El
Salvador tiene la gran oportunidad de emular a Luxemburgo, el octavo centro financiero
más grande del mundo, donde el sector financiero y actividades correlacionadas
contribuyen con el 40% del PIB. El Salvador, ubicado en el centro de Centroamérica,
posee una legislación financiera avanzada en continua revisión y ajuste, instituciones
bancarias modernas, con mayoritaria participación extranjera y fuerte presencia
en toda la región.
Por tanto, el sistema financiero tiene las capacidades
para consolidar su liderazgo, facilitar la integración financiera y económica
regional y ser protagonista en la generación de empleos de calidad y de riqueza
nacional.
Aún existe una gran cantidad de personas que no valoran
adecuadamente el aporte de las actividades de servicios al quehacer nacional e
incluso su contribución aún está subestimada en el PIB, lo que afecta su resultado
efectivo.
En Luxemburgo, país de menor población y extensión geográfica,
el déficit comercial —mayores importaciones que exportaciones— es
similar al de El Salvador, pero al sumar los servicios, los luxemburgueses logran
un impresionante superávit de $6 mil millones, de los cuales también se reciben
impuestos, se fortalecen empresas, generan empleos y permiten, así, tener el mayor
ingreso por persona en el mundo.
El Salvador tiene una gran oportunidad
de convertirse en el Centro Financiero de Centroamérica, con una extensión natural
de su mercado en los Estados Unidos, donde vive una parte importante de su población,
la cual tiene un poder adquisitivo varias veces mayor al local y de donde proviene
la mayor parte de las remesas familiares. Si los servicios financieros logran
una efectiva apertura de las autoridades estadounidenses, entonces podrán brindar
servicios bancarios completos y dejar de ser fundamentalmente eficientes entidades
remesadoras.
Esto debe cambiar, ya que en la medida que se establece un
vínculo financiero sólido, las remesas podrán tener un mayor uso de inversión
y los empresarios centroamericanos en el istmo y en los Estados Unidos podrán
ser acompañados y apoyados en sus inversiones para expandir sus mercados o conquistar
otros nuevos.
El Salvador como Centro Financiero Regional permitiría
un importante aumento de empleos de calidad, que abre oportunidades a profesionales
y técnicos, donde la mujer tiene una presencia importante. El 56% de los trabajadores
del sistema bancario salvadoreño son mujeres y en áreas como jefes de sucursales
y agencias llegan a 64% y en ejecutivos y promotores de negocios, 70%. El sector
bancario provee un ambiente estable de empleo, donde más de dos tercios de los
11,150 empleados actuales tienen más de tres años de permanencia y el 57% son
profesionales. También ofrece oportunidades a los jóvenes, de modo que el 67%
son personas menores de 35 años.
Convertir a El Salvador en un Centro
Financiero podría significar un aumento del empleo directo en bancos e instituciones
financieras no bancarias de 3 a 4 veces más y, junto con el empleo indirecto,
alcanzar a trescientas mil personas, con lo que se potencia un mejor nivel y calidad
de vida.
Una expansión de este tipo del sector financiero, con reconocimiento
internacional y una marcada presencia extranjera, también genera una vinculación
a otras diferentes actividades que son potenciadas tanto por la mayor disponibilidad
de recursos financieros como por un aumento de la demanda.
Si se suman
a esto todas las actividades de servicios que están posicionándose en El Salvador,
telecomunicaciones, electricidad, ampliaciones portuarias, empresas tecnológicas
y turismo, entre otros, se tiene que el país está frente a una gran oportunidad
de transformar significativamente su base productiva y ubicarse ventajosamente
en la globalización.
Esto pone al país ante grandes desafíos: el
sistema judicial debe mejorar significativamente para generar la confianza que
demandan los inversionistas; la violencia, que también impone altos costos de
operación, debe ser combatida con toda decisión; y los políticos deben entrar
en una rápida evolución modernizadora para asegurar las reglas del juego y la
estabilidad sociopolítica nacional. Sin esto, difícil lograr la transformación
nacional para generar mayor progreso.