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Lautaro Borghi, durante uno de los monólogos de la obra.
El cuerpo que lleva

Suchit Chávez
cultura@laprensa.com.sv

El domingo por la tarde hizo su presentación la Compañía de Danza de Fernando Hurtado en el Teatro Presidente. El público atendió el llamado.

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El espectáculo “Quisiera borrarte de un suspiro”, de la Compañía de Fernando Hurtado (Asturias, España), convocó masivamente al público salvadoreño el domingo por la tarde.

El evento, de entrada gratuita y organizado por el Centro Cultural de España, fue programado originalmente para las 6:30 de la tarde. Pero la gran afluencia de gente obligó a retrasar el espectáculo. Pocos minutos antes de las 7 de la noche se apagaron las luces y comenzó el arte en movimiento.

Primer moméntum: el baile, el público y la luz

Aunque el montaje “Quisiera borrarte de un suspiro” se anunció como de danza contemporánea, hace uso de varios elementos típicamente teatrales, como el monólogo, situaciones dramatúrgicas y utilización de atrezo.

El espectáculo inicia con las palabras de un hombre (Lautaro Borghi), ladrillos en mano, quien narra cómo una vez se paró a la orilla de un muro, balanceándose con duda entre seguir en el muro o tirarse al vacío. De ahí las danzas van sucediéndose vertiginosamente, una tras otra, alternadas siempre con unos cuantos monólogos y situaciones teatrales.

Pasaban varios minutos después de las 7 y los tardistas no dejaban de perturbar con su constante vaivén y las luces de sus celulares.

Dos luces más perturbaban la función, cuyo diseño de luces se mantuvo del rojo y amarillo a los tenues cenitales.

Una: la de las cortinas de entrada a la sala, que eran abiertas sin cesar. Otra: la de la misma cabina de control, usada por los técnicos para alumbrar las consolas.

Los movimientos de los bailarines parecían dominados por una fuerza interna que llevaba hacia un lado y otro del escenario sus cuerpos. Un brazo que se tuerce y mueve un cuerpo flácido, que inusitadamente se vigoriza y gira.

En un momento, Borghi rompió la cuarta pared, haciendo su aparición por la entrada de la sala, lanzando gritos desesperados a los bailarines, para luego incorporarse al escenario.

Previo a esto, los tres danzantes en escena habían ofrecido un baile casi de calidoscopio: cada uno bajo un tenue cenital parecía el espejo del otro.

“Quisiera borrarte de un suspiro” tuvo una duración aproximada de 45 minutos, con 4 bailarines (tres hombres y una mujer) en escena.

El final, no claro al principio, fue protagonizado por un televisor: solo, en la oscuridad total, con un video transmitiendo a Borghi tratando de romper el muro construido por él mismo.

Opiniones

Alfredo Martínez, ministro consejero de la Embajada de España en El Salvador, afirmó que “Fernando (Hurtado) representa un espectáculo de vanguardia. Son más de 60 representaciones que han tenido en torno a un concepto muy móvil y muy novedoso”.

“La composición de la obra es interesante porque utilizaron varios elementos que se ocupan mucho en teatro. Increíble, el diseño de luces me pareció muy bueno”, opinó el bailarín Rafael Perdomo, de la compañía salvadoreña de danza Solo por Hoy.

El director de teatro Filánder Funes señaló: “Hay elementos que quieren romper con determinadas formas de concebir la danza misma, como la utilización de la voz. Creo que es un espectáculo que necesita un espacio de mayor intimidad. Ellos hacen una búsqueda de distintos tipos de lenguaje. Me parece que la propuesta es excelente”.

El teatrero hacía referencia a los momentos de los monólogos, los cuales se perdieron en gran parte por la inmensidad del escenario y por la música de fondo que los acompañaba.

Selina Martínez, encargada cultural del Liceo Francés, sostuvo: “Me pareció un trabajo fuerte, maneja la angustia”.

Ángeles Padilla, única bailarina de la compañía, se mostró sorprendida y satisfecha, al final, por la afluencia de público al Teatro Presidente. El cuerpo los había llevado.



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