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Danzas con robots

Por Christian Caryl/ Newsweek
rdominical@laprensa.com.sv

Japón trabaja en una nueva generación de robots humanoides que pueden cambiar para siempre la relación que tenemos con nuestras máquinas.

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Norihiro Hagita puso hace poco a su hija de tres años y a su madre en una habitación con un robot y las dejó allí durante dos horas. Al principio, la niña y el robot charlaron y jugaron. Cuando le robot le pidió que lo abrazara, ella obedeció alegremente. Pero después de un rato, a los dos se les agotaron las cosas nuevas para hacer y la pequeña se desplomó en el piso para dormir una siesta. El robot esperó hasta estar seguro de que la pequeña realmente había perdido el interés, se acercó entonces a la madre y entabló una conversación. "Ahora viene la parte interesante," dice Hagita, señalando a la niña en la cinta. "¿Ve cómo se incorpora y observa? El robot está dialogando con su madre y eso la hace enojar." No puede evitar una sonrisa. "El robot le dio celos."

Mientras en casi todo el mundo, los ingenieros tratan de fabricar robots que lleven a cabo tareas específicas y a menudo desagradables, desde combatir guerras hasta realizar rescates en aguas profundas, los ingenieros japoneses están obsesionados por fabricar máquinas que sean más humanas. Después de poner al país firmemente a la vanguardia del mercado de robots industriales en las últimas dos décadas, ahora trabajan en una nueva generación de robots que actuarán como compañeros de juego, mascotas y trabajadores sociales. Hagita dice: "El objetivo es construir un entorno inteligente para la simbiosis de los robots y los seres humanos en la vida cotidiana. El verdadero desafío es lograr robots que puedan comunicarse con las personas."

La clave está en resolver la infinidad de problemas técnicos que impiden fabricar robots con los cuales sea fácil vivir -- desde comprender el habla y los gestos hasta establecer contacto visual y tener conciencia del "espacio personal" de los humanos. Los roboticistas en Japón hablan de la "inteligencia social" o la "experiencia compartida" de una máquina.

Los primeros integrantes de la nueva generación de humanoides tienen en este momento una especie de fiesta de presentación en la World Expo de Aichi, que se inauguró en marzo y continúa hasta septiembre. Los invitados son recibidos por una recepcionista androide de sexo femenino que dice 30.000 expresiones en cuatro idiomas y que sabe incluso rechazar avances inoportunos de Homo sapiens masculinos. El robot danzante asombrosamente flexible de Sony QRIO demuestra por qué llegó a actuar incluso como embajador no oficial del Primer Ministro Junichiro Koizumi en algunos de sus viajes al exterior. Los robots Partner de Toyota, que tocan instrumentos musicales usando labios y pulmones artificiales, están atrayendo a sus conciertos multitudes que agotan las entradas. Si bien estos robots constituyen un gran adelanto respecto de los cacharros de aparatos de hace unos años, son simplemente un primer borrador. Los científicos que trabajan en el laboratorio están alistando un nuevo ejército de máquinas aún más sensibles.

Dar a los robots un sentido del tacto es una manera importante de hacerlos más humanos. En el Advanced Telecommunications Research Institute International, o ATR, cerca de Kioto, Hagita y sus colegas están trabajando en el equipamiento de un robot prototipo con piel gruesa color crema hecha con capas de silicona que tienen incrustados infinidad de sensores pequeños. Al tocar el robot en la espalda, éste se da vuelta y saluda.

La tarea más difícil tal vez sea conseguir que los robots comprendan el hablar humano de la vida real. Separar las palabras de los ruidos de fondo y analizar el lenguaje ha resultado ser un problema formidable. Por esa razón, los científicos están tratando de dar a los robots otros medios que no sean el lenguaje para comprender lo que la gente les dice. Una tecnología promisoria apunta a ayudar a los robots a deducir las relaciones entre sus interlocutores humanos. Hagita y sus colegas están programando robots para que observen cuánto tiempo las personas pasan juntas en una habitación y tener en cuenta las amistades entre las personas cuando se comunican con ellas. Comprender la variedad de gestos y signos que las personas usan para complementar el lenguaje también ayudaría. Otros científicos del ATR han estado confeccionando mantas para cunas que pueden programar en robots para ayudarles a deducir que un ser humano sonriente probablemente está feliz, mientras que uno con el ceño fruncido en general no.

Una de las formas más eficaces de superar los problemas de comunicación es al parecer ayudar a los robots a hablar entre sí. Dos robots humanoides que comparten notas entre sí podrían reunir información sobre sus cargas humanas para averiguar lo que quieren. Los robots podrían levantar información de Internet, PDA o TV de circuito cerrado.

Otra rica fuente potencial de información son las etiquetas de Identificación inalámbricas. En una feria industrial, una recepcionista autómata podría usar etiquetas para identificar a los visitantes y adquirir información sobre ellos -- qué tipo de trabajo hacen, de dónde vienen, etcétera. Podría reunir más datos sobre el visitante con "sensores ubicuos," que van de micrófonos a sensores biométricos y TV de circuito cerrado -- señalando dónde les gusta comer, o a qué charlas preferirían asistir. Los investigadores de Hagita ya utilizaron etiquetas de identificación durante un ensayo en una escuela elemental, donde los niños que habían sido provistos de etiquetas se sorprendieron cuando los robots se dirigieron a ellos por el nombre. Hagita recuerda entusiasmado a un niño de sexto grado que se jactaba ante su amigo de que el robot "me quiere más a mí" porque lo había llamado por su nombre más veces que al otro pequeño. Otros niños les dijeron a los investigadores que sufrían por el robot porque ningún otro niño jugaba con él. "Es también una relación humana," dice Hagita. "Hemos desarrollado un agente. Ya es una especie de simulación humana."

Este énfasis en la futura función de los robots como compañeros y auxiliares parece ser profundamente japonés. La razón puede tener mucho que ver con la cultura popular japonesa, donde robots como la caricatura del gato Doraemon o el dulce y viejo Astroboy de los '60, tienden a ser retratados como tipos amistosos y caritativos. La tendencia a considerar no amenazadoras a máquinas que parecen vivas tal vez tenga raíces más profundas en la cultura animista Shinto de Japón, en la que objetos inanimados -- que van de teteras a espadas de samurai -- pueden tener almas. También está el imperativo social: a medida que la población envejece, los japoneses buscan cada vez más robots para contribuir a paliar la escasez de mano de obra.

El gobierno, dice Hagita, está promoviendo proyectos con aplicaciones sociales, como atender o cuidar niños. Esto puede dar un impulso al desarrollo de humanoides -- pues si los robots están haciendo trabajo social, tendrán que parecer y actuar considerablemente más como personas que en la actualidad. Y si Hagita y sus colegas se salen con la suya, esto sucederá antes de lo que pensamos.

(c) 2005, Newsweek Inc. Todos los derechos reservados.




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