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Nadie mejor que él debería estar, en teoría, al
tanto de los esfuerzos policiales contra la violencia en cada municipio.
Mucho más de los lugares donde peligra la seguridad a falta de
personal. El subdirector de Seguridad Pública de la Policía
Nacional Civil, Pablo Escobar Baños, no sabe cuál es el
municipio salvadoreño que en los últimos tres años
se ha distinguido por tener la mayor tasa promedio de homicidios.
¿Cuál es el papel que juega la unidad de investigaciones
de la Policía?
El centro criminológico hace siempre un análisis de los
homicidios y el centro de inteligencia policial también trabaja
el tema. El resto está a cargo de cada jefe policial, que debe
estar al tanto de lo que sucede en su jurisdicción. A ellos se
les ha dado un plan anual para tratar los temas de violencia. El centro
criminológico trabaja más para el mando. Efectúan
tres tipos de análisis: el del delito, donde se estudia la evolución
que tienen los número de homicidios y nos sirve para distribuir
los recursos; otro es el análisis de los actores, que tiene que
ver con la víctima y los victimarios. Ciertos delitos determinan
a la gente que hay que proteger y a quienes atacar. El último es
el de control de la criminalidad, donde vemos cómo estamos realizando
el trabajo. Eso nos ha servido para tener ahora patrulleros vestidos de
civil en San Salvador.
¿Qué tanto pesa esa información a la hora de
colocar un puesto policial y distribuir recursos?
Al principio, la Policía se desplegó sin mayor análisis.
Lo que ahora pesa es la cantidad de población y la incidencia delincuencial,
en esencia. Vemos también el territorio, porque a veces hay un
puesto policial y a dos kilómetros se está pidiendo otro.
Eso implica gasto para la Policía. Según nuestros análisis,
deberíamos tener alrededor de 23 mil policías. Pero solo
contamos con 16 mil, y en Seguridad Pública solo tenemos 10 mil
trabajando.
¿Podría señalar cuál es el municipio
con la mayor tasa de homicidios del país?
Si lo medimos por la jurisdicción administrativa, es San Salvador.
Yo lo mido por el número de homicidios. Sacamos también
por tasas de 100 mil habitantes. Pero si lo medimos así, tiene
más tasas en San Vicente o sale otro departamento.
Encontramos a Nahulingo como el de mayor tasa de homicidios promedio
de 2002 a 2004, y también descubrimos que ahí no hay un
puesto policial.
Ese municipio lo ve la subdelegación de Sonsonate. Ahí
había una dispersión de recursos demasiado grande. Los unimos
y esa delegación ahora ve cuatro municipios: Sonsonate, Sonzacate,
San Antonio del Monte y Nahulingo. El problema de Nahulingo es que ahí
tiran los cadáveres.
¿Y eso cómo lo sabe la Policía?
Ahí los encontramos, dentro de vehículos o quemados en
los cañales. En otros 36 municipios no se tiene seguridad pública
y la incidencia delincuencial es poca.
¿Por qué no poner un puesto para controlar y conocer
la forma de operar en Nahulingo?
Lo que sucede es que en la Policía le apostamos a la sectorización.
En Sonzacate y San Antonio del Monte se hace una sectorización
y tampoco hay puesto policial.
¿Conoce un municipio donde no haya homicidios desde hace varios
años?
No lo sé, pero son varios. No tengo la estadística a la
mano.
En Las Flores desde 1994 no hay un homicidio, pero sí un puesto
policial. A lo mejor se podría destinar a Nahulingo.
No sé cuáles fueron los criterios en el despliegue policial
para poner ahí un puesto. Nosotros trabajamos con estadísticas
para desplegar policías desde 1999.
Sabiendo que se necesitan recursos en otro lugar, ¿entonces
por qué no se cambia el puesto policial?
¿Pero cuántos policías tiene ese puesto?
En Las Flores hay ocho policías.
Lo mínimo para que pueda operar un puesto son 22 policías.
Aquí tenemos una gran cantidad de puestos con ocho policías
o menos. Muchos se abrieron en cantones y no en municipios. La gente los
asocia a la seguridad. No les importa si hay dos o tres policías
que ni van a poder salir a patrullar. Lo ideal sería conocer el
problema de lo que pasa, por eso hemos echado a andar un plan para que
la gente denuncie, y conocer la problemática a fondo.
¿Se ha estudiado por qué esos municipios son menos
violentos?
Es lógico: la actividad comercial que hay en San Salvador desde
luego que va a mover a más delincuentes. El consumo de alcohol
en Morazán no es el mismo que en la capital. La cantidad de zonas
marginales en San Salvador no las tienen allá. Y esos son lugares
de donde sale gente que va a meterse en problemas. Según nuestros
datos, tenemos que el departamento con más pandillas es la capital:
más de 3 mil pandilleros. Si se tiene densidad poblacional y muchas
pandillas, habrá problemas. En Morazán nos aparecen más
de 50 pandilleros y en Chalatenango, unos 200.
Cómo domesticar a nuestro ogro interior
Muchas causas de la violencia escapan al radio de influencia de las personas,
pero hay áreas en las que sí pueden actuar, como el manejo
del estrés laboral y el esfuerzo consciente por motivar una convivencia
armoniosa en el grupo familiar.
Por Sandra Interiano / Sicóloga
Quien lee estas líneas, en más de una ocasión puede
haber sido testigo o protagonista de actos agresivos y violentos: gritos
a familiares o compañeros de trabajo, insultos al peatón
imprudente, conductores temerarios que sacan a otros de la carretera,
el vecino que golpea a su compañera de vida, el niño que
muere violentamente a manos de una madre iracunda.
Tanto la violencia, que cada vez impresiona menos, como la que se vive
en medio del tráfico, así como aquella que corta la respiración
por sus niveles de crueldad, es producida, mantenida y ejecutada por personas
de todos los niveles socioeconómicos y culturales, zonas geográficas,
edades, género y raza.
La agresividad es inherente al ser humano. La palabra proviene del latín
aggredior que significa acometer contra otra persona e implica
provocación o ataque.
Para que un acto se considere agresivo debe existir la intención
de causar daño físico, sicológico, social o de cualquier
otra naturaleza, y que el daño provocado sea real.
La agresión está vinculada a emociones como el enojo,
la ira, la frustración y el miedo que son las que generalmente
acompañan a la conducta agresiva y generan violencia o un ambiente
violento.
La agresividad ha contribuido, con los cambios que la evolución
exige, a la preservación de la especie humana.
Aunque hoy en día existen mecanismos socialmente aceptables y
civilizados (aunque no siempre disponibles) para sobrevivir, las condiciones
que provocan una respuesta agresiva tienen que ver con la consecución
del alimento y demás necesidades básicas, el control y la
protección del territorio o la propiedad, y la conquista sexual.
Por esta razón, el entorno físico, sicológico y
social en el que los individuos se desarrollan tiene la capacidad de alentar
o desalentar la tendencia a responder de forma agresiva en la gente.
El control
Cada persona encuentra formas diversas para expresar o canalizar su
agresividad. Algunas pueden ser inocuas; otras, altamente destructivas
y generadoras de gran inestabilidad.
Sí, la agresividad es parte de las personas; también lo
es la capacidad para ejercer control sobre emociones de toda índole
y modificar aquellos comportamientos y actitudes que destruyen, restan
calidad o terminan con la vida.
La expresión de la agresividad puede tomar formas que no repercutan
negativamente en las personas, las familias, las comunidades y en general
en la sociedad completa.
El clima de violencia que se vive en una comunidad suele ser producto
de una gran cantidad de factores, muchos de los cuales se escapan del
círculo de influencia de las personas, como la marginalidad social,
la falta de oportunidades y los problemas en el control de armas de fuego.
Pero existen áreas en las que las personas sí pueden actuar,
como el control de su temperamento, el manejo del estrés laboral
y el esfuerzo consciente por motivar una convivencia armoniosa en el grupo
familiar.
¿Agresivo, yo?
Las preguntas siguientes, contestadas con honestidad y a solas, pueden
orientarle en el reconocimiento de su propia tendencia a ser agresivo
o agresiva. Marque la respuesta que mejor represente su forma habitual
de pensar o actuar.
1) A veces me cuesta controlar el deseo de golpear a otra persona.
2) Siempre que no estoy de acuerdo con los demás, termino discutiendo
acaloradamente.
3) Soy de mecha corta cuando alguien o algo contraría
mi voluntad.
4) He atacado físicamente a otras personas.
5) La mayor parte del tiempo respondo con insultos o golpes cuando alguien
me agrede.
6) La mayor parte del tiempo estoy en desacuerdo con los demás.
7) Cuando siento cansancio o mucho estrés, siento como si fuera
a estallar.
8) Soy una persona resentida que busca venganza de las ofensas recibidas.
9) Protejo mis derechos usando violencia.
10) Me han dicho que soy impulsivo/a.
11) La gente demasiado amable me da desconfianza.
12) He perdido el control de mis actos en varias ocasiones (con efectos
del alcohol o sin ellos).
13) Creo que existen situaciones que ameritan ser arregladas a golpes.
14) Me parece que los demás me critican a mis espaldas.
15) He amenazado a personas conocidas o desconocidas.
16) Cuando siento furia puedo romper objetos o lanzarlos.
17) Siempre dejo saber a los demás que estoy molesto/a.
18) He perdido amistades o familiares por problemas de carácter.
Si responde afirmativamente al menos a seis de estas preguntas, es recomendable
que busque ayuda con un/a profesional de la salud mental para evaluar
sus niveles de agresividad y control de la ira.
FUENTE: Sandra Interiano, sicóloga.
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