La creación de nuevos empleos sufrió un fuerte incremento en abril en Estados Unidos, con 274 mil nuevos trabajos que devolvieron la confianza en la salud de la primera economía mundial.
El dato sorprendió favorablemente a los economistas, que esperaban un incremento de 175 mil nuevos empleos.
“Es una buena noticia, mejor que lo previsto e incluso muy por encima de las cifras más optimistas que circularon sobre este tema por los mercados”, subrayó Robert Brusca, de FAO-economics.
Lo mejor de la noticia es que la superación de las previsiones ha venido siendo un dato constante de los últimos meses: en marzo se registraron 146 mil nuevos empleos, contra una previsión de 110 mil, y en febrero se habían contado 300 mil, contra un pronóstico de 243 mil.
No obstante, el desempleo se mantuvo estable, situado en 5.2% de la población activa, debido a que unos 100 mil desempleados volvieron a buscar trabajo el mes pasado.
“La belleza de este informe, si es que se puede hablar de belleza, es que no aparece por ninguna parte ningún signo de debilidad: el empleo se aceleró, hay más gente trabajando, ellos trabajan por más tiempo y ganan más por cada hora trabajada”, observó Drew Matus, de Lehman Brothers.
En efecto, el mes pasado todos los sectores contrataron, con excepción de la industria, de una forma que sugiere una reactivación de los sectores que representan el 80% de la economía estadounidense. La duración promedio de la jornada de trabajo aumentó y los salarios por hora aumentaron 0.3% por segundo mes consecutivo.
El informe permite asimismo disipar las dudas que se acumularon durante las últimas semanas sobre la salud de la economía estadounidense. “Estas cifras son una prueba del vigor y de la resistencia de la economía estadounidense”, celebró el secretario del Tesoro, John Snow.
Ante los últimos indicadores, los trabajadores estadounidenses podrían temer que el enfriamiento de la economía no afecte por igual el mercado de empleo: el crecimiento se desaceleró en el primer trimestre, los pedidos de bienes duraderos están en baja y la confianza de los consumidores se pulveriza.
“Pero los temores de una caída de la economía eran exagerados”, según Matus.
Los mercados parecen haber percibido lo mismo, como indican la apertura en alza de la bolsa y la apreciación del dólar ante el euro.