Hasta el año pasado, el Comité de Emergencia Nacional (COEN) tenía establecido
tres tipos de alerta: la verde, la amarilla y la roja. Pero este año, se ha incorporado
una cuarta, la alerta naranja, que busca volver más efectivas las respuestas que
las instituciones de rescate den ante una situación de emergencia.
De este
modo, no habrá grandes márgenes de diferencia entre un nivel y otro, lo que permitirá
tener claras las acciones que se deben tomar para dar respuesta.
La alerta
verde es que denota la amenaza de que un fenómenos natural pueda causar daños
en las comunidades de riesgo identificadas. En consecuencia, se establece una
vigilancia permanente del evento y las instituciones involucradas entran en un
estado de emergencia permanente.
Le sigue la alerta amarilla, que indica
que la amenaza ha aumentado y hay un 50 por ciento de probabilidades de que el
evento natural vaya a impactar al territorio nacional. “Hay un mayor grado
de certeza de peligro”, reza el plan de invierno, elaborado por el COEN.
Ante ella, los sistemas operativos deben identificar con claridad rutas
de llegadas y evacuación, y lo referente a la respuesta que darán.
A continuación,
se ha incluido desde ahora la nueva alerta, la naranja. Cuando esta entra en vigor
es porque el fenómeno ya causó algún tipo de daños y el nivel de riesgo creció
arriba del 75 por ciento. Con esto, inician las evacuaciones en las zonas consideradas
de alto riesgo, y los grupos de rescate están activos.
Cuando el evento
ya causó daños de gran intensidad en personas, bienes o en el medio ambiente,
el COEN comienza a operar bajo la alerta roja. Las acciones posteriores están
indicadas en el plan de invierno y conllevan, entre otras cosas, poder disponer
de los recursos de emergencia que se necesiten para dar seguridad y salvaguarda
a la población afectada.
El
plan de invierno del COEN para este año no presenta ninguna modificación
en el número de comunidades en riesgo. La cantidad, 733 a escala nacional,
se mantiene respecto al año pasado. Ellas, un 40 por ciento está
en riesgo por deslizamientos y un 60 por inundación.
Las
causas por las cuales El Salvador experimenta inundaciones están concentradas
en los desbordamientos de varios afluentes que atraviesan su territorio, a causa
de las lluvias torrenciales. Entre los afluentes con mayor riesgo de desborde
están el Lempa, Jiboa, Tamulasco en Chalatenango, San Francisco Gotera,
Grande de San Miguel y el río Paz en Ahuachapán.
La
ubicación geográfica propicia recibir lluvias. Está
en la ruta de afectación de fenómenos que se originan en el Atlántico
y en el Pacífico, explicó Raúl Murillo, meteorólogo
del COEN.