cada vez más estimulantes para nuestra economía. Esto no sólo depende de la Administración, pues hay un Congreso muy actuante; pero hacer que prosperen las iniciativas de la Administración a nuestro favor es lo menos que podemos esperar.
Mantener nuestras relaciones con Estados Unidos en el más alto nivel de cooperación es, pues, un esfuerzo que hay que continuar impulsando, sin perder de vista lo que nos conviene como país.