Calacas
elegantes, de esas de alcurnia; cráneos huesudos con expresiones de felicidad,
tristeza o ironía. Eso es lo que se mostrará en la sala temporal del Museo Nacional
de Antropología (MUNA) a partir de mañana.
Se trata del artista popular
más significativo de la plástica mexicana, José Guadalupe Posada, grabador que
en sus estampas y caricaturas sociales muestra el folclor mexicano.
En
total, son 60 claveras las que se encuentran en el MUNA. Todas auténticas. Todas
con la peculiar inspiración de Posada, una mezcla de crítica y sentido del humor.
Posada,
que vivió desde 1852 hasta 1913, creó obras como la “Calavera Catrina”,
“El padre Cobos”, “don Chepito Marihuano” y “doña
Caralampia”.
Este mexicano se caracterizó por crear polémicas
con sus calaveras, pues ridiculizaba la clase política mexicana de finales del
siglo XIX principios del XX.
Los grabados de Posada que los salvadoreños
podremos admirar fueron hechos en placas de zinc. Se denominan dentro de la plástica
“zincografías”. Además, se exponen las publicaciones hechas en periódicos
que divulgaban el pensamiento revolucionario de Posada.
Las obras
del mexicano exhibidas en el MUNA son parte de la colección de la secretaría de
relaciones públicas de la Cancillería del Gobierno mexicano.
Las
calaveras de Posada ayudaron a consolidar la celebración tradicional del Día de
los Muertos en México, según documentos del artista de la Universidad Autónoma
de México (UNAM).
Posada y sus calaveras
Guadalupe
Posada murió a los 61 años de edad, y tras de él dejó huella en el arte mexicano.
Estudió
en la Academia Municipal de Dibujo, donde llevado por la ideología liberal de
Trinidad Pedroza, su maestro, participó en el semanario “El Jicote”.
Sus litografías caricaturescas se convirtieron en el mayor atractivo del semanario.
Posada
también ilustraba vidas de santos, corridos, leyendas, canciones, horós-copos,
chistes y literatura popular.
Su producción artística se puede clasificar
en tres etapas: hasta 1888, representada por la producción de litografías; la
segunda, por xilografías, introduciendo la técnica del grabado de zinc, y la última,
en la que alternó su trabajo de reportero gráfico y de grabador.
Posada
fue un artista muy reconocido entre los plásticos mexicanos, inclusos sus obras
sirvieron de base para el movimiento muralista de ese país.
Diego
Rivera, muralista, escribió en una ocasión que Posada “interpretaba el dolor,
la alegría y la aspiración angustiosa del pueblo de México”.
Posada
creó una nueva visión de la muerte para los mexicanos, aquella muerte con vida.
Dibujó calaveras bailando, borrachas, peleando, llorando: imágenes que ahora están
dispuestas para los ojos salvadoreños.