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Salvadoreña apareció con JLo en “¿Bailamos?”

Willian Carballo
fama@laprensa.com.sv

La historia en cuatro pasos de Susana Castillo, que más que una bailarina que compartió unos minutos en una escena con la boricua, es una salvadoreña que estudia danza y actuación y que pretende entrar de lleno al cine.

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Recuerdo Fotografía hecha a una edición de la revista “People” (agosto de 2004), en donde aparece una escena de la cinta. Susana luce al fondo, mientras Jennifer López, en primer plano, muestra su talento.


Me gustaría entrar más de lleno en la actuación, trabajar y llegar un día al mismo nivel de ella (Jennifer López).”

Arte, por donde se le mire
Susana Castillo ha tenido, a sus 21 años, una vida repleta de manifestaciones artísticas. Cuenta que hace mucho tiempo —no recuerda la fecha exacta—, hizo comerciales junto a Willie Maldonado. Ha estudiado danza en Canadá y pretende estudiar cine y canto en Nueva York. Se le podía observar en agencias de colocación de artistas, como en www.actra.com. Ahí, cuando los productores o directores quieren a cierta persona con características bien específicas para equis personaje, la buscan.

Paso de baile número 1: introducción

Tiene unas caderas hechas para verlas bailar y la piel trigueña, como Jennifer López. Llegó aquella tarde a la redacción de este periódico con su figura de bailarina profesional debajo de un vestido colorido y bofito que —valga la trillada metáfora, aquí sí se aplica— bailaba al ritmo del viento y dejaba adivinar, en la silueta, la profesión de la dueña.

Traía consigo dos cosas. En la mano, fotografías de ella en compañía de Stanley Tucci, actor coprotagonista, junto a Richard Gere y la misma JLo, de la película “Shall we dance?” (“¿Bailamos?”), todavía en cartelera en algunas salas del país y a disposición en los rentavideos locales. Lo demás que traía consigo venía en sus labios: “Yo salí en esa pelí-cula”.

Se llama Susana Castillo. Es salvadoreña y vive en Canadá desde hace 15 años. Ahí, la hormiguita del baile y la actuación le recorrió el cuerpo y, como diría Joaquín Sabina, aprendió que “bailar es soñar con los pies”. Actuar, hacerlo con el alma.

Un día, con la suerte mirando al lado de su calle, la producción de “¿Bailamos?” llegó a su ciudad, Winnipeg —donde se grabarían algunas escenas del filme— en busca de extras para una colosal escena de baile. Ella dijo: “Esta es la mía”. Y tanto que lo fue.

Llegaron mil a aquel coladero. Nuestra chica, originaria de San Salvador, tenía que poder menear la figura con arte al ritmo de rumba, chacha y otros bailes de salón. “Fui a verla a la audición y me sentí contenta de verla bailando”, dice su madre, Esperanza. Al final, 16 quedaron, incluyendo a su hija. Esperanzas cumplidas.

Paso número 2: la escena

La película es una declaración de amor al baile. John Clark (Richard Gere) es un hombre que en búsqueda de matar su mísera rutina de abogado y marido decide inscribirse en una escuela de danza latina. Ahí, adivinan, conoce a Jennifer, la sensual y misteriosa maestra del lugar.

Nos ahorramos el resto de secretos de la trama por respeto a los que aún no la han visto —vamos, que tampoco fue una megapelícula alabada por la crítica, valga la aclaración— y nos situamos casi al final: la boricua es homenajeada en una fiesta repleta de bailarines. Ahí están sus allegados. Ahí hay coreografías. Ahí, justamente, es donde entra Susana.

“Salgo como una de sus amigas”, bailando y viendo a los protagonistas sin interactuar directamente con la actriz, dice la salvadoreña, con un acento menos americanizado que JLO —quien habla muy mal español para ser latina, por cierto—, pero con un leve toque de la cultura del norte del continente “bailándole” en la garganta.

Para suerte de Susana, su rostro —“ok”, la mitad de él— quedó inmortalizado en un fotografía captada de la cinta y que, para muestra, publicó la revista “ People” en inglés en un reportaje sobre la obra fílmica (ver reproducción). Sí, para suerte. Porque entrar en ese mundo e intentar quedarse con una raja de recuerdos junto a las estrellas suele ser más difícil que enseñarle a bailar salsa a un canadiense.

Paso número 3: el ambiente

“Para conseguir las fotos —con Stanley Tucci— tuve que meter cámaras a escondidas”, revela.

¿Algún autógrafo de JLo? ¡Qué va! Aunque reconoce que es muy profesional, una gran bailarina, “uno siempre debe mantener la distancia con ella”. Un ejemplo: cuando decían “corte”, ella agarraba por su lado; el resto de actores y extras, por el suyo. A lo mucho, cuando su entonces novio Ben Affleck la llegaba a ver, se le colgaba del cuello y lo besaba. Cosas de divas. Desplantes.

Richard Gere sí es otra onda. Y aunque hacer los pasos que debía aprender le sacó más canas de las que ya tiene, “se quedaba con nosotros” entre escena y escena, cuenta Susana, sonriendo.

Paso número 4: el futuro

La película pasó. La aparición fue breve, pero lo que se viene, largo, al menos así lo espera la joven Susana.

La bailarina salvadoreña dijo en su momento que tiene ganas de meterse por completo al mundo de la actuación y del canto. Tiene sueños: “Si ella (Jennifer López) puede cantar, también yo”. Para eso ha estudiado actuación y su nombre figura en agencias que se encargan de colocar actrices en programas de televisión o en películas (ver recuadro).

Pero el mundo artístico es fiero. Susana lo conoció y cuenta que fue testigo de cómo algunos con poder piden cuerpo a cambio de papeles. “Eso es lo negativo del ambiente”, dice.

Pero ella sabe que también vale el talento, y a eso le apuesta. Y para pulirlo “sigo preparándome”, explicó al final de la plática.

Luego tomó las fotos que traía en la mano, el pregón en los labios y dejó a cambio los contactos para cuando una oportunidad, quizás en Hollywood, la invite a bailar. Mientras, pendientes. Tan, tan.



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