Existen
mujeres que a pesar de que dieron a luz a su bebé no se sienten con la capacidad
de cuidarlos o amarlos. Otras fallecen al momento del alumbramiento o años después,
dejando a sus niños desprotegidos.
También existen mujeres con el deseo
de velar por el bienestar de la niñez. Por lo que toman la decisión de no casarse
y de no tener hijos propios para dedicarse a ser madres de niños que no cuentan
con el amor ni el apoyo de su familia biológica. Muestra clara de esta vocación
son las madres SOS, quienes tienen a su cargo la educación, amor, cuidado y protección
de una decena de infantes residentes dentro de las aldeas infantiles.
“Generalmente,
las madres SOS son mujeres solteras entre 25 a 35 años. Todas ellas tienen vocación
de madre, y aunque no tienen la maternidad biológica, sí han desarrollado la maternidad
social”, explicó Jeanethe de Castillo, psicóloga de una de las aldeas SOS.
“Los niños que ellas tienen a su cargo las ven como las madres y se identifican
con el hogar y con esa figura materna que ellas representan”, añadió la
especialista.
En efecto, los niños y niñas, aunque algunas veces son rebeldes
y otra dulces, terminan amándolas.
“Desde que yo tenía siete años,
ella es mi mamá (Valvina Ruiz). Ella es muy cariñosa, también nos ayuda cuando
tenemos problemas, nos comprende. Lo que más me gusta es cuando ella me cuenta
cosas y yo le cuento mis cosas a ella”, dijo Johana, una jovencita de 15
años, quien reside en la aldea SOS en Santa Tecla.
“Mi mamá (María
Alfaro) es amable, cariñosa, responsable”, añadió Evelyn Martínez, de 11
años.
Pero a los hogares SOS no solo acuden niños, también son albergados
bebés que jamás han visto a sus padres naturales. Estos pequeños, por lo general,
crecen pensando que las madres SOS son sus progenitoras.
“Para mí,
como madre, el momento más duro es cuando uno de los niños que me trajeron desde
bebés se entera de que no soy su verdadera madre”, dijo con tristeza María
Orantes, de 45 años, quien desde hace 21 es una madre SOS.
“Recientemente,
a una de mis hijas le dijeron que yo no era su madre, todo por el descuido de
la maestra. Aquí les decimos la verdad, pero todo es un proceso para que ellos
sufran menos”, continuó relatando.
Pero el vínculo madre e hijo SOS
no se rompe a pesar de que los niños y niñas crecen, se independizan o se enteran
de su origen. Al contrario, el amor y agradecimiento que sienten por las mujeres
que los criaron continúa a pesar de todo.
“Yo me siento una madre
realizada porque veo que mis hijos me consideran su verdadera madre, incluso cuando
ellos crecen les enseñan a sus hijos que me amen como su abuela”, dijo Valvina
Ruiz, quien desde hace 20 años es madre SOS.
Pasos para ser mamá
Pero
no todas las mujeres que laboran en Aldeas Infantiles tienen la dicha de ser madres
SOS. Al contrario, este tipo de trabajo requiere que las candidatas pasen por
todo un proceso de capacitaciones sobre alimentación, trato hacia los niños, manejo
del presupuesto del hogar y, sobre todo, tienen que estar verdaderamente convencidas
de su vocación.
“Se procura que la persona que se queda como madre
en el hogar esté segura de su vocación, pues si ellas se van, los niños se desestabilizan
emocionalmente, ya no saben si decirle mamá también a la otra persona que tome
su lugar”, explicó la psicóloga.
Pero este no ha sido el caso de Valvina
Ruiz, María del Carmen Orantes ni de María Luisa Alfaro. Al contrario, las tres
madres SOS tienen dos décadas de estar al servicio de la niñez más vulnerable.
“A
Ilobasco llegaron a buscar a mujeres solteras o viudas que quisieran trabajar
como mamás SOS. Yo dije ‘voy a ir a las aldeas a ver si me aceptan’.
Fui y me pareció una obra muy bonita”, confesó María Alfaro, madre de 10
niños.
“Yo vine a las aldeas a los 19 años, me inicié como tía y
anduve cubriendo hogares, conociendo a los niños, aprendiendo a ser mamá”,
recordó Valvina Ruiz.
El reto de cada día
Pero no todo es amor
y felicidad. “Cada vez es más difícil porque hay más niños rebeldes o nos
faltan el respeto, y eso duele porque uno los ha criado”, lamentó María
Alfaro. “También es un gran reto ayudarles para que no sientan rencor por
no tener el cariño de su propia familia”, dijo.
“Nosotras luchamos
por que este hogar SOS sea como una familia natural. Yo no siento la diferencia.
Aquí los niños ríen, pelean, juegan ”, contó Valvina.
“Para
mí, este hogar, después de mi familia, es lo más importante, por eso trato de
seguirme capacitando en beneficio de los niños”, añadió Orantes.
Pero
el sacrificio que realizan Valvina, María Orantes y María Alfaro no es en vano,
y tiene la recompensa de que decenas de pequeños que se sintieron solos ahora
cuentan con el amor de una verdadera madre.