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Esta semana de colores blancos y negros ha terminado con un balance cuando
menos interesante. Este periódico ha decidido dejar de llenar sus
páginas con el conteo frío de muertos como lo hace todos
los días de la semana.
Lo curioso del caso es que casi inmediatamente después de las
publicaciones, que coincidieron con el lanzamiento de un estudio del PNUD
sobre los costos de la violencia, los funcionarios del gobierno han saltado
al unísono para decir que sí, que todo es preocupante.
Que digan que el país pierde
mil 700 millones de dólares por las muertes no resulta absurdo.
Pero que a estas alturas las soluciones para una epidemia que cobra un
promedio de 10 vidas al día sean las mismas que hace 7 años
no resulta nada lógico.
El presidente Saca dijo en una entrevista algo que me alegró:
Que reza todos los días por la seguridad de los salvadoreños
y que se preocupa por su situación. Gracias, presidente, pero le
recuerdo que preocuparse está dentro de sus funciones. Y, al tenor
de sus palabras, esto debería ser urgente. Heredamos de la
guerra el irrespeto a la vida, fue su tesis sobre el origen de la
violencia.
Realmente curioso, pues resulta que en varios de los municipios donde
el conflicto fue crudo (como San Francisco Lempa y San José Las
Flores, en Chalatenango), no ha habido homicidios en 10 años o
más.
Pero eso el presidente lo ignoraba. Y seguramente tampoco sabrá
que ni la PNC ni el Consejo Nacional de Seguridad Pública sabían
que Nahulingo, en Sonsonate, ha sido de 2002 a 2004 el municipio con mayor
tasa de asesinatos, y en el que, por cierto, se carece de un puesto policial.
Para saber eso no hace falta más que aritmética y sumar
datos. No estoy hablando siquiera de inteligencia policial, tema que está
en pañales para el gobierno y que sí sería una verdadera
apuesta. Es claro que no se puede combatir algo sin saber exactamente
de qué se trata.
El ministro Figueroa, en cambio, es más audaz y ya ha dicho que
tiene un nuevo paquete de reformas penales. Será la enésima
reforma. Las 181 anteriores no han servido: la gente se sigue matando,
señor ministro. Y la situación seguirá así,
mientras de la boca de los funcionarios siga el estribillo de las
maras son las culpables y no se tome con seriedad el acceso a la
educación, la marginación y la despistolización.
El presidente dijo que tiene preparada una serie de medidas para luchar
contra la violencia. Qué bueno, solo espero no ser mal pensado
y que estas no hayan sido solo motivadas por la campaña de este
periódico. De corazón, quiero ser solo un mal pensado.
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