A
pesar de las nuevas tecnologías y de tantos avances científicos, visitar a los
amigos, colegas o familiares siempre es una necesidad social que se valora y se
aprecia en cualquier país.
Algunas reglas son: cuando llegamos al hogar
de un colega, no olvidemos que estamos entrando en la intimidad de la vida familiar,
por lo que es sumamente apreciado si primero avisamos antes de llegar para saber
si es buen momento para presentarse en la casa.
También es importante cuidar
la hora de visita. Normalmente es preferible no llegar antes del almuerzo o la
cena (aunque hagamos la broma de comentar que “llegamos a tiempo”)
o que no sea muy tarde por la noche.
Esto cambia si al llamar nos han indicado
que lleguemos a esas horas. La puntualidad es “virtud de reyes” se
ha dicho siempre, por lo que hay que llegar a la hora que se dijo.
Es muestra
de fina amistad respetar la forma en que los amigos llevan sus hábitos. Así, por
ejemplo, sí sabemos que la hora “cero” de acostar a los niños es a
las 7 de la noche, tratemos de llegar después de ese lapso para no perturbar el
horario de los chiquitines.
Si vamos a la casa de un colega sin hijos, no
llevemos a los nuestros si son inquietos, pues no tendrán con quien jugar y se
dedicarán a “explorar” la casa con el riesgo de estropear algo.
De
igual manera, hay que tratar de no pasarse de un tiempo prudencial al visitar
a un amigo que parte en un viaje largo, pues normalmente se tienen que arreglar
cosas de última hora y los atrasaremos y obligaremos a que se duerman tarde.
El
sentido común nos debe guiar para tener la delicadeza de saber cuándo retirarnos
(especialmente con los enfermos), dejando un sabor agradable a quien visitamos.
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Consultora en Imagen y Etiqueta Corporativa, Ética Profesional y Desarrollo Humano.
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