Varias ceremonias en toda Europa conmemoraron el 60.º aniversario de la capitulación
de la Alemania nazi en 1945, antes del acto principal que se realizará hoy en
Moscú con la presencia de prominente figuras políticas a escala mundial.
En el cementerio militar de Margraten, en Holanda, el presidente estadounidense,
George W. Bush, rindió un homenaje a los soldados estadounidenses muertos en combates
por la defensa de la democracia contra Alemania.
La victoria aliada fue
celebrada también en París y Londres. El presidente francés, Jacques Chirac, depositó
una ofrenda en la tumba del soldado desconocido en el Arco del Triunfo; mientras
que en Londres, el príncipe Carlos rindió un homenaje similar en el Cenotaphe,
un lugar en memoria de la guerra, en pleno centro de la capital.
En Berlín,
centenares de personas caminaron hacia la Puerta de Brandeburgo, donde se celebran
las ceremonias bajo el lema “lucha contra la extrema derecha y la intolerancia”.
El partido neonazi NPD convocó a una marcha para protestar contra lo que llaman
“la mentira de la liberación”.
En Polonia, en Wroclaw (Breslau),
el presidenteAleksander Kwasniewski rindió un homenaje al Ejército Rojo, no sin
dejar de reclamar la verdad histórica sobre los crímenes del estalisnismo.
Hoy,
el presidente ruso Vladimir Putin será el anfitrión de unas 60 figuras en la política
internacional para celebrar esta fecha histórica.
El líder soviético,
aclamado y criticado, revive en las principales calles de Moscú en conmemoraciones.
Stalin
ha sido siempre una figura contradictoria en Rusia. Algunos lo consideran un poderoso
líder que fortaleció a su país y lo condujo a la victoria
contra los nazis. Otros, como un tirano que causó la muerte de decenas
de millones de sus compatriotas.
Bajo el gobierno del presidente
Vladimir Putin, Stalin parece estar retornando del olvido. Se han ordenado varios
monumentos para representar su figura, en tanto las críticas a su dictadura
son silenciadas.
Luego de una ola de críticas tras
la muerte de Stalin en 1953, y de la revelación de sus crímenes,
el Kremlin no ha querido opinar acerca de Stalin en años recientes. Putin
ha expresado en muy raras ocasiones alguna crítica severa hacia el heredero
de Lenin.
Los críticos dicen que la falta de los
líderes rusos en condenar los crímenes de Stalin significa abolir
los valores por los cuales combatieron los aliados.
Pero
el Kremlin tendría razones más pragmáticas para su silencio.
Recientes encuestas de opinión indican que casi la mitad de los rusos tiene
un punto de vista positivo sobre Stalin, y atribuyen a su liderazgo la victoria
soviética en la gran guerra patriótica, como es conocida
la Segunda Guerra Mundial en Rusia.