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El verdadero monstruo

Si la caldera de Ilopango hiciera una erupción explosiva como la de hace 1,700 años, El Salvador tendría escasas posibilidades de sobrevivir.

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ERUPCIÓN del Ilopango a finales del siglo XIX (tomado de http://commons.wikimedia.org).

Las cenizas llegarían a parte de Honduras, Guatemala y Nicaragua. Si se repitiera la erupción que duró desde diciembre de 1879 a enero de 1880, y que dio origen a las islas Quemadas en el interior del lago de Ilopango, los habitantes de sus alrededores sentirían unos 600 sismos.

La catástrofe sería tal que destruiría poblados cercanos al lago y produciría enormes y numerosos derrumbes de tierra y rocas. Así como lo hicieron los sismos del 27 y el 31 de diciembre de 1879.

El escenario podría pintarse peor. En ocho días, Ilopango podría descargar 4,975,000 metros cúbicos de agua por hora, como en el período del 12 al 20 de enero de 1880, o hasta un pico de 8, 770,000 metros cúbicos.

Esta especie de tsunamis removerían sedimentos, arena, grava y todo lo que estuviera a su paso y los arrastrarían hasta el río Jiboa, dejando depósitos de sedimentos de más de seis metros de espesor, como sucedió el 12 de febrero de 1880. Carlos Pullinger, director del Servicio Geológico del SNET, no duda en considerar más peligroso este volcán que al San Salvador.

“Si a un volcán hay que tenerle miedo, ese es al de Ilopango, porque puede acabar con todo El Salvador”, dice.

El poder que demostró hace 125 años no es nada comparado con lo que podría llegar a hacer. El Ilopango registra una erupción cataclísmica cada 10 mil años, con tal magnitud que de la última, hace unos 1,700 años, aún hay en la zona capitalina capas de ceniza (“tierra blanca”) de hasta 50 metros de espesor. Y en el oriente del país, mil años después de que erupcionara, hay capas de 20 centímetros.

Este ciclo de actividad hace que Pullinger no se preocupe por el corto plazo, aunque con los volcanes nunca se sabe, y le inquieta que no se pueda vigilar como se debe debido a las dificultades que impone el hecho de que el cráter tenga un lago: “No sabemos lo que está pasando ahí abajo”.

El ranking de los peligrosos

Ilopango está entre los 23 volcanes y cinco campos volcánicos, con antecedentes sísmicos que agrupan estructuras volcánicas y lagos cratéricos, considerados activos por el SNET. De esta cadena, solo seis presentan una actividad continua (emiten gases y excepcionalmente cenizas).

En el orden de peligrosidad, San Miguel o Chaparrastique y San Salvador o Quezaltepec se disputan el primer lugar por el riesgo que implican, según los físicos de la Universidad de El Salvador (UES).

El Ilamatepec, Izalco y San Vicente también están en la lista de preocupación del SNET. En estos cinco colosos el SNET y la UES tienen algún tipo de vigilancia.

Francisco Barahona, Benancio Henríquez y Rodolfo Olmos no titubean al elegir el Quezaltepec como el más peligroso, incluso que el Chaparrastique, que es más activo. El criterio para seleccionarlo es la densidad poblacional.

El Chaparrastique ha estado activo durante los últimos 300 años —se sabe que en ese período ha erupcionado al menos en 26 ocasiones— y comenzó a ser estudiado en 2000. En ese año tuvo una erupción que lanzó una pluma de gases de unos 200 metros de altura y cenizas hacia el noroeste, y un derrumbe que hizo colapsar una parte de las paredes internas del sector sur y taponó el 80 por ciento del conducto central. En 2001, su actividad sísmica y fumarólica alarmó a quienes viven al pie del volcán.

El Ilamatepec desde que erupcionó en octubre pasado ha disminuido su sismicidad y aunque tuvo sismos de fractura esta semana, Pullinger dice que no tiene elementos suficientes para deducir lo que puede ocurrir.

Ya escasa distancia de ahí, hacia el sureste, el Izalco también da de qué hablar. Olmos y Barahona coinciden en que los últimos tres meses ha tenido “movimientos distintos en sus campos fumarólicos”. Esto los tiene expectantes, aunque no saben qué lectura darle. Hay que ponerle cuidado al volcán, dicen.

Este cono volcánico no tiene una estación propia de vigilancia sísmica, por miedo a que hurten los aparatos, según explica Pullinger.

El vulcanólogo, sin embargo, contradice a los físicos, pues asegura que no ha habido actividad inusual en los últimos tres meses.



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