Después de serpentear por más de dos horas entre las montañas y los cerros de la zona norte de Chalatenango, está el caserío El Izotalillo, del cantón El Higueral, en el municipio de San Francisco Morazán.
Durante todo el recorrido de la recóndita vía, los únicos sonidos existentes eran el canto de los pájaros y el golpe de los pinos por el viento.
A lo lejos se miran algunas viviendas. Los ladridos de los perros confirman que la comunidad está cerca.
En un agreste terreno, los pobladores de la comunidad, integrada por 20 familias, han construido sus viviendas de adobe y teja.
A pesar de lo remoto del lugar y la falta de servicios básicos, los pobladores han subsistido por varias generaciones en uno de los lugares más altos de las montañas chalatecas.
El Izotalillo está ubicado a unos 1 mil 800 metros de altura. Para salir del lugar, los pobladores caminan al menos 10 kilómetros por veredas hasta el cantón El Jardín, del municipio de La Palma.
“Cuando alguien se nos enferma, lo subimos a una hamaca, y varios hombres lo cargamos para salir a la carretera Troncal del Norte y poder tomar el bus hacia el hospital. Es duro, pero no tenemos alternativa”, dijo Faustino Chávez, líder comunal.
Aunque esta comunidad pertenece a San Francisco Morazán, el acceso caminando lo hacen los pobladores hacia La Palma.
Hace cinco años fue abierta la calle de acceso vehicular. Pese a ello, el tránsito es reducido debido a lo agreste del terreno entre abismos y farallones que amenazan con derrumbarse.
La comunidad cuenta con energía fotovoltaica (producida a través de los rayos solares) como parte de un proyecto ejecutado por CORDES y UCA hace cinco años.