El sábado pasado falleció en esta capital el apreciable ciudadano estadounidense, héroe de la Segunda Guerra Mundial, pero salvadoreño de corazón, George Bruce Nixon, quien gran parte de su vida la vivió en nuestro país dedicado a actividades empresariales en el ramo de las representaciones, lo mismo que al desarrollo agrícola y al impulso de la aviación civil.
Su muerte le sobrevino a la edad de 87 años, víctima de un cáncer que lo afectaba desde hace algún tiempo, pero que hasta hace pocos meses no le había impedido sus actividades diarias.
Bruce, como era conocido por todos sus amigos, llegó a El Salvador por primera vez en 1947 para visitar a sus padres, que habían venido a trabajar al país para una compañía norteamericana.
En su país natal, había cumplido una fase muy importante de su vida y de su vocación: servir a su país y al hacerlo obtuvo altas condecoraciones como héroe de la Segunda Guerra Mundial.
Nacido el 21 de abril de 1919, en la ciudad de Oakland (California), la vida infantil de Bruce transcurrió alrededor de la bahía de San Francisco. En escuelas privadas y estatales del sector, aprendió las primeras letras. Los pasatiempos predilectos de su temprana juventud fueron la pesca y la cacería, pero él intuía que sin abandonar tales aficiones —pues las siguió practicando incluso aquí en El Salvador— posteriormente sería la aviación la que le atraería más. En ese tiempo comenzó su etapa de entrenamiento como piloto naval e ingresó en la base naval de Corpus Cristi (Texas).
Luego, su vida tomó un giro espectacular: el 12 de diciembre de 1940 ingresó en la Marina de Estados Unidos hasta que se retiró con honores en enero de 1947 y en la que sirvió como teniente comandante de escuadrón piloto basado en portaaviones durante la guerra en el teatro de operaciones del océano Pacífico.
Los portaaviones USS Saratoga, USS Hornet y ocasionalmente el USS Enterprise fueron sus bases de operación, pero también operó desde el portaaviones británico HMS Victorious.
Batallas importantes
Algunas de las batallas importantes en las cuales participó fueron Guadalcanal, Midway, Munda, Bouganvillle (ahora Vanuatu), en donde hubo mucha acción de defensa y ataque a instalaciones de islas enemigas.
Luego, prestó servicio por dos períodos equivalentes a cuatro años como piloto de combate en el sur Pacífico. Las aeronaves en que se especializó fueron el Dauntless o Dive Bombers (bombarderos de picada).
Por esos servicios Bruce Nixon fue condecorado con siete medallas al mérito: por “coraje y pilotaje sobresaliente al seguir los valores tradicionales de la Marina de Estados Unidos en combate contra fuerzas enemigas”, y también “por meritorias acciones en vuelo aéreo como piloto de avión bombardero perteneciente al escuadrón 305, en acción contra fuerzas japonesas en la islas Salomón y en el Archipiélago de Bismarck”.
Pasada la Segunda Guerra Mundial, Bruce Nixon completó otra etapa fundamental que transformó su vida: le gustó mucho El Salvador, le agradó la cordial acogida que encontró de parte de nuestra gente, el ambiente de amistad y compañerismo que halló en los jóvenes de su edad.
Aquí conoció a la señorita Urania Zepeda (fallecida en diciembre de 1997), perteneciente a estimada familia salvadoreña, con quien se casó. Ellos procrearon a cinco hijos que les sobreviven: Yolanda, Eduardo, Jimmy, Gloria y Carolina, en la actualidad altamente apreciados en las respectivas esferas empresariales, profesionales y sociales.
Notables contribuciones aportó el señor Bruce Nixon a su segunda patria, El Salvador. Se destaca la entrega de sus conocimientos a favor del desarrollo de la aviación civil y en especial la agrícola, en la que introdujo el primer avión Stearman, principal aeroplano de riego aplicado por muchos años en el país. Asimismo fundó la empresa John S. Nixon, que luego se convirtió en Nixon, S. A.; Sycasa, que da servicios de riego de algodón y también vale citarse su desempeño durante 30 años comopiloto ejecutivo de Empresas ADOC.
El pasado domingo, en horas de la tarde, se efectuaron las honras funerales con una misa de cuerpo presente en la iglesia El Carmen, de la colonia Roma, donde concurrieron nume-rosas personas amigas y representativos de diversas instituciones, con el fin de darle el adiós postrero y presentar su pésame a la familia doliente. Luego de esa celebración litúrgica, sus restos fueron conducidos al cementerio Jardines del Recuerdo.