Su
misión es atender las llamadas telefónicas de pedidos de una empresa de materiales
para la construcción.
Milagro González Castro acaba de incorporarse nuevamente
a su empleo, pero no se siente intranquila, no puede sacarse de la cabeza la imagen
de su pequeña recién nacida a pesar de que quien la cuida es su hermana.
“Mi
hermana se enoja porque dice que mucho llamo a la casa para saber cómo está Gabrielita”,
dice Milagro.
Punto y aparte de sentirse intranquila por el hecho de separarse
de su hijita, esta salvadoreña de 27 años confiesa sentirse mal por las libras
que aumentó durante su embarazo. De hecho, los comentarios de sus compañeras son
sobre cómo quedó de gorda.
“Me siento tan mal que hasta poquita leche
me está saliendo, se me está secando”, se lamenta.
Milagro está pasando
por una etapa muy dura. Es madre primeriza y tiene muchas dudas.
“Mi
esposo me dice que me tranquilice, que no sea tan negativa, pero es que la verdad
me cuesta trabajo no preocuparme por la niña”, advierte.
Y tiene toda
la razón de sentirse así, porque nadie puede cuidar a un recién nacido mejor que
su propia madre, aunque hay, por supuesto, excepciones.
El preocuparse de
tal manera está llevando a Milagro a caer en ciertas fallas laborales que ella
misma reconoce, pero que aún no han sido detectadas por sus jefes.
El caso
de Teresa Jiménez, de 35 años, es distinto. Es madre de tres pequeños de siete
y cinco años y de un recién nacido.
Jiménez asegura que para ella no ha
sido difícil integrarse al trabajo después de su primer hijo.
“Ya
con el segundo iba preparada y no se diga para el tercero”, apunta esta
madre.
“Para mí no ha sido ningún problema. Claro, cuento con el apoyo
de mi madre, quien me ayuda en el cuido de los niños y eso me hace también sentirme
completamente tranquila, porque si no, no trabajara a gusto”, agrega esta
profesional de la computación.
Es difícil, pero se puede
La
psicóloga Sandra Interiano dice que el regreso al trabajo después de haberse convertido
en madre es duro, porque desvincularse del hijo que es tan dependiente de su madre
es difícil.
“Sin embargo, para muchas mujeres también es una oportunidad
de hacer un cambio en la rutina pesada de atender 24 horas a un recién nacido”,
agrega la profesional.
El permiso de maternidad dura tres meses y es un
período que debe hacerse respetar. En el caso de no ser así, la empleada está
en todo su derecho de poder hacer la denuncia ante las autoridades correspondientes
(el Ministerio de Trabajo brinda asesoría en este sentido).
La profesional
advierte que se deben respetar los tres meses no solo por la parte laboral, sino
porque a los tres meses muchos bebés aún no tienen un patrón de sueño regular
y desvelan a una mamá que tendrá esfuerzo extra si va a trabajar.
Por otra
parte, está comprobado que una separación antes de tiempo perjudica a los bebés
porque no les permite crear confianza ni sentirse seguros, ya que la mamá los
deja muy rápido y regresa cansada de la jornada laboral a cuidarlos.
A todo
lo anterior se suma la angustia de quién será el cuidador del bebé y si la madre
confía en esa persona o se lo deja porque no le queda opción.
“El
esfuerzo de establecer buenas rutinas de sueño y alimentación permiten una separación
más exitosa”, asegura Interiano.
De igual manera, existen formas de
prepararse mentalmente para que el momento de la separación no sea tan traumático.
“Se
pueden crear pequeñas separaciones antes de volver al trabajo para que tanto la
madre como el bebé se vayan, de alguna manera, entrenando. No debe olvidarse también
que debe prepararse la manera de sacarse la leche para que el fin del permiso
por maternidad no sea el fin de la lactancia”, enfatiza la psicóloga.
Mientras
se trabaja, una, dos o más llamadas durante el día son suficientes para supervisar
al cuidador del bebé en las primeras semanas de vuelta al trabajo.
“La
clave de todo está en tener un cuidador de confianza y tener una actitud positiva
y entusiasta al volver a la actividad laboral”, concluye Interiano.