El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, rindió ayer su quinto mensaje a la nación en la que esbozó nuevamente una fuerte apuesta por la seguridad de su país.
Aproximadamente una tercera parte de los 45 minutos de su alocución ante el Congreso estuvieron dedicados a la situación en Oriente Próximo, donde hizo especial énfasis a las elecciones palestinas, la crisis por el programa nuclear iraní y el conflicto en Iraq.
Al referirse a la situación en territorio iraquí, Bush dejó claro que no planea una pronta retirada de ese país. “Un repliegue repentino significaría para los aliados iraquíes la muerte y la cárcel, y abriría las puertas de un país estratégicamente importante a los terroristas”, aseguró el mandatario.
En cuanto a la organización islámica Hamas, el gobernante estadounidense la exhortó a “renunciar a la violencia y reconocer a Israel”.
Sin embargo, las palabras más fuertes fueron para Irán, cuyo gobierno, aseguró, “aísla y reprime a su pueblo” y “patrocina terroristas en los territorios palestinos y en Líbano; y eso tiene que acabar”.
Bush también acusó al régimen iraní de “desafiar al mundo con sus ambiciones nucleares, y las naciones del mundo no deben permitir que el régimen iraní adquiera armamento nuclear”.
Los asuntos internos
Bush aprovechó para defender el programa de escuchas telefónicas que ha sido cuestionado por violar libertades civiles.
“Autoricé un programa de vigilancia terrorista para perseguir con empuje las comunicaciones internacionales de presuntos agentes de Al Qaeda desde y hacia Estados Unidos”, admitió.
Este programa de vigilancia, en su opinión, es necesario para garantizar la seguridad del país.
Bush abogó también por “una frontera segura” y un estatuto temporal para los trabajadores inmigrantes. “Tenemos que tener un programa temporal racional y humano que no conceda la amnistía (para los indocumentados) y otorga trabajos temporales para la gente que los busque legalmente”, dijo.