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[ REPORTAJE]

Pablo Escobar Baños, subdirector de Seguridad Pública, PNC

¿Cuántos policías tiene ese puesto?
La Policía Nacional Civil tiene un centro criminológico que analiza la incidencia de muertes. En la rama de Seguridad Pública, hay 10 mil agentes que se dividen en tres turnos al día.

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Recomendaciones para controlarse

Evaluar objetivamente el manejo de la propia ira. Si en el hogar existen golpes, gritos y amenazas, ahí hay violencia y es preciso buscar ayuda para aprender a controlar el carácter. Los directores espirituales y los sicólogos son potenciales fuentes de ayuda.

Adquirir un hábito constructivo que contribuya a liberar estrés puede reducir la agresividad, como hacer deportes, la lectura, el arte y los entretenimientos.

Abandonar los hábitos que afectan la salud física y mental, como el alcoholismo y la ingesta de otras sustancias, permite a las personas tener un mayor control sobre su vida y sus acciones.

Los ejercicios en donde se aprende a relajar a voluntad los diferentes músculos del cuerpo tienen un gran efecto en la reducción de la tensión y disminuyen la tendencia a responder de forma agresiva a las demandas de cada día.

Dormir lo suficiente y buscar momentos de descanso para reposar el cuerpo y la mente contribuyen a reponer la fatiga y disminuyen la irritabilidad, el estrés y la agresividad.

Nadie mejor que él debería estar, en teoría, al tanto de los esfuerzos policiales contra la violencia en cada municipio. Mucho más de los lugares donde peligra la seguridad a falta de personal. El subdirector de Seguridad Pública de la Policía Nacional Civil, Pablo Escobar Baños, no sabe cuál es el municipio salvadoreño que en los últimos tres años se ha distinguido por tener la mayor tasa promedio de homicidios.

¿Cuál es el papel que juega la unidad de investigaciones de la Policía?

El centro criminológico hace siempre un análisis de los homicidios y el centro de inteligencia policial también trabaja el tema. El resto está a cargo de cada jefe policial, que debe estar al tanto de lo que sucede en su jurisdicción. A ellos se les ha dado un plan anual para tratar los temas de violencia. El centro criminológico trabaja más para el mando. Efectúan tres tipos de análisis: el del delito, donde se estudia la evolución que tienen los número de homicidios y nos sirve para distribuir los recursos; otro es el análisis de los actores, que tiene que ver con la víctima y los victimarios. Ciertos delitos determinan a la gente que hay que proteger y a quienes atacar. El último es el de control de la criminalidad, donde vemos cómo estamos realizando el trabajo. Eso nos ha servido para tener ahora patrulleros vestidos de civil en San Salvador.

¿Qué tanto pesa esa información a la hora de colocar un puesto policial y distribuir recursos?

Al principio, la Policía se desplegó sin mayor análisis. Lo que ahora pesa es la cantidad de población y la incidencia delincuencial, en esencia. Vemos también el territorio, porque a veces hay un puesto policial y a dos kilómetros se está pidiendo otro. Eso implica gasto para la Policía. Según nuestros análisis, deberíamos tener alrededor de 23 mil policías. Pero solo contamos con 16 mil, y en Seguridad Pública solo tenemos 10 mil trabajando.

¿Podría señalar cuál es el municipio con la mayor tasa de homicidios del país?

Si lo medimos por la jurisdicción administrativa, es San Salvador. Yo lo mido por el número de homicidios. Sacamos también por tasas de 100 mil habitantes. Pero si lo medimos así, tiene más tasas en San Vicente o sale otro departamento.

Encontramos a Nahulingo como el de mayor tasa de homicidios promedio de 2002 a 2004, y también descubrimos que ahí no hay un puesto policial.

Ese municipio lo ve la subdelegación de Sonsonate. Ahí había una dispersión de recursos demasiado grande. Los unimos y esa delegación ahora ve cuatro municipios: Sonsonate, Sonzacate, San Antonio del Monte y Nahulingo. El problema de Nahulingo es que ahí tiran los cadáveres.

¿Y eso cómo lo sabe la Policía?

Ahí los encontramos, dentro de vehículos o quemados en los cañales. En otros 36 municipios no se tiene seguridad pública y la incidencia delincuencial es poca.

¿Por qué no poner un puesto para controlar y conocer la forma de operar en Nahulingo?

Lo que sucede es que en la Policía le apostamos a la sectorización. En Sonzacate y San Antonio del Monte se hace una sectorización y tampoco hay puesto policial.

¿Conoce un municipio donde no haya homicidios desde hace varios años?

No lo sé, pero son varios. No tengo la estadística a la mano.

En Las Flores desde 1994 no hay un homicidio, pero sí un puesto policial. A lo mejor se podría destinar a Nahulingo.

No sé cuáles fueron los criterios en el despliegue policial para poner ahí un puesto. Nosotros trabajamos con estadísticas para desplegar policías desde 1999.

Sabiendo que se necesitan recursos en otro lugar, ¿entonces por qué no se cambia el puesto policial?

¿Pero cuántos policías tiene ese puesto?

En Las Flores hay ocho policías.

Lo mínimo para que pueda operar un puesto son 22 policías. Aquí tenemos una gran cantidad de puestos con ocho policías o menos. Muchos se abrieron en cantones y no en municipios. La gente los asocia a la seguridad. No les importa si hay dos o tres policías que ni van a poder salir a patrullar. Lo ideal sería conocer el problema de lo que pasa, por eso hemos echado a andar un plan para que la gente denuncie, y conocer la problemática a fondo.

¿Se ha estudiado por qué esos municipios son menos violentos?

Es lógico: la actividad comercial que hay en San Salvador desde luego que va a mover a más delincuentes. El consumo de alcohol en Morazán no es el mismo que en la capital. La cantidad de zonas marginales en San Salvador no las tienen allá. Y esos son lugares de donde sale gente que va a meterse en problemas. Según nuestros datos, tenemos que el departamento con más pandillas es la capital: más de 3 mil pandilleros. Si se tiene densidad poblacional y muchas pandillas, habrá problemas. En Morazán nos aparecen más de 50 pandilleros y en Chalatenango, unos 200.


Cómo domesticar a nuestro ogro interior

Muchas causas de la violencia escapan al radio de influencia de las personas, pero hay áreas en las que sí pueden actuar, como el manejo del estrés laboral y el esfuerzo consciente por motivar una convivencia armoniosa en el grupo familiar.

Por Sandra Interiano / Sicóloga

Quien lee estas líneas, en más de una ocasión puede haber sido testigo o protagonista de actos agresivos y violentos: gritos a familiares o compañeros de trabajo, insultos al peatón imprudente, conductores temerarios que sacan a otros de la carretera, el vecino que golpea a su compañera de vida, el niño que muere violentamente a manos de una madre iracunda.

Tanto la violencia, que cada vez impresiona menos, como la que se vive en medio del tráfico, así como aquella que corta la respiración por sus niveles de crueldad, es producida, mantenida y ejecutada por personas de todos los niveles socioeconómicos y culturales, zonas geográficas, edades, género y raza.

La agresividad es inherente al ser humano. La palabra proviene del latín

“aggredior” que significa acometer contra otra persona e implica provocación o ataque.

Para que un acto se considere agresivo debe existir la intención de causar daño físico, sicológico, social o de cualquier otra naturaleza, y que el daño provocado sea real.

La agresión está vinculada a emociones como el enojo, la ira, la frustración y el miedo que son las que generalmente acompañan a la conducta agresiva y generan violencia o un ambiente violento.

La agresividad ha contribuido, con los cambios que la evolución exige, a la preservación de la especie humana.

Aunque hoy en día existen mecanismos socialmente aceptables y civilizados (aunque no siempre disponibles) para sobrevivir, las condiciones que provocan una respuesta agresiva tienen que ver con la consecución del alimento y demás necesidades básicas, el control y la protección del territorio o la propiedad, y la conquista sexual.

Por esta razón, el entorno físico, sicológico y social en el que los individuos se desarrollan tiene la capacidad de alentar o desalentar la tendencia a responder de forma agresiva en la gente.

El control

Cada persona encuentra formas diversas para expresar o canalizar su agresividad. Algunas pueden ser inocuas; otras, altamente destructivas y generadoras de gran inestabilidad.

Sí, la agresividad es parte de las personas; también lo es la capacidad para ejercer control sobre emociones de toda índole y modificar aquellos comportamientos y actitudes que destruyen, restan calidad o terminan con la vida.

La expresión de la agresividad puede tomar formas que no repercutan negativamente en las personas, las familias, las comunidades y en general en la sociedad completa.

El clima de violencia que se vive en una comunidad suele ser producto de una gran cantidad de factores, muchos de los cuales se escapan del círculo de influencia de las personas, como la marginalidad social, la falta de oportunidades y los problemas en el control de armas de fuego.

Pero existen áreas en las que las personas sí pueden actuar, como el control de su temperamento, el manejo del estrés laboral y el esfuerzo consciente por motivar una convivencia armoniosa en el grupo familiar.


¿Agresivo, yo?

Las preguntas siguientes, contestadas con honestidad y a solas, pueden orientarle en el reconocimiento de su propia tendencia a ser agresivo o agresiva. Marque la respuesta que mejor represente su forma habitual de pensar o actuar.

1) A veces me cuesta controlar el deseo de golpear a otra persona.
2) Siempre que no estoy de acuerdo con los demás, termino discutiendo acaloradamente.
3) Soy de “mecha corta” cuando alguien o algo contraría mi voluntad.
4) He atacado físicamente a otras personas.
5) La mayor parte del tiempo respondo con insultos o golpes cuando alguien me agrede.
6) La mayor parte del tiempo estoy en desacuerdo con los demás.
7) Cuando siento cansancio o mucho estrés, siento como si fuera a estallar.
8) Soy una persona resentida que busca venganza de las ofensas recibidas.
9) Protejo mis derechos usando violencia.
10) Me han dicho que soy impulsivo/a.
11) La gente demasiado amable me da desconfianza.
12) He perdido el control de mis actos en varias ocasiones (con efectos del alcohol o sin ellos).
13) Creo que existen situaciones que ameritan ser arregladas a golpes.
14) Me parece que los demás me critican a mis espaldas.
15) He amenazado a personas conocidas o desconocidas.
16) Cuando siento furia puedo romper objetos o lanzarlos.
17) Siempre dejo saber a los demás que estoy molesto/a.
18) He perdido amistades o familiares por problemas de carácter.

Si responde afirmativamente al menos a seis de estas preguntas, es recomendable que busque ayuda con un/a profesional de la salud mental para evaluar sus niveles de agresividad y control de la ira.

FUENTE: Sandra Interiano, sicóloga.

 


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