Portada
 
  Lo del día
  Nación
  Gran San Salvador
  Mundo
  Departamento 15
  Economía
  Departamentos
  Opinión Editorial
  Deporte
  Fútbol Nacional
  Cultura
  Vivir
  Fama
  Extremo
  LPG Datos
  Especiales
  Especiales
  Zona Multimedia
  Archivo
 
  Enfoques
  Dominical
  La Tribuna
  El Heraldo
  El Economista
 


 
Olimpíadas y malestar
rdominical@laprensa.com.sv
Cuando los funcionarios acuñaron frases atractivas como “las Olimpíadas del pueblo”, ¿quién sabía que la gente se tomaría las palabras en serio?.

Imprimir esta nota Enviar esta nota Opinar sobre este tema

 

Wang Qisham pudo haber imaginado que había previsto todo posible peligro para las Olimpíadas de 2008, pero eso fue antes de que llegara a la ciudad el Torneo Mundial de Snooker. Como alcalde de Beijing, se sintió indignado y avergonzado por su ciudad debido a la vulgaridad de los espectadores que asistieron este año al Abierto de China, el primer campeonato mundial de snooker que se lleva a cabo en el país. Se supone que el público de snooker debe sentarse en silencio y respetar la concentración de los jugadores. Lamentablemente, alguien olvidó informárselo al público de Beijing. Se tomaron fotografías con cámaras con flash. La gente hablaba por sus teléfonos celulares. Un importante encuentro debió interrumpirse debido a los gritos. "Fue un circo", se quejó luego un prestigioso jugador. Horrorizado, Wang señaló que el riesgo de tales muestras de grosería en las Olimpíadas de 2008 es "un problema que Beijing no puede darle el lujo de ignorar."

La antorcha no llegará a la ciudad hasta el 8 de agosto de 2008, pero ya se advierte el nerviosismo previo a los juegos. La vulgaridad es la menor de las preocupaciones de Beijing. Lo que en verdad preocupa a las autoridades chinas es la posibilidad de una protesta masiva ante las cámaras de la televisión internacional. Las embajadas chinas de todo el mundo ya tienen a sus puertas a activistas de defensa de los derechos humanos que exigen grandes cambios antes de las Olimpíadas. En los últimos tiempos, las manifestaciones son algo cotidiano en China, y los activistas sin duda adoptarán una actitud más vehemente a medida que se acerque 2008, año en el que habrá 30.000 periodistas internacionales en Beijing. "Es una oportunidad inmejorable para impulsar (sus) intereses", dice Minxin Pei, observador de Carnegie Endowment China. Nadie quiere una segunda versión de lo que ocurrió en Ciudad de México en 1968, cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra estudiantes que protestaban y dieron muerte a al menos 30 de ellos en vísperas de las Olimpíadas. Las autoridades chinas no quieren ni siquiera algo como lo que pasó en las Olimpíadas de Seúl de 1988: las protestas masivas que antecedieron a esas Olimpíadas contribuyeron a obligar a los gobernantes militares de Corea del Sur a ceder paso a un gobierno civil surgido de elecciones libres.

Los funcionarios chinos insisten en que en su país no puede tener lugar algo como lo que pasó en Seúl o en Ciudad de México, y las Olimpíadas tienen un amplio apoyo popular. A pesar de ello, confiesan, la idea les pasó por la cabeza. El vicealcalde de Beijing, Liu Jingmin, señala que las autoridades están preparadas para todo, y también para manifestaciones. "Analizamos todos los problemas que pueden surgir", dice Liu, que tambien integra el Comité Organizador Olímpico, "y solucionaremos todo según la ley." Los próximos juegos olímpicos no generaron ningún problema social que no existiera antes, sostiene: "La sociedad avanza. No somos más que una embarcación en este gran torrente."

Es un viaje por aguas turbulentas. En una sola semana del mes pasado, un grupo de manifestantes destrozó comercios y las ventanas de la Embajada de Japón, más de 1.500 militares retirados realizaron una sentada para exigir mejores pensiones y varios centenares de propietarios de casas preocupados presentaron una demanda contra el gobierno. Todos esos incidentes tuvieron lugar en Beijing. En la próspera provincia costera de Zhejiang, decenas de miles de personas provocaron disturbios y quemaron 14 autos del gobierno y 40 autobuses. Responsabilizaban a plantas estatales locales de la contaminación del aire, el agua y la tierra que arruinó la cosecha y provocó malformaciones y enfermedades congénitas.

La prosperidad y las mayores libertades sociales transformaron la actitud de la población china. La frecuencia de los actos colectivos de protesta --si bien no se acerca a los disturbios de Tiananmen de 1989-- es seis veces mayor que la década pasada. "Es una suerte de impulso democratizante", dice Jin Yuanpu, del Centro de Investigación Olímpica Humanista de la Universidad Popular. La gente tiene cada vez menos miedo de hablar contra la torpeza y la corrupción oficial, y la perspectiva de las Olimpíadas de 2008 no hace más que alentar la autonomía. Liu señala que, cuando los funcionarios acuñaron frases atractivas como "las Olimpíadas verdes" y "las Olimpíadas del pueblo", nadie previó que la gente tomaría las palabras tan en serio. Sin embargo, muchos ciudadanos chinos consideran ahora que su opinión debería tener más peso en cómo se gobierna el país. "Su sentido político está madurando", dice Chen Gang, alcalde del distrito Chaoyang de Beijing, donde tendrán lugar muchas de las competencias en 2008. "Los juegos están cambiando nuestra sociedad."

También están cambiando muchas otras cosas. Beijing construye unas tres decenas de centros deportivos y otras sedes olímpicas, 6.500 kilómetros de carreteras nuevas y crea el equivalente a 22 World Trade Centers en nuevas viviendas. Pero algo tiene que caer por todo lo que se está levantando. En los últimos tiempos, los desalojos forzosos y el reembolso inadecuado por las casas que se pierden provocaron más protestas en Beijing que cualquier otro tema. Vecindarios enteros fueron demolidos de la noche a la mañana.

Algunos de los habitantes más perjudicados de la capital ahora empiezan a defender sus derechos. Hace dos años se confiscaron centenares de campos y hogares de campesinos del norte de Beijing para proyectos de desarrollo relacionados con las Olimpíadas. Li Xinyuan, que tiene 45 años y es un agricultor de subsistencia desposeído, dice que las autoridades locales prometieron ofrecer nuevos empleos pero que nunca cumplieron. Se resignó a su desgracia hasta que vio que el primer ministro chino hablaba por televisión sobre los campesinos que perdían sus tierras. Li recuerda que de pronto tomó conciencia: "Eh, yo soy uno de esos campesinos." Su esposa agrega: "Nos engañaron." Ésta memorizó los pasajes de la ley que se aplicaban a su caso. No pueden pagar un abogado pero bombardean al gobierno con peticiones de compensaciones. Algunos de sus amigos ahora pasan el día protestando frente a las oficinas municipales. Zhou Shu-qin, que tiene 30 años, perdió su casa para que se creara un nuevo parque olímpico. "Las Olimpíadas son buenas para alguna gente", afirma, "pero no para la mayoría."

Ese es un punto de vista minoritario que pocos chinos se habrían aventurado a exponer en público hasta hace poco. Ahora, un creciente número de personas está convencida de que el silencio no evitará los abusos. Ye Mingjun, que tiene 22 años, vivía con sus padres y otros familiares en la zona de Yongdingmen, en Beijing, hasta que se demolió su casa en 2003. Los planificadores olímpicos habían decidido reconstruir una antigua puerta de la ciudad en ese lugar. La familia obtuvo una compensación, pero no la suficiente como para reemplazar su casa. Ye y su padre, Ye Guozhu, terminaron durmiendo en un sector para bicicletas del centro comercial Oriental Plaza de Beijing. Ye padre colocó un par de triciclos ante la sede del gobierno de la ciudad. Puso en los mismos pancartas que rezaban "SIN HOGAR DEBIDO A LAS OLIMPÍADAS".

Ye padre fue detenido en agosto cuando intentaba reunir a manifestantes de varias provincias. La corte lo condenó por "alterar el orden social" y lo sentenció a cuatro años de reclusión. "Sin las Olimpíadas, esto no nos habría pasado", dice el hijo. "Les decimos a las autoridades, 'Ustedes hablan de las Olimpíadas del pueblo pero ¿por qué no nos ayudan?'" A pesar de ello, está impaciente por la llegada del año 2008. Su padre recuperará la libertad a mediados de julio, justo a tiempo para las Olimpíadas. "Una vez que salga, mi padre empezará a protestar otra vez", dice el joven. "Sé que lo hará." Otros no esperarán hasta 2008.

© 2005, Newsweek Inc. Todos los derechos reservados.




Agua Caliente, riqueza entre montañas

   


[ Portada | Nación | Economía | Departamentos | Departamento 15 | Gran San Salvador | Mundo | Deporte]
[ Fútbol Nacional [Opinión Editorial | Cultura | Multimedia | Vivir | Fama | Extremo | LPG Datos |  Especiales]
[ Enfoques | Revista Dominical | La Tribuna | El Heraldo ]

© Derechos Reservados : 1997 - 2005   | Aviso legal |   Escríbanos