Agilizar
el proceso de acreditación del Ministerio de Educación y mejorar las condiciones
educativas son algunas de las prioridades de la Escuela para Sordos de Cojutepeque
(Cuscatlán).
A esta asisten 62 alumnos de diferentes municipios del departamento
de Cuscatlán, San Vicente y San Salvador.
Funcionó hasta el año pasado en
las instalaciones de la Escuela de Educación Especial (EEE).
Aunque actualmente
la Escuela para Sordos se ha trasladado a otro local, esta depende administrativamente
de la EEE.
La escuela atiende de parvularia a sexto grado. Pese a que el
Ministerio de Educación (MINED) en su manual de funcionamiento de las escuelas
para sordos determina que en cada grado debe de haber un mínimo de ocho alumnos
y un máximo de 14, la historia en esta escuela es diferente.
El centro educativo
funciona con dos docentes contratados por el MINED y uno por el Patronato Pro
Escuela para Sordos y la Asociación Pro Personas con Discapacidad de Cojutepeque
(APRODISCO).
Los tres docentes atienden a los 62 estudiantes en aulas integradas
en un solo turno.
La falta de profesores ha generado que los alumnos de
cuarto grado únicamente reciban clases tres días a la semana.
“Hemos
tratado de adaptar los horarios para atender a todos los alumnos con el poco personal
que tenemos”, señaló Rosalina García, directora de la Escuela para Sordos.
Una
historia en común
Javier Baltazar González, alumno de la Escuela para
Sordos de Cojutepeque, camina cinco kilómetros todos los días desde el cantón
La Palma.
Le acompaña su abuelo Vicente Palacios.
La extrema pobreza
en la que vive su familia, integrada por su madre, cuatro hermanos y sus abuelos,
no ha sido obstáculo para aprender en la escuela.
Aunque las condiciones
económicas de sus compañeros no son muy diferentes a las de Javier, la solidaridad
ha permitido que el menor tenga sus implementos escolares.
“Mucha
gente caritativa nos ayuda para que los niños puedan tener sus uniformes, los
cuadernos y lo necesario para venir a la escuela”, contó Yasmina de Flores,
una profesora.