La entrada de productos salvadoreños, frescos y procesados, a Estados Unidos estará regida por una serie de regulaciones de diversas entidades: desde la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, en inglés), aduanas, hasta el Servicio de Inspección de Sanidad Vegetal y de Servicios Internacionales (APHIS), entre otras. Sin el aval de todas estas instituciones, de nada servirá el acuerdo comercial, porque el producto no tendrá vía libre para entrar al país.
“Si se trata de una empresa establecida que ya tiene buena experiencia en comercialización, y que está bien financiada, puede llegar a exportar en un mes o dos. Pero sino empieza con esas condiciones puede demorarse de uno año a tres años”, explicó el consultor estadounidense en exportación, Keneth D. Weiss.
Por ejemplo, el chipilín o el loroco tardarán de dos a cinco años para que puedan ingresar al mercado norteamericano, pues están catalogados como productos no admisibles por APHIS.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) confía en que con el establecimiento de una oficina certificadora de APHIS en el país —punto incluido en CAFTA— se puedan agilizar los trámites.
“Si esto no se logra será difícil obtener todos los trámites que tiene que pasar el portador para llegar al mercado”, comentó el asesor para Dirección de Sanidad Vegetal y Animal (DGSVA), Rafael González.