Los vecinos del barrio El Calvario, en el municipio usuluteco de San Agustín, cuentan que Cruz Hernández solo ponía sus manos sobre las abultadas barrigas de las embarazadas y los niños salían de los vientres. Por más de un siglo hizo igual: asistir partos de mujeres que no alcanzaban o no querían llegar a las unidades de salud.
Sin embargo, se retiró de su oficio a los 124 años cuando no pudo amarrar el ombligo de uno de sus tataranietos. Cuentan que intentó fijar su vista, pero no pudo, así que dejó que otra mujer hiciera el trabajo. Con sus venosas manos había traído hasta ese momento a ese mundo rural y pobre a cientos de personas, incluida a una parte importante de sus 178 descendientes.
Después de retirarse de su profesión, que heredó de su abuela, –de quien cuentan que llegó a los 120 años–, Cruz Hernández puede convertirse en la mujer más longeva con vida y que alguna vez haya vivido en este planeta, según registros oficiales (sin contar, por supuesto, los casos bíblicos). La marca de persona más anciana del mundo le pertenece oficialmente en estos momentos a la venerable holandesa Hendrikje Van Andel-Schipper, de 113 años, y está registrada en el libro Guinness de los récord.
Doña Cruz, según el Registro Nacional de las Personas Naturales (RNPN), la supera. Su acta de nacimiento original ya no existe, pero la Alcaldía de San Sebastián, en San Vicente, le extendió el año pasado una reposición: en el documento se consigna que su fecha de nacimiento es el 3 de mayo de 1878.
La alcaldía tomó como prueba válida, según consta en el documento moderno, la fe de bautismo de la señora, y por tanto para el RNPN no hay dudas: ella tiene 127 años y así se consignará en el DUI que están a punto de entregarle. Se espera que la entrega del certificado se efectúe la semana entrante.
Colmada de hijos y recuerdos
La rutina de doña Cruz se reduce, según sus familiares, a pasar despierta tres días seguidos y descansar uno. En esas largas vigilias se sume en los recuerdos. La mayoría los guarda para sí, aunque se le alcanza a arrancar relatos, algunos de ellos de memorias desagradables como la de su esposo, Basilio Henríquez.
“Le dije que tomara sus cosas y se fuera. No soy juguete de nadie”, exclama la anciana. Doña Cruz insiste en que su antigua pareja se largó con otra mujer.
“Ella dice eso, pero lo que pasa es que mi madre quería que mi papá le diera vestidos, pero como éramos pobres no podía. Mi padre era tranquilo”, justifica su hija Petrona Hernández quien dice tener 76 años.
Doña Cruz tuvo 13 hijos, pero solo cinco están aún vivos. Tomás, el mayor, tendría ahora, según las cuentas de los Hernández, 90 años, si no hubiese sido asesinado hace unas cuatro décadas.
Con la centenaria viven siete personas en una pequeña casa donada por una institución internacional de cooperación. Con su nieta, María Verónica Hernández, el esposo de esta, dos bisnietos y tres tataranietos. En la casa hay dos cuartos de lámina, uno de ellos es en donde se cocinan las tortillas. Durante la conversación con doña Cruz, el humo le produce comezón en la garganta. Tose fuerte. Los médicos la visitaron hace poco y le dejaron un paquete de medicinas, pero la señora no considera que ese sea un problema de salud. “Mi única enfermedad es el mal de orín”, dice.
Secreto de longevidad
“Cuando había luna tierna no me bañaba”, explica la anciana cuando se le interroga sobre el secreto de su longevidad. Revela parte de su dieta, que puede ser objetada por más de algún nutricionista: Tomaba cerveza y comía mucha carne. “Si me la trae me la tomo”, reta aún hoy nuestra protagonista. Petrona describe la afición de su madre de combinar la bebida con otros platos: “Se tomaba las cervezas con huevo y con unos grandes pedazos de carne. También ponía a freír las tripas de res”.
Cruz es un caso excepcional en El Salvador y el mundo, pero no en San Agustín. A unos metros de su casa vive Juana Francisca Mejía , de 104 años. Ella también tiene sus consejos: “Yo trabajé duro en la casa, por eso es que he sobrevivido”. Lázaro Mejía, otro casi centenario, asegura que su sobrevivencia se debe a que no bebió, ni tomó nunca: “Me levantaba a las 2 de la mañana y regresaba a las 7 de la noche para irme a trabajar a la hacienda La Granada”, recuerda el anciano a quien se le han paralizado las piernas. “Las muchachas sí que me gustaban”, dice al hablar de sus debilidades.
La familia de Cruz coincide con los secretos de los ancianos. Por eso, María Verónica duda de que llegue a la edad de su abuela. “Yo sí me baño todos los días. Así que no creo que llegue a la edad de mi abuela”, asegura entre sonrisas.
En busca de un récord Guinness
La presidenta del Registro Nacional de las Personas Naturales (RNPN), Miriam Mixco, espera entregar a Cruz Hernández su DUI después de las vacaciones.
“Espero que pueda hacerlo con la primera dama, Ana Ligia de Saca”, agrega la registradora quien asegura que Cruz cumple con todos los requisitos para entrar en los libros de los récords Guinness.
“El DUI es el documento de identificación y no se entrega sin documentos que lo avalen. Por eso tiene respaldo”, sentencia Mixco. La funcionaria asegura que su institución hará todo lo posible para que Hernández entre en el documento que se publica anualmente.
“Fuimos a verificar la fe de bautismo porque es un récord”, aseguró Mixco.
El libro de los récords Guinness nació en 1951 de la mano de Hugh Beaver, dueño de una cervecería Guinness. Norris y Ross McWhirter fueron contratados para encontrar las respuestas a preguntas sobre aspectos curiosos y populares.
En la actualidad, los expertos de los premios comprueban, verifican y tratan de resolver cualquier sospecha sobre marcas en distintos temas.
Club de la longevidad: hay 151 superabuelos
La presidenta del Registro Nacional de Personas Naturales asegura que hay constancia legal de que viven 151 salvadoreños mayores de 100 años, que tienen actualmente su Documento Único de Identidad (DUI).
“Ahora aparece esta señora (Cruz Hernández) que está lista solo de entregarle el DUI. Se fue a su casa a tomarle la foto, la huella”, aseguró.
El RNPN tiene un proyecto para entregar a domicilio el DUI a personas enfermas o en edades avanzadas. “Lo que hicimos este mes fue darle DUI a una persona del asilo Sara y otra en la colonia Centroamérica”, cuenta Mixco.
La funcionaria pedirá una reforma al sistema con que se entrega el DUI para que se permita a las personas de edad avanzada optar al documento sin necesidad de partida de nacimiento o de testigos. Ejemplifica: “Con los centenarios sin papeles, el problema surge porque la ley les exige tener dos testigos 12 años mayores”.
“Hay un artículo en la ley transitoria del DUI que dice que al no tener una partida asentada podés asentarla con una fe de bautismo. Con eso se le asentó la partida y con eso vino el DUI”, aseguró Mixco sobre el caso de Cruz.
La titular del RNPN también propondrá que el Estado “adopte” a los 151 centenarios registrados. “La mayoría de estos ancianos están en situación económica un poco mala. Espero que se les pueda dar una dotación de alimento mensual y que haya un geriatra que las atienda”, agregó.
Mixco asegura que la Secretaría Nacional de la Familia conoce de cerca el tema y que espera que en el futuro trabaje con el RNPN para apoyar esa gestión.