Portada
 
  Lo del día
  Nación
  Gran San Salvador
  Mundo
  Departamento 15
  Economía
  Departamentos
  Opinión Editorial
  Deporte
  Fútbol Nacional
  Cultura
  Vivir
  Fama
  Extremo
  LPG Datos
  Especiales
  Especiales
  Zona Multimedia
  Archivo
 
  Enfoques
  Dominical
  La Tribuna
  El Heraldo
  El Economista
 




José Eduardo Gil, siempre de pie en el aula durante las jornadas de la Academia Sabatina del Programa de Jóvenes Talentos, en el campus de la Universidad de El Salvador.
Ecuación de futuro

Por Élmer L. Menjívar

A sus ocho años ya reciben clases en aulas universitarias. Las matemáticas han guiado la mirada del desarrollo hacia un grupo de niños y jóvenes con extraordinarias capacidades para enfrentarse a las ciencias exactas. Una academia sabatina, un incipiente trabajo de campo y olimpíadas forman el programa de jóvenes talentos de la Universidad de El Salvador, un almaciguero de científicos que podrían cambiar la historia.

Imprimir esta nota Enviar esta nota Opinar sobre este tema


Se supera concepto del IQ


Datos estadísticos

Mida su coeficiente intelectual

Los talentos enterrados

 

Descubrir dónde están los niños y las niñas con talentos académicos especiales es parte de un proceso que hasta ahora se ve inconcluso. Dos historias ilustran bien los límites del programa.

Una conocida parábola bíblica habla de los talentos, refiriéndose a la antigua moneda de cuenta de los griegos y de los romanos. Habla de riqueza material y del desprecio por el que no hace nada por multiplicar los talentos recibidos. La coincidencia de la palabra sirve aquí —en su significado pertinente, por supuesto— para hablar de El Salvador y de los talentos en sus jóvenes. ¿Trabaja para enterrarlos o para multiplicarlos?

Riquelmi Cardona y Gerardo Zelaya son dos jóvenes de 24 años que trajeron a El Salvador las primeras preseas en Olimpiadas internacionales de matemáticas en 1998 y 1999. Ambos fueron parte del primer grupo de estudiantes que recibió preparación especial en la semilla del programa de la Universidad de El Salvador.

Cardona fue el único 10 en la PAES de 1999 y, gracias a una beca FANTEL, se graduó con los más altos honores, como licenciado en ciencias de la computación y matemáticas en la Universidad de Illinois. Zelaya obtuvo altas notas para coronar su licenciatura en matemática pura en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

Robótica e inteligencia artificial

Ambos volvieron a su país el año pasado. Sus becas FANTEL los obligaban a regresar y a permanecer en El Salvador el mismo tiempo que estuvieron fuera, sin embargo nada los esperaba, ni trabajo en sus disciplinas, ni más estudios. El Ministerio de Educación les ofrecía plazas burocráticas o técnicas para las que no era necesaria la formación y la capacidad que tienen. Entonces, sin otro camino posible a su alcance en El Salvador, optaron por incorporarse como docentes a la UES y trabajar también en el Programa de Jóvenes Talentos, actividades en las que ven al menos la posibilidad de compartir lo que saben.

Riquelmi reconoce que su condición adquirió matices cuando llegó a Illinois. “Aquí en la UES yo era el mejor entre mi generación, allá ya no era siempre el mejor en todos los exámenes”, cuenta, y pondera el hecho de que el promedio de los estudiantes que ingresa a la universidad es alto desde el principio.

Riquelmi volvió al país en junio de 2005. “Yo estoy capacitado para hacer investigación en robótica e inteligencia artificial”, explica y, más que una presunción, parece una denuncia. Afirma que la mayoría de empleos en su área son de carácter técnico, programadores o de asistencia. “Dell, por ejemplo, en la forma en que se encuentra actualmente, no representa una oportunidad para mí. Ellos han venido a instalar un ‘call center’, no necesitan lo que yo sé”, explica, y deja una conclusión desoladora: “En El Salvador hay poco desarrollo científico, no hay laboratorios ni equipo para hacer investigaciones”.

El panorama no es muy distinto para Gerardo, quien trae un título superior en Matemática Pura de la UCLA. Desde que volvió hace un año al país, la docencia ha sido su única opción, la cual asegura disfrutar mucho más que la plaza que le ofreció el Ministerio de Educación para desarrollar programa educativos.

El matemático resiente el vacío de visión: “A los ingenieros aquí se les enseña a utilizar maquinarias, no a crear maquinarias; si así fuera, un matemático daría soporte teórico a lo que se hace en la práctica, el matemático podría trabajar en una empresa”.

Ambos creen que es urgente crear centros de investigación académica. “Con ellos”, dice Gerardo, “tendría sentido regresar”. De algún lado, este joven encuentra optimismo. “Tengo fe en que mi carrera llegue a ser necesaria en este país”, y asegura que prepara a los jóvenes para hacer un grupo de científicos con el que pueda trabajar.

 

El plumón rojo apenas pintaba y Ricardo tenía que pararse en puntillas y estirar su cuerpo al máximo, alzando el brazo para que su mano pudiera dibujar una

Las siete inteligencias

 

En la actualidad, ya no se concibe la inteligencia con un sentido unitario.

La teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner habla de siete distintas.

Lingüística

Es la inteligencia exhibida en su forma más completa, tal vez, por los poetas. Consiste en la capacidad de desarrollar y utilizar el lenguaje de forma creativa y funcional. Es una de las inteligencias, junto con la lógico-matemática, que la tradición toma como expresiones absolutas de la capacidad de la mente.

Lógico-matemática

Como su nombre lo indica, es la capacidad lógica y matemática, así como las capacidad científica. La escuela de Piaget pensaba que estudiando esta estaba estudiando toda la inteligencia. Gran parte de los sistemas de evaluación se basan en las capacidades verbales y matemáticas.

Espacial

Capacidad para formarse un modelo mental de un mundo espacial, y para maniobrar y operar usando este modelo. Los marineros, ingenieros, cirujanos, escultores, arquitectos y pintores, para mencionar unos ejemplos, tienen todos ellos esta inteligencia altamente desarrollada.

Musical

Es la cuarta categoría de capacidad identificada por Gardner. Consiste en la habilidad para pensar en términos de sonidos, ritmos y melodías; la producción de tonos y el reconocimiento y creación de sonidos. Implica la habilidad de expresar emociones por medio de la música.

Corporal-cinética

Es la capacidad de utilizar el propio cuerpo, o partes del mismo, para realizar actividades, resolver problemas o expresar pensamientos y emociones, así como para crear conceptos. Es la inteligencia de los deportistas, los artesanos, los cirujanos, los bailarines, los actores y los circenses.

Interpersonal

Es la que nos permite entender a los demás: lo que les motiva, cómo trabajan, cómo trabajar con ellos de forma cooperativa. Los buenos vendedores, políticos, profesores o terapeutas, los médicos de cabecera y los líderes religiosos son gente que suele tener altas dosis de inteligencia interpersonal.

Intrapersonal

Es una capacidad correlativa, pero orientada hacia adentro. Es la capacidad de formarse un modelo ajustado, verídico, de uno mismo, y de ser capaz de usar este modelo para desenvolverse eficazmente en la vida. Junto a la interpersonal, conforman la conocida como inteligencia emocional.

larga suma de números en la pizarra de acrílico blanco. Debía sumar lentamente ante la impaciencia de sus compañeros, que ya murmuraban repuestas. Es que, claro, un problema de sucesiones numéricas se resuelve más rápido multiplicando, pero para Ricardo, quien a sus ocho años apenas cursa segundo grado, las sumas son más seguras. Al cabo de un minuto llega a la respuesta correcta y todos celebran el acierto colectivo.

“¿Cuántas veces escribimos el número 2 entre el 1 y el 24?”, pregunta el profesor, Luis Ramírez, como haciendo una divertida adivinanza. No había pasado un minuto cuando se escucharon las primeras respuestas: “¡Seis!”, “¡No, no, no, no, siete!”, “¡Son ocho, ocho veces!”, “No, ¿por qué?”, “¡Sí, son ocho, por el 22!”. Don Luis sonríe satisfecho.

El profesor escribió otra sucesión en la pizarra, y José Eduardo Gil trabajaba de pie, porque si se sentaba, sus compañeros, más altos que sus habituales colegas de tercer grado, le bloqueaban la vista de la pizarra. El pequeño José daba saltos de ansiedad cuando escuchaba que otros se le adelantaban en la solución. De pronto corría hacia el profesor a preguntarle algo y volvía a pararse al lado de su pupitre.

Podría ser el cuento de una mañana de clases como cualquiera, de no ser porque es sábado, y los alumnos, que no superan los 12 años, vienen de distintos puntos del país y están sentados en un aula de la Universidad de El Salvador resolviendo problemas de matemática teórica que bien podrían ser parte de una prueba para alumnos de primer año de una licenciatura.

Este es el mundo del Programa de Jóvenes Talentos (PJT) que desarrolla el Departamento de Matemática de la Universidad de El Salvador (UES) con el apoyo económico del Ministerio de Educación (MINED) desde el año 2000.

El PJT, que ya tuvo en sus aulas a un niño con un coeficiente intelectual de 156 puntos (Albert Einstein tenía 160), es un mundo aparte, pero con horarios y tareas que todos deben cumplir. Ese era el primer sábado de clases en este año, 25 de marzo de 2006, y para los usuarios de este salón era su primera clase en el programa, en el primer nivel. Dieron las 12 del mediodía. Llegó el final de la clase, que había empezado tres horas antes. Una hoja de ejercicios se les entregó a todos, y don Luis les hizo un anuncio: “A la una y media tienen clase de física”. Muchos de los adelantados educandos se miraron desconcertados y sonaron voces preocupadas: “¡Pero no traje ropa de deporte!”. “No —corrigió don Luis, sin poder evitar la risa—, no es de esa física, sino una de números también.”

Fue una mañana de novedades para estos niños que apenas están descubriendo el mundo y sus propias capacidades para apropiarse de él.

Los Mundos de Santa Ana

En aquel salón universitario invadido por infantes había, entre ellos, uno que destacaba por cuatro características. Las obvias: era de los que menos años tenían, siete, y era al que menos centímetros le recorren desde los pies hasta la cabeza: 105. Las que no se ven: en su escuela cursa segundo grado —también en eso es el menor del grupo—; y para completar la primera impresión, es el estudiante que mejor nota sacó en el test de aptitudes para el trabajo escolar (TEA). Obtuvo la máxima de la escala, 99.

Se llama Ricardo Alfredo Mundo Dueñas, y su nombre revela otra particularidad. Hay otro Mundo Dueñas en el mismo salón sabatino, se llama Rodrigo José, y tiene nueve años con 11 meses, cursa cuarto grado y obtuvo 97 en el TEA. La sorpresa no termina aquí. Hay otro Mundo Dueñas más a unos cuantos salones de distancia, el del nivel 3, se llama Manuel Alejandro, va a sexto grado, tiene 10 años y un TEA de 95. Todos están en la academia sabatina.

“La inteligencia tiene un importante componente heredado”, explica Olga Doñas, sicóloga que dirige el centro de admisiones de la UCA, cuando trata de explicar el hallazgo. Apunta que el entorno familiar y el entorno escalar influyen.

Entonces había que conocer el ambiente de los Mundo Dueñas. En sus fichas decía que son de Santa Ana, viven ahí, y estudian en el Centro Escolar Católico Madre del Salvador.

El jueves 30 de marzo amaneció soleado, era un buen día para acercarse a la cotidianidad alejada de las sucesiones numéricas. A las 9 de la mañana los estudiantes del centro de estudios disfrutaban del primer recreo.

La primera sorpresa de esa visita fue que Irma Dueñas de Mundo, la madre, trabaja en ese centro escolar, es la asesora de gestión del MINED para el distrito de Santa Ana. No fue difícil dar con ella y a ella no le costó encontrar a sus hijos.

El primero en aparecer fue Manuel Alejandro, que a regañadientes se salió del partido de fútbol que disfrutaba: “Mamá, mejor después, ya va a terminar el recreo”, insistía a punto de berrinche. Luego apareció Rodrigo José, que se fue a buscar a Ricardo Alfredo. Y resultó que había un cuarto Mundo Dueñas, Jorge Humberto, de seis años, que apenas termina la parvularia.

A las 9:15 sonó el timbre que hizo entrar a todos los alumnos y alumnas a sus salones. Los hermanos hicieron lo mismo y había que esperar que otro timbre los sacara 45 minutos después.

En sus salones de la escuela la escena era distinta a la del sábado anterior. Ricardo es callado, sentado con la espalda siempre recta, escribía despacio y con atención. Rodrigo, en cambio, es inquieto y parlanchín. Manuel se mantiene ocupado resolviendo una prueba. Son los únicos estudiantes del centro que asisten a la academia sabatina.

“Como yo trabajo en el MINED me enteré del programa y aplicamos”, explica Irma, y asegura que a pesar de saber que sus hijos son muy sobresalientes, “no creía que fueran competentes para entrar en ese espacio donde van niños realmente talentos”.

Por esta visión, le sorprendió que, luego de enviar las pruebas que salieron en los periódicos en la convocatoria de este año, los clasificaran para ir a hacer el examen presencial.

Entraron los tres, aunque la familia había decidido enviar a los dos mayores, pero el profesor que les pasó la primera prueba presencial notó que Ricardo estaba al lado de sus hermanos tratando de resolver los ejercicios, y luego instó a la madre a que enviara también los documentos del pequeño porque parecía capaz. No solo resultó capaz, sino el mejor evaluado en el TEA.

Sus profesores coinciden en que los tres son líderes en sus salones. Su madre es exigente con ellos, sobre todo en la disciplina, y trata de que no se crean mejores que los demás. Les proporciona juegos educativos y los anima a participar en certámenes. Sabe de oficio el valor de la educación.

“Son niños normales, lo único que yo quiero es que desarrollen su inteligencia y que tengan oportunidades de tener un mejor aprendizaje”, dice la madre, que también tiene ya un ojo puesto en el futuro: “Pienso que hay tan poca gente en el mundo de las matemáticas, y si se desarrollan ahí, las oportunidades de trabajo son buenas”. Pero deja claro que tiene la ilusión de que al menos dos de sus cuatro hijos sean sacerdotes.

Volvió a sonar el timbre. Salieron los cuatro hermanos y todos se dispusieron a hablar un poco. Lo primero que respondieron fue si les pesaba perder su sábado de descanso por viajar a más clases a San Salvador. “Lo malo es que ya no vamos a las clases de pintura ni de inglés”, explica Manuel.

Respecto de las diferencias, Manuel destaca: “Aquí todos mis compañeros están siempre va de fregar y allá no”. Rodrigo dice que son clases divertidas y hace referencia a los contenidos. “De matemática no había visto nada, de biología tampoco, todo es nuevo. Aprendí más ese sábado que todo lo que llevo del año aquí en la escuela.”

Ricardo tiene un testimonio diferente. “A mí me fue mal, no pude hacer unos problemas, porque no puedo dividir ni multiplicar, y me costaba más, pero me daba la misma respuesta”, confiesa el pequeño, pero no muestra desánimo.

Rodrigo demuestra que es observador. “Otra cosa en que me fijé es que mis compañeros de aquí solo ven películas de terror. En cambio allá más que todo ponen películas que sacan de algún libro, y algunos ni las ven, sino que leen los libros”, señala, y sigue: “Aquí yo soy el único que he leído un libro de literatura y otros dos que eran cuentos”.

En ese tema, Manuel retoma la palabra para contar que él ha leído “Hamlet”, de William Shakespeare, “La divina comedia”, de Dante Alighieri. “Pero mi favorito es “Cenizas de Izalco”, porque es de aquí.” Ricardo dice que la lectura no es tanto lo suyo como hacer números, “ya voy por el 750”, presume.

En el futuro, Rodrigo se ve como biólogo o cura. Manuel empieza a preguntar sobre el proceso de hacer reportajes y Ricardo insiste en las matemáticas.

El pequeño Humberto, que no dejó de hablar durante la entrevista a sus hermanos, ya está en el foco de la academia, y su madre asegura que le han pedido que lo someta alas pruebas. Lo hará.

El horizonte de la excelencia

Luis Ramírez es el profesor que ponía las sucesiones numéricas a los Mundo Dueñas. Su papel dentro del programa ha sido fundamental. Durante la semana trabaja como docente en Zacatecoluca, en La Paz, el departamento que más jóvenes talentos ha reportado desde que inició el programa.

No es una casualidad. Ramírez ha propiciado este fenómeno al asumir la preparación de varios grupos de jóvenes cuando salen las convocatorias para participar en las conocidas como olimpíadas de matemáticas, esa prueba para detectar habilidades y conocimientos sobresalientes en esa materia.

“Mi hija participó en unas olimpíadas de matemáticas y entró a la academia, ahí fue que yo me fui metiendo, porque vi que valía la pena”, cuenta el profesor.

Revela que al principio no sabía si sería capaz de enseñar a jóvenes con las características que tienen los del programa. Además, había contenidos que él no había desarrollado. “Por eso venía a clases con mi hija y ya después por mi experiencia como maestro fui ofreciendo mi ayuda.”

También recurrió a un método peculiar para acercarse a estos jóvenes: “Me leí varias biografías de personajes geniales para saber con qué me podía encontrar y tratar de entender sus problemas o su forma de ver las cosas.”

Ahora Ramírez es parte del PJT, que nació en 2000, después de que la academia sabatina, concebida para desarrollar competidores para las olimpíadas de matemáticas, se quedó corta.

En el mismo edificio de Matemática de la UES, en cubículos de los profesores, se encuentra Gerardo Zelaya, una de las más recientes adquisiciones del cuerpo docente del departamento, un reclutamiento de lujo, pues no todos tienen un licenciado en Matemática Pura de la Universidad de California en Los Ángeles, conocida como UCLA (ver nota aparte).

También este docente revela que su experiencia lo hace tener fe en este programa.

“Hay algo que se llama ambición”, dice Gerardo. Además confiesa que fue un mal estudiante en el colegio y que sus primeros años de universidad no fueron brillantes.

“Pero una de las ventajas que da este programa es que cuando a un niño se le plantea una educación en la que él no tiene límites para aprender, él empieza a tener ambiciones más grandes, y así puede llegar más lejos”, amplía.

El programa ha crecido y más de 50 estudiantes han logrado entrar a niveles superiores con las ventajas de una formación que procura romper los límites que impone la tradición educativa y las condiciones sociales y económicas del país.

En el horizonte hay cada vez más proyectos. Por ejemplo, un centro de excelencia académica que se llene de los científicos salvadoreños que deseen ser cómplices del futuro.

También quieren llegar al mundo de la empresa y de la política con su conocimiento.

Por el momento hay 291 jóvenes repartidos en los nueve niveles que el programa ofrece. Todos tienen talentos superiores. Sin saberlo, quizá, están despejando para los salvadoreños una incógnita: el futuro.



Agua Caliente, riqueza entre montañas

   
LPG Móvil
Archivo de ediciones
Contáctenos por emergencias
Edición impresa
Hoy hace ...
Horóscopo
Cámara en vivo


[ Portada | Nación | Economía | Departamentos | Departamento 15 | Gran San Salvador | Mundo | Deporte]
[ Fútbol Nacional [Opinión Editorial | Cultura | Multimedia | Vivir | Fama | Extremo | LPG Datos |  Especiales]
[ Enfoques | Revista Dominical | La Tribuna | El Heraldo ]

© Derechos Reservados : 1997 - 2005   | Aviso legal |   Escríbanos