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Cualquier excusa es buena para acercarse a la obra del cineasta que abrió,
con gran éxito de público, nuevos e imperecederos caminos
en el cine y que, no obstante, nunca consiguió un Óscar.
Vuelven a la actualidad sus originales formas narrativas de Hitchcock,
su magistral manejo de los resortes del miedo, su particular relación
con los actores y la influencia de sus vivencias y su personalidad en
sus películas.
¿Quién no ha revivido en alguna ocasión la intranquilidad,
la desazón que torna en terror al recordar aquella escena de la
película Psicosis en la que tras la cortina de la ducha
se adivina un inmenso cuchillo? Ambientes de misterio y suspense trufados
con pequeñas dosis de humor y escalofrío que protagonizan
gentes normales que ven, de pronto, sus vidas sacudidas por algo extraordinario
son marca de la casa en Hitchcock.
Biógrafos y escritores buscan nuevos ángulos de su personalidad
para explicar mucha de sus películas, e incluso aparecen lecturas
de su obra como la del escritor y guionista venezolano Boris Izaguirre
quien en El armario secreto de Hitchcock" (Espasa) escudriña
el carácter homosexual de algunas de las escenas de sus películas,
aunque duda de si se trata de una reivindicación del cineasta o
una forma de ver el mundo más allá de la pareja hombre-mujer.
Hitchcock hacía en cada una de sus películas una
reflexión sobre la pareja, era su obsesión y, en el caso
de La soga, investiga sobre esa nueva pareja de jóvenes
varones que se ve en la América que acaba de superar la II Guerra
Mundial", añade el escritor venezolano, afincado en España,
quien señala también escenas de tintes lésbicos en
Rebeca.
Pero Izaguirre está en contra de quienes tachan a Alfred Hitchcock
de misógino, al menos en sus películas: Él
fue un creador de heroínas, inventó la mujer fría
cuando ser fría era un ejemplo al que agarrarse para ser una mujer
independiente. Las mujeres de Hitchcock son activas protagonistas y convierten
al hombre en pasivo. Y eso es lo que dio miedo a la industria machista
de Hollywood que es la que mueve los hilos.
Se reedita también ahora Alfred Hitchcock, la cara oculta
del genio (T&B Editores) de Donald Spoto, una de las biografías
más controvertidas del cineasta, y también, para muchos
críticos, la más completa.
Spoto muestra en su libro a un Hitchcock con una profunda incapacidad
de expresión, ya que dejó muy pocas notas escritas,
tanto personales como de trabajo, y que prefirió expresarse a través
de sus películas.
La biografía hace hincapié sobre la personalidad de un
individuo atormentado y complejo, de tendencias sádicas y talante
ruin, que Daniel Spoto define como un almacén de todo cuanto
de contradictorio hay en la naturaleza humana.
Seré lo que Churchill dijo de Hitler, observaría
el cineasta en sus últimos años, un misterio dentro
de otro misterio.
MIEDO INFANTIL
Nacido en Londres el 13 de agosto de 1899 e hijo de un importante comerciante,
fue educado en un colegio de jesuitas de San Ignacio: el director declaró
estar muy influenciado por esta experiencia.
También relató una anécdota infantil que marcaría
su actividad cinematográfica: como cualquier niño de cinco
o seis años, Hitchcock hacía que su padre, William, se enfadase
continuamente. Un buen día, el padre decidió darle una lección
y le envió a la comisaría de Policía con una nota.
Nunca supo lo que decía aquel papel, pero los policías le
tuvieron encarcelado durante unos minutos como castigo por ser desobediente.
Fueron los peores cinco minutos de mi vida confesó,
pero hicieron nacer en mí una idea fascinante hacia el miedo.
Ese miedo a ser abandonado, a permanecer siempre en soledad, inundó
la mente de Hitchcock. Poco antes de morir, declaró que sus traumas
infantiles no le habían abandonado en ningún momento de
su vida. Le sigo teniendo el mismo miedo a la Policía que
cuando era niño. En mis filmes trato de analizar siempre el asesinato,
la aventura, desde el punto de vista de un ser inocente; es una forma
de sentirme libre de toda amenaza.
Hizo estudios de Ingeniería, pero su talento como dibujante le
llevó a trabajar en publicidad, y en 1920 fue contratado por la
sucursal inglesa de la Famous Players para componer carteles de películas.
Quedó así atrapado por el mundo del cine y fue sucesivamente
guionista, decorador y ayudante de dirección.
Ya en 1921 dirigió su primera película, Number 13,
que no pudo terminar, por lo que, oficialmente, su primera obra es The
Pleasure Garden (El jardín del placer, de 1925), una coproducción
anglo-alemana. A continuación rodó The Lodger
(El vengador, 1926) en la que ya empleó su particular estilo para
crear suspense y tener en vilo al espectador.
En 1929, Hitchcock dirigió La muchacha de Londres",
una película filmada en mudo que después se dobló
y reeditó con sonido y en la que, disfrazado de un pasajero del
transporte suburbano, hizo su primera aparición intencionada en
la gran pantalla. A partir de ahí fueron habituales sus célebres
cameos (breves intervenciones) en sus películas.
Generalmente se consideran El hombre que sabía demasiado
y 39 escalones como sus primeras obras importantes que le
servirían para entrar en Hollywood por la puerta grande y dirigir
Rebeca que ganó el Óscar a la mejor película.
A partir de ese momento su carrera se desarrollaría en Estados
Unidos, salvo en el caso de Atormentada y Frenesí,
rodadas en Inglaterra.
En 1948 filmó Rope, su primera película en
color, la primera basada en una obra de teatro y que también significó
su debut como productor. A estas siguieron otras tan famosas como Extraños
en un tren, La ventana indiscreta, Vértigo,
Psicosis y Los pájaros.
Cualquier día llevaré a la pantalla una historia
que sea un alarido permanente. Cuanto más grite el público,
más me reiré yo con su miedo, decía.
PSICOANÁLISIS Y HUMOR
El director británico tuvo desde los años 40 el privilegio
de ser una estrella: todo lo que rodaba atraía al público
a las salas de cine. Pero sería un error pensar que se decantó
por el cine comercial, a pesar de que hiciese sendas definiciones de cine
como líneas y puntos en movimiento, y otra más
materialista, y aun más reduccionista: Un salón con
butacas vacías que hay que llenar.
Desde sus primeras películas, el director británico buscó
historias que le permitiesen, como mínimo, experimentar nuevas
formas narrativas; de hecho, solo en tres ocasiones eligió buenas
novelas para rodar: Rebeca, Los pájaros
y Extraños en un tren.
Por ejemplo, el principio de identificación del espectador con
los personajes es utilizado por Hitchcock de forma novedosa: a menudo,
la personalidad ambigua del malo atrae más atención
que la del bueno, como en La sombra de una duda, Psicosis
o Frenesí. La identificación puede recaer sucesivamente
en distintos personajes, como ocurre en Sospecha, Recuerda
o Cortina rasgada.
Se adentra también en laberintos freudianos no explorados
anteriormente. Películas como Recuerda, Extraños
en un tren, Psicosis y Marnie, la ladrona
hacen referencia bastante explícita a las doctrinas de Freud.
El humor corrosivo del cineasta británico se deja ver en historias
rocambolescas como las narradas en 39 escalones, Pero,
¿quién mató a Harry? y Con la muerte
en los talones.
Pero un tema general planea sobre toda la obra de Hitchcock: el del tranquilo
ciudadano inocente perseguido por la justicia o por los verdaderos malos,
que alcanza su cumbre en Falso culpable. Una obsesión
que probablemente haya que atribuir a la experiencia policial
que el director tuvo en su infancia.
Hitchcock también reconoció que era un hombre muy miedoso.
No se atrevía a pasar por un callejón oscuro y mucho menos
visitar un cementerio.
RESENTIMIENTO AL SEXO OPUESTO
Poco se sabe, no obstante, de los motivos de su acendrada misoginia,
ese cierto nivel de resentimiento hacia el sexo femenino del
que habla el filósofo Eugenio Trías, autor del libro Vértigo
y pasión, en el que analiza esta película. A juicio
de Trías, profesor de la Universidad Pompeu y Fabra de Barcelona
(España), esta cinta no tuvo el mismo éxito que otras porque
no se entendió su complejidad: La película plantea
el tema del límite y la frontera en el ser humano, la ambivalencia
trágica que produce el vértigo del protagonista, un hombre
que quiere y no quiere arrojarse a un vacío que le produce pavor
y fascinación al mismo tiempo.
Este experto en el cine del maestro del suspenso también observa
cierto sadismo en el ritual erótico de las protagonistas
rubias o galateas de sus películas (Tippy Hedren, Grace
Kelly, Madeleine Carroll...), con una poderosa sexualidad a flor de piel,
pero frágiles interiormente, a la medida de los brazos protectores
del hombre.
Siempre se ha dicho que Hitchcock no sentía ningún respeto
por los actores; es más, les comparaba con el ganado. A pesar de
todo, los actores que han trabajado con él no tienen más
que palabras de halago.
La recientemente desaparecida Janet Leigh quien protagonizó la
secuencia más terrorífica de la historia del cine, cuando
es asesinada mientras se ducha en Psicosis, sentía
una gran admiración por el director. Lo que recuerdo de Hitchcock
es su sentido del humor .
Eva Marie Saint, a quien el cineasta inmortalizó en Con
la muerte en los talones, reconoció la afición del
cineasta a filtrear con sus actrices.
Pese a su afición por las rubias actrices, Hitchcock terminó
sus días al lado de la persona que más quería, su
mujer, Alma, con quien tuvo una hija, Patricia.
Durante el rodaje de La trama (1975), Hitchcock sufrió
un desvanecimiento. Los médicos le diagnosticaron insuficiencia
cardiaca y le pusieron un marcapasos.
Hitch, como le conocen sus admiradores, dijo con su peculiar
sentido del humor: Me siento muy bien, pero me pregunto si este
invento fallará el día menos pensado... ¡Suspense!
El 29 de abril de 1980 su corazón dejó de latir. Ahora,
cuando se cumplen 25 años de aquella fecha, es un buen momento
para recordar a esta gran figura del cine que, pese a sus seis candidaturas
al Óscar como mejor director (entre 1941 y 1961), no consiguió
ninguna de ellas.
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