Portada
 
  Nación
  Gran San Salvador
  Mundo
  Departamento 15
  Economía
  Departamentos
  Opinión Editorial
  Deporte
  Fútbol Nacional
  Cultura
  Vivir
  Fama
  Extremo
  LPG Datos
  Especiales
  Archivo
 
  Enfoques
  Dominical
  La Tribuna
  El Heraldo
  El Economista
 



 
 
[ REPORTAJE]
San José Las Flores
La comunidad conjura todos los males
Quien dijo que todo está perdido en El Salvador terminará equivocándose. La violencia, que cada día se lleva la vida de 10 salvadoreños, prácticamente no toca a 436 mil 877 salvadoreños, distribuidos en 65 municipios.

imprime esta nota envia esta nota a un amigo opine sobre este tema

Cifras
[12]

Años sin asesinatos

El último homicidio que recuerdan en este lugar ocurrió en octubre de 1994, en un incidente en que no medió arma de fuego pero sí estuvo involucrado el alcohol.

[87]

Densidad poblacional

En 2004, los 2 mil 257 habitantes oficiales distribuidos en 26 kilómetros cuadrados vivían en una distribución de espacio casi cuatro veces mayor que la media nacional.

[8]

Los vigías

Ocho agentes bastan y sobran para vigilar el municipio, que recibe anualmente del Estado 196 mil 355 dólares en concepto de fondo para el desarrollo local.

 

Un lugar silencioso, con su calles limpias, en medio del campo. Este municipio chalateco no se marchita con la violencia del país. Recibe con los brazos abiertos a los visitantes y rechaza todo acto que altere su paz.

n las noches de calor, Reyes Valles duerme en su hamaca. Una dinámica que dejaría de ser sorprendente si no la colgara entre los dos pilares a la entrada de su casa, en plena calle. Es un hombre cuerdo, con seis décadas de vida, disfrutando de lo que uno de los municipios más tranquilos del país le ofrece: la paz.

Hace 19 años llegó junto con su amigo, Rigoberto Quintanilla Galdámez, a San José Las Flores, en Chalatenango. Las bombas surcaban aún el cielo. Habían estado en la guerrilla y vivieron el embate de la violencia que duró toda una década. Pero esa realidad cambió tras la firma de los Acuerdos de Paz.

La comunidad se organizó y compró el casco urbano del municipio para escriturar las tierras. Pidieron que se instalara ahí uno de los primeros puestos de la Policía Nacional Civil y el regreso de la alcaldía. Eran tiempos cuando las necesidades abundaban: no tenían agua potable, los caminos al municipio eran casi intransitables y las casas estaban deterioradas. “Poco a poco nos fuimos organizando. Habíamos vivido peor en la guerra”, recuerda Rigoberto, acostado en la acera frente a la casa de su amigo.

El último acto

La violencia aún no se despedía del municipio. Ese 12 de octubre de 1994, Matías Henríquez estaba borracho. En su camino a casa vio cómo una pareja estaba peleando e intentó separarlos. Fue herido con un machete y llevado al hospital de Chalatenango. Murió al tercer día. El responsable fue rechazado inmediatamente por la comunidad. “Hasta ahora no se sabe dónde estará”, señala el alcalde del municipio, Félix Moisés Lara. Esa sería la última vez que se hablaría de un asesinato en este poblado al oriente de la cabecera departamental.

El cabo encargado del puesto policial, Miguel López, lleva ahí ocho meses y reflexiona sobre esta inusual calma. “La tranquilidad yo se la atribuyo a la organización que tiene la gente. Hay directivas para todo y la Policía se siente cercana a la comunidad.”

Los hechos violentos que más se repiten ahora son los de carácter intrafamiliar. El año pasado se registraron 12 casos, uno por mes. Lara explica: “Uno de los temas que estamos trabajando es la equidad de género, para resolver el problema”.

El problema del alcoholismo se destaca como una segunda causa de preocupación, en una comunidad que prácticamente no consume bebidas embriagantes con frecuencia. Valles apunta: “No aceptamos que haya cantinas. Lo rechaza la gente. Aunque, claro, no falta uno que otro bolito que moleste”.

Pero ese bolito que pueda molestar no es gran problema, a juzgar por la tasa de homicidios del municipio, que se mantiene en cero.

Están tan organizados que cuentan con una directiva integrada por la policía, el juez de paz en el municipio, el párroco de la iglesia y representantes de la comunidad, y sirve para resolver todo tipo de problemas, incluso los de violencia. Lo hacen de forma conciliatoria sin que tenga que pasar directamente a la policía. “Todos empujamos la misma carreta. Somos humanos y todos nos equivocamos. Si se puede ayudar, es mejor sicológicamente que dando una moneda”, explica Quintanilla, quien por 12 años formó parte de la directiva.

Los pobladores, que viven del maíz, frijol, maicillo y ajonjolí, se consideran una gran familia. El próximo 20 de junio los poco más de 2 mil 200 habitantes oficiales de Las Flores se reunirán en el parque del barrio El Centro para festejar con cervezas y carne asada un aniversario más de la repoblación del lugar. Ahí estarán presentes los ocho agentes con los que cuenta el puesto policial, brindando una custodia que parece innecesaria.

En un municipio donde el 41.8% de los hogares vive bajo pobreza extrema, las pandillas no existen; y cuando ha habido señales de surgimiento, policía y comunidad han hablado con los jóvenes y los han convencido de desistir.


La paz de la que no se sabe
6 años sin homicidios
Pobreza-violencia: Un mito más que alianza
¿Cuántos policías tiene ese puesto?
La cuna de los homicidio
Cansado del acoso de la PNC



Agua Caliente, riqueza entre montañas

   


[ Portada | Nación | Economía | Departamentos | Departamento 15 | Gran San Salvador | Mundo | Deporte]
[ Fútbol Nacional [Opinión Editorial | Cultura | Multimedia | Vivir | Fama | Extremo | LPG Datos |  Especiales]
[ Enfoques | Revista Dominical | La Tribuna | El Heraldo ]

© Derechos Reservados : 1997 - 2005   | Aviso legal |   Escríbanos