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[ Cine ]
HITCHCOCK, Un cuarto de siglo sin suspenso

Escribe: Manuel Carretero / Fotos: EFE-Reportajes

rdominical@laprensa.com.sv
Se cumplen 25 años de la muerte de Alfred Hitchcock, y vuelven a aflorar todas las facetas de la personalidad poliédrica del mago del suspense: calculador, misógino, sentimental, amable... y hasta cercano al mundo homosexual.

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Cualquier excusa es buena para acercarse a la obra del cineasta que abrió, con gran éxito de público, nuevos e imperecederos caminos en el cine y que, no obstante, nunca consiguió un Óscar.

Vuelven a la actualidad sus originales formas narrativas de Hitchcock, su magistral manejo de los resortes del miedo, su particular relación con los actores y la influencia de sus vivencias y su personalidad en sus películas.

¿Quién no ha revivido en alguna ocasión la intranquilidad, la desazón que torna en terror al recordar aquella escena de la película “Psicosis” en la que tras la cortina de la ducha se adivina un inmenso cuchillo? Ambientes de misterio y suspense trufados con pequeñas dosis de humor y escalofrío que protagonizan gentes normales que ven, de pronto, sus vidas sacudidas por algo extraordinario son “marca de la casa” en Hitchcock.

Biógrafos y escritores buscan nuevos ángulos de su personalidad para explicar mucha de sus películas, e incluso aparecen lecturas de su obra como la del escritor y guionista venezolano Boris Izaguirre quien en “El armario secreto de Hitchcock" (Espasa) escudriña el carácter homosexual de algunas de las escenas de sus películas, aunque duda de si se trata de una reivindicación del cineasta o una forma de ver el mundo “más allá de la pareja hombre-mujer”.

“Hitchcock hacía en cada una de sus películas una reflexión sobre la pareja, era su obsesión y, en el caso de ‘La soga’, investiga sobre esa nueva pareja de jóvenes varones que se ve en la América que acaba de superar la II Guerra Mundial", añade el escritor venezolano, afincado en España, quien señala también escenas de tintes lésbicos en “Rebeca”.

Pero Izaguirre está en contra de quienes tachan a Alfred Hitchcock de misógino, al menos en sus películas: “Él fue un creador de heroínas, inventó la mujer fría cuando ser fría era un ejemplo al que agarrarse para ser una mujer independiente. Las mujeres de Hitchcock son activas protagonistas y convierten al hombre en pasivo. Y eso es lo que dio miedo a la industria machista de Hollywood que es la que mueve los hilos”.

Se reedita también ahora “Alfred Hitchcock, la cara oculta del genio” (T&B Editores) de Donald Spoto, una de las biografías más controvertidas del cineasta, y también, para muchos críticos, la más completa.

Spoto muestra en su libro a un Hitchcock con una “profunda incapacidad de expresión”, ya que dejó muy pocas notas escritas, tanto personales como de trabajo, y que prefirió expresarse a través de sus películas.

La biografía hace hincapié sobre la personalidad de un individuo atormentado y complejo, de tendencias sádicas y talante ruin, que Daniel Spoto define como “un almacén de todo cuanto de contradictorio hay en la naturaleza humana”.

“Seré lo que Churchill dijo de Hitler”, observaría el cineasta en sus últimos años, “un misterio dentro de otro misterio”.

MIEDO INFANTIL

Nacido en Londres el 13 de agosto de 1899 e hijo de un importante comerciante, fue educado en un colegio de jesuitas de San Ignacio: el director declaró estar muy influenciado por esta experiencia.

También relató una anécdota infantil que marcaría su actividad cinematográfica: como cualquier niño de cinco o seis años, Hitchcock hacía que su padre, William, se enfadase continuamente. Un buen día, el padre decidió darle una lección y le envió a la comisaría de Policía con una nota. Nunca supo lo que decía aquel papel, pero los policías le tuvieron encarcelado durante unos minutos como castigo por ser desobediente. “Fueron los peores cinco minutos de mi vida —confesó—, pero hicieron nacer en mí una idea fascinante hacia el miedo.”

Ese miedo a ser abandonado, a permanecer siempre en soledad, inundó la mente de Hitchcock. Poco antes de morir, declaró que sus traumas infantiles no le habían abandonado en ningún momento de su vida. “Le sigo teniendo el mismo miedo a la Policía que cuando era niño. En mis filmes trato de analizar siempre el asesinato, la aventura, desde el punto de vista de un ser inocente; es una forma de sentirme libre de toda amenaza”.

Hizo estudios de Ingeniería, pero su talento como dibujante le llevó a trabajar en publicidad, y en 1920 fue contratado por la sucursal inglesa de la Famous Players para componer carteles de películas. Quedó así atrapado por el mundo del cine y fue sucesivamente guionista, decorador y ayudante de dirección.

Ya en 1921 dirigió su primera película, “Number 13”, que no pudo terminar, por lo que, oficialmente, su primera obra es “The Pleasure Garden” (El jardín del placer, de 1925), una coproducción anglo-alemana. A continuación rodó “The Lodger” (El vengador, 1926) en la que ya empleó su particular estilo para crear suspense y tener en vilo al espectador.

En 1929, Hitchcock dirigió “La muchacha de Londres", una película filmada en mudo que después se dobló y reeditó con sonido y en la que, disfrazado de un pasajero del transporte suburbano, hizo su primera aparición intencionada en la gran pantalla. A partir de ahí fueron habituales sus célebres “cameos” (breves intervenciones) en sus películas.

Generalmente se consideran “El hombre que sabía demasiado” y “39 escalones” como sus primeras obras importantes que le servirían para entrar en Hollywood por la puerta grande y dirigir “Rebeca” que ganó el Óscar a la mejor película.

A partir de ese momento su carrera se desarrollaría en Estados Unidos, salvo en el caso de “Atormentada” y “Frenesí”, rodadas en Inglaterra.

En 1948 filmó “Rope”, su primera película en color, la primera basada en una obra de teatro y que también significó su debut como productor. A estas siguieron otras tan famosas como “Extraños en un tren”, “La ventana indiscreta”, “Vértigo”, “Psicosis” y “Los pájaros”.

“Cualquier día llevaré a la pantalla una historia que sea un alarido permanente. Cuanto más grite el público, más me reiré yo con su miedo”, decía.

PSICOANÁLISIS Y HUMOR

El director británico tuvo desde los años 40 el privilegio de ser una estrella: todo lo que rodaba atraía al público a las salas de cine. Pero sería un error pensar que se decantó por el cine comercial, a pesar de que hiciese sendas definiciones de cine como “líneas y puntos en movimiento”, y otra más materialista, y aun más reduccionista: “Un salón con butacas vacías que hay que llenar”.

Desde sus primeras películas, el director británico buscó historias que le permitiesen, como mínimo, experimentar nuevas formas narrativas; de hecho, solo en tres ocasiones eligió buenas novelas para rodar: “Rebeca”, “Los pájaros” y “Extraños en un tren”.

Por ejemplo, el principio de identificación del espectador con los personajes es utilizado por Hitchcock de forma novedosa: a menudo, la personalidad ambigua del “malo” atrae más atención que la del bueno, como en “La sombra de una duda”, “Psicosis” o “Frenesí”. La identificación puede recaer sucesivamente en distintos personajes, como ocurre en “Sospecha”, “Recuerda” o “Cortina rasgada”.

Se adentra también en laberintos “freudianos” no explorados anteriormente. Películas como “Recuerda”, “Extraños en un tren”, “Psicosis” y “Marnie, la ladrona” hacen referencia bastante explícita a las doctrinas de Freud.

El humor corrosivo del cineasta británico se deja ver en historias rocambolescas como las narradas en “39 escalones”, “Pero, ¿quién mató a Harry?” y “Con la muerte en los talones”.

Pero un tema general planea sobre toda la obra de Hitchcock: el del tranquilo ciudadano inocente perseguido por la justicia o por los verdaderos “malos”, que alcanza su cumbre en “Falso culpable”. Una obsesión que probablemente haya que atribuir a la “experiencia” policial que el director tuvo en su infancia.

Hitchcock también reconoció que era un hombre muy miedoso. No se atrevía a pasar por un callejón oscuro y mucho menos visitar un cementerio.

RESENTIMIENTO AL SEXO OPUESTO

Poco se sabe, no obstante, de los motivos de su acendrada misoginia, ese “cierto nivel de resentimiento hacia el sexo femenino” del que habla el filósofo Eugenio Trías, autor del libro “Vértigo y pasión”, en el que analiza esta película. A juicio de Trías, profesor de la Universidad Pompeu y Fabra de Barcelona (España), esta cinta no tuvo el mismo éxito que otras porque no se entendió su complejidad: “La película plantea el tema del límite y la frontera en el ser humano, la ambivalencia trágica que produce el vértigo del protagonista, un hombre que quiere y no quiere arrojarse a un vacío que le produce pavor y fascinación al mismo tiempo”.

Este experto en el cine del maestro del suspenso también observa cierto sadismo en el “ritual erótico” de las protagonistas “rubias o galateas” de sus películas (Tippy Hedren, Grace Kelly, Madeleine Carroll...), con una poderosa sexualidad a flor de piel, pero frágiles interiormente, a la medida de los brazos protectores del hombre.

Siempre se ha dicho que Hitchcock no sentía ningún respeto por los actores; es más, les comparaba con el ganado. A pesar de todo, los actores que han trabajado con él no tienen más que palabras de halago.

La recientemente desaparecida Janet Leigh quien protagonizó la secuencia más terrorífica de la historia del cine, cuando es asesinada mientras se ducha en “Psicosis”, sentía una gran admiración por el director. “Lo que recuerdo de Hitchcock es su sentido del humor ”.

Eva Marie Saint, a quien el cineasta inmortalizó en “Con la muerte en los talones”, reconoció la afición del cineasta a filtrear con sus actrices.

Pese a su afición por las rubias actrices, Hitchcock terminó sus días al lado de la persona que más quería, su mujer, Alma, con quien tuvo una hija, Patricia.

Durante el rodaje de “La trama” (1975), Hitchcock sufrió un desvanecimiento. Los médicos le diagnosticaron insuficiencia cardiaca y le pusieron un marcapasos.

“Hitch”, como le conocen sus admiradores, dijo con su peculiar sentido del humor: “Me siento muy bien, pero me pregunto si este invento fallará el día menos pensado... ¡Suspense!” El 29 de abril de 1980 su corazón dejó de latir. Ahora, cuando se cumplen 25 años de aquella fecha, es un buen momento para recordar a esta gran figura del cine que, pese a sus seis candidaturas al Óscar como mejor director (entre 1941 y 1961), no consiguió ninguna de ellas.




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