|
La fuente de esta tranquilidad son dos importantes premios: uno europeo,
el EURYI, dotado con 1,250,000 euros (1.630,434 dólares), y otro
estadounidense, el segundo que le concede la Alianza Nacional para la
Investigación sobre la Esquizofrenia y la Depresión, de
30,000 dólares (23.000 euros). Además una prestigiosa revista
científica ha publicado un descubrimiento de su laboratorio en
Alicante: una importante pista sobre el origen de la esquizofrenia.
Pregunta: Su trabajo se centra fundamentalmente en las interneuronas
corticales. ¿Qué tienen de particular estas células?
Respuesta: La corteza cerebral está compuesta por dos tipos de
neuronas que están muy coordinadas. Las neuronas de proyección
son las que llevan la voz cantante, las que toman las decisiones y las
que integran la mayor parte de la actividad. Pero existe una segunda población
de neuronas, las interneuronas, que son necesarias para que las primeras
funcionen correctamente. Básicamente hacen dos cosas: controlar
la actividad de la corteza para mantenerla en niveles adecuados (cuando
existe demasiada y descontrolada se produce la epilepsia). La otra función,
que cada vez está cobrando más importancia, es sincronizar
grupos de neuronas de proyección para que actúen a la vez.
Esto es básico para procesar la información que llega al
cerebro. Las interneuronas se han estudiado poco porque es un grupo muy
diverso y además como las de proyección son las que finalmente
ejecutan siempre han suscitado más interés.
P. ¿Qué se sabe de sus alteraciones?
R. Cuando algo va mal con las neuronas de proyección, que constituyen
el 80% de las células cerebrales, normalmente las consecuencias
son muy graves. Por ejemplo: retraso mental, epilepsia muy severa, etcétera.
En resumen, trastornos biológicamente muy interesantes, pero desde
un punto de vista social no tanto porque las mutaciones son tan graves
que no se perpetúan, son casos esporádicos. Sin embargo,
hemos comenzado a pensar que las alteraciones de las interneuronas podrían
traducirse en patologías del tipo de la esquizofrenia o el trastorno
bipolar. Esto ha llenado de esperanza el campo de la neurociencia porque
hay enfermedades mentales de las que, por el momento, se desconoce su
origen y que ahora se piensa que pueden ser enfermedades de las interneuronas.
Desde un punto de vista sociológico, esta nueva vía de investigación
puede tener un impacto mucho más importante porque son patologías
que no son incompatibles con la vida y que tienen una trascendencia social
muy importante.
P. Su último trabajo, publicado en Neuron , aporta un importante
hallazgo en este área.
R. Hemos descubierto que el gen de la Neuroregulina 1 juega un papel
clave durante el desarrollo conduciendo a las interneuronas hacia el sitio
correcto del cerebro. Paralelamente otros grupos habían señalado
a este fragmento de ADN como un posible factor de susceptibilidad para
desarrollar esquizofrenia. De modo que la Neuroregulina 1 parece estar
implicada en la aparición de esta enfermedad. La esquizofrenia
es una patología muy compleja así que, con toda seguridad,
habrá un conjunto de factores que se añaden a este gen para
provocar su aparición.
P. Entre sus planes de investigación están las células
madre, ¿en qué dirección van sus trabajos?
R. Muchos científicos estamos un poco desanimados porque nos
da la sensación de que se está forzando tanto, se están
generando tantas expectativas que el golpe va a ser muy grande. Por ejemplo,
en el caso de la terapia génica había investigadores intentando
entender como funcionaba sin pretender todavía curar a nadie y
se han visto de pronto en medio de la muerte de pacientes en ensayos clínicos
que posiblemente nunca se deberían de haber hecho tan prematuramente.
La terapia con células madre tiene visos muy prometedores, pero
ni la sociedad ni los científicos con ganas de notoriedad mediática
van a dar tiempo a que madure.
P. ¿Piensa que por el momento no se deberían aplicar a
pacientes?
R. A priori soy relativamente escéptico en la aplicación
de terapia celular sobre el sistema nervioso hoy por hoy. El cerebro es
un sitio muy complicado que se quiere simplificar para lograr metas a
corto plazo. Se podría conseguir algo en el caso de ciertos tipos
de neuronas que no tienen que hacer cosas extraordinarias en cuanto a
las conexiones que tienen que formar. Por ejemplo, si me preguntan si
existe la posibilidad de que las células madre funcionen para el
Alzheimer, yo diría que en el 99,9% de los casos no, al menos a
medio plazo. Un humano necesita aproximadamente 10 años para formar
el cerebro que luego utiliza a lo largo de la vida, así que pensar
que un trasplante celular en un ambiente hostil como es el cerebro va
a ser capaz de formar y reformar conexiones está en el terreno
de la ciencia-ficción más llamativa.
P. Entonces, ¿en qué casos emplearía las células
madre?
R. El caso clásico es el Parkinson. Quizá las interneuronas
tienen más posibilidades porque forman conexiones relativamente
cortas y una característica que las hace un poco diferentes es
que tienen una capacidad invasiva muy importante. Uno de los problemas
de la terapia celular en el sistema nervioso es que éste, una vez
que está desarrollado, está muy cimentado, las células
que se transplantan no logran moverse y colonizar, como sería deseable,
la red nerviosa. En principio, las interneuronas se extienden sin ningún
problema. Esto es lo que nosotros queremos ahora estudiar. Comprobar si
son capaces de reintegrarse y de formar circuitos.
P. Si esta capacidad se confirma en el laboratorio, ¿en qué
patologías se aplicarían?
R. Lo más claro es la epilepsia porque hay casos en los que faltan
células y quizá un aporte exógeno de ellas podría
funcionar. Esto es la ciencia-ficción más cercana a la realidad,
pero antes hay que conocer bien la biología.
P. ¿Qué otros aspectos de interés tienen las interneuronas?
R. Otra de las cosas que queremos ver en el laboratorio es qué
genes controlan la capacidad invasiva de estas células. Creemos
que es importante porque pensamos que la mayor parte de los tumores que
se dan en el encéfalo podrían estar incidiendo sobre células
madre que dan lugar a las interneuronas y los programas de cáncer
podrían activarse en estas células madre. Si conocemos qué
factores hacen a estas células tan invasivas podríamos reprimirlos.
|