La construcción del nuevo puerto de La Unión es uno de los megaproyectos
comprendidos en las acciones territoriales del Plan de Nación, que
el Presidente Saca asumió como uno de los programas presidenciales
en su Plan de Gobierno. Conviene insistir en que el nuevo puerto
de La Unión no es uno más en el Pacífico centroamericano: es el
único puerto de tercera generación entre Manzanillo, en México,
y Balboa, en Panamá, lo cual abre para El Salvador y sus vecinos
un ámbito de conectividad perfectamente acorde con los requisitos
del comercio global. Al conectar La Unión con Puerto Cortés, en
Honduras, que también es de tercera generación por el tipo de carga
que puede manejar, se establece otro paso interoceánico de notables
ventajas.
El trabajo se ha programado para que esté concluido en la primera
mitad de 2008, y hasta la fecha hay un 20% de avance en la construcción.
Desde luego, el proyecto no se reduce a la construcción del puerto;
y, en ese sentido, la CEPA y la Autoridad Portuaria de Valencia
están elaborando el plan estratégico portuario del país, que incluye
Acajutla. Hay que hacer todo un planteamiento de negocios para La
Unión, pues contar con la infraestructura, por moderna que sea,
es solo el primer componente del éxito. Y no hay que olvidar que
vamos a competir con Panamá, que tiene tanto terreno ganado. Habrá,
pues, que aplicarse muy seriamente al esfuerzo.
El puerto de La Unión es un extraordinario punto de despegue para
el desarrollo territorial en el país. Y, dadas nuestras dimensiones
territoriales, su irradiación irá más allá de la zona oriental:
a todos los espacios nacionales. La Unión nos coloca en una posición
muy distinta a lo que tenemos en lo que a comunicaciones estratégicas
se refiere, y, por ende, se nos abre un escenario del que hay que
sacar beneficios al máximo.
La Unión como puerta hacia el mundo
Uno de los más importantes y más desaprovechados recursos centroamericanos
es el golfo de Fonseca. No solo por su privilegiada posición geoestratégica,
sino también por las perspectivas complementarias en áreas vitales
como el turismo. Si los tres países limítrofes del golfo —El
Salvador, Honduras y Nicaragua— se lo propusieran, podrían
hacer del golfo uno de los paraísos turísticos del mundo. En vez
de seguir encerrados en obsoletos recelos, deberíamos estar imaginativamente
empeñados en sacar partido de lo que tenemos.
En nuestro caso, y en lo que a La Unión en concreto se refiere,
aunque la construcción va a tiempo en calendario de inversiones,
estamos ya bastante retrasados en temas como la configuración de
la ciudad-puerto y sus entornos, así como en el ordenamiento territorial
de toda la zona. Esto último no avanza, ni en La Unión ni en ninguna
otra parte del país, aunque sea tan decisivo para el desarrollo,
porque siguen prevaleciendo los intereses especulativos particulares
sobre el interés general. Y casi nadie lo dice.
En realidad, un proyecto como el de La Unión requiere actitudes,
visiones y conceptos mucho más avanzados que los que aún circulan
en el ambiente. Este proyecto es, en sí, una puerta abierta hacia
el mundo global, tanto para nosotros como para la región. Debemos
apostarle a lo grande para irnos acercando a lo grande, como se
hace en otras partes. El puerto de La Unión debería ser el detonante
de un enfoque novedoso en todos los órdenes. Porque de no aprovechar
como se debe un recurso semejante, estaríamos dejando pasar, una
vez más, el carro de las mejores oportunidades.