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Juego de presiones
El Salvador: Centro Financiero Regional

Claudio M. de Rosa / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
abansacaro@integra.com.sv

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El Salvador tiene la gran oportunidad de emular a Luxemburgo, el octavo centro financiero más grande del mundo, donde el sector financiero y actividades correlacionadas contribuyen con el 40% del PIB. El Salvador, ubicado en el centro de Centroamérica, posee una legislación financiera avanzada en continua revisión y ajuste, instituciones bancarias modernas, con mayoritaria participación extranjera y fuerte presencia en toda la región.

Por tanto, el sistema financiero tiene las capacidades para consolidar su liderazgo, facilitar la integración financiera y económica regional y ser protagonista en la generación de empleos de calidad y de riqueza nacional.

Aún existe una gran cantidad de personas que no valoran adecuadamente el aporte de las actividades de servicios al quehacer nacional e incluso su contribución aún está subestimada en el PIB, lo que afecta su resultado efectivo.

En Luxemburgo, país de menor población y extensión geográfica, el déficit comercial —mayores importaciones que exportaciones— es similar al de El Salvador, pero al sumar los servicios, los luxemburgueses logran un impresionante superávit de $6 mil millones, de los cuales también se reciben impuestos, se fortalecen empresas, generan empleos y permiten, así, tener el mayor ingreso por persona en el mundo.

El Salvador tiene una gran oportunidad de convertirse en el Centro Financiero de Centroamérica, con una extensión natural de su mercado en los Estados Unidos, donde vive una parte importante de su población, la cual tiene un poder adquisitivo varias veces mayor al local y de donde proviene la mayor parte de las remesas familiares. Si los servicios financieros logran una efectiva apertura de las autoridades estadounidenses, entonces podrán brindar servicios bancarios completos y dejar de ser fundamentalmente eficientes entidades remesadoras.

Esto debe cambiar, ya que en la medida que se establece un vínculo financiero sólido, las remesas podrán tener un mayor uso de inversión y los empresarios centroamericanos en el istmo y en los Estados Unidos podrán ser acompañados y apoyados en sus inversiones para expandir sus mercados o conquistar otros nuevos.

El Salvador como Centro Financiero Regional permitiría un importante aumento de empleos de calidad, que abre oportunidades a profesionales y técnicos, donde la mujer tiene una presencia importante. El 56% de los trabajadores del sistema bancario salvadoreño son mujeres y en áreas como jefes de sucursales y agencias llegan a 64% y en ejecutivos y promotores de negocios, 70%. El sector bancario provee un ambiente estable de empleo, donde más de dos tercios de los 11,150 empleados actuales tienen más de tres años de permanencia y el 57% son profesionales. También ofrece oportunidades a los jóvenes, de modo que el 67% son personas menores de 35 años.

Convertir a El Salvador en un Centro Financiero podría significar un aumento del empleo directo en bancos e instituciones financieras no bancarias de 3 a 4 veces más y, junto con el empleo indirecto, alcanzar a trescientas mil personas, con lo que se potencia un mejor nivel y calidad de vida.

Una expansión de este tipo del sector financiero, con reconocimiento internacional y una marcada presencia extranjera, también genera una vinculación a otras diferentes actividades que son potenciadas tanto por la mayor disponibilidad de recursos financieros como por un aumento de la demanda.

Si se suman a esto todas las actividades de servicios que están posicionándose en El Salvador, telecomunicaciones, electricidad, ampliaciones portuarias, empresas tecnológicas y turismo, entre otros, se tiene que el país está frente a una gran oportunidad de transformar significativamente su base productiva y ubicarse ventajosamente en la globalización.

Esto pone al país ante grandes desafíos: el sistema judicial debe mejorar significativamente para generar la confianza que demandan los inversionistas; la violencia, que también impone altos costos de operación, debe ser combatida con toda decisión; y los políticos deben entrar en una rápida evolución modernizadora para asegurar las reglas del juego y la estabilidad sociopolítica nacional. Sin esto, difícil lograr la transformación nacional para generar mayor progreso.



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