Llegó con el cráneo expuesto al Hospital Benjamín Bloom el lunes por la tarde. Las lesiones se las causó el rottweiler que su familia reconocía como mascota.
Ese día el animal no reconoció como amigo a Carlos D., un bebé de un año y once meses de edad.
El perro saltó la barda que lo mantenía aislado en el patio de una casa, ubicada en el centro urbano San Bartolo, Ilopango. Atacó al niño y lo mantuvo entre sus mandíbulas por un momento, según versiones de las autoridades del centro asistencial.
“Venía con el lagrimal derecho destruido”, describió Douglas Campos, médico cirujano del Bloom. El pequeño también presentaba daño en el labio superior y en el tabique nasal. “Las heridas del rostro ya se le trataron y se le hizo una reconstrucción”, indicó el galeno.
El director del centro, Ulises Iraheta, explicó que por la gravedad de los golpes las probabilidades de que Carlos sufra secuelas neurológicas son altas.
Campos indicó que, aunque el bebé presenta serias lesiones en el rostro y la cabeza, el ataque del animal no puso en peligro la visión del pequeño.
Carlos fue el segundo niño mordido por perro atendido el lunes en el centro asistencial. Otro pequeño que pasó por la misma experiencia traumática corrió mejor suerte, y salió con heridas leves.