Portada
 
  Lo del día
  Nación
  Gran San Salvador
  Mundo
  Departamento 15
  Economía
  Departamentos
  Opinión Editorial
  Deporte
  Fútbol Nacional
  Cultura
  Vivir
  Fama
  Extremo
  LPG Datos
  Especiales
  Especiales
  Zona Multimedia
  Archivo
 
  Enfoques
  Dominical
  La Tribuna
  El Heraldo
  El Economista
 


Juego de presiones
El duelo por el “Duelo...”

David Escobar Galindo
degalindo@laprensa.com.sv

Columnista de
LA PRENSA GRÁFICA

Imprimir esta nota Enviar esta nota Opinar sobre este tema

Hace 35 años, el sábado 27 de febrero de 1971, se publicó, en la página literaria de El Diario de Hoy, mi poema Duelo Ceremonial por la Violencia. Unos cuantos días antes, el secuestrado Ernesto Regalado Dueñas había aparecido muerto. Era el primer acto de violencia revolucionaria de esa índole en el país. De seguro mucha gente quería ignorar que se estaban dando las primeras señales de un nuevo momento en el accidentado proceso de nuestra vida política. Se trataba del surgimiento de un enemigo desconocido, y por eso circulaba con tanta frecuencia, aunque sotto voce, sobre todo en los círculos del poder económico, que acciones semejantes provenían de grupos militares disidentes. Esta negación —de alguna manera tranquilizadora, porque implicaba que el enemigo, aunque muy peligroso, “es de los nuestros”— la pude comprobar, en testimonio vivo, cuando uno de los empresarios más poderosos del país fue secuestrado seis meses después que mi padre, es decir, en mayo de 1975. Me llamó para que conversáramos sobre las mutuas experiencias. Una de sus preguntas fue: “¿Usted cree que se trata de un grupo guerrillero?” Le respondí que no me cabía duda. Era el Ejército Revolucionario del Pueblo. Él me miró con cierta conmiseración por mi inocencia, y me dijo: “No, David, son militares… Yo pude reconocer a uno de ellos…”

Ernesto Regalado Dueñas, secuestrado el 11 de febrero, apareció, asesinado, en las primeras horas del viernes 20 de febrero, cerca de la finca El Tazumal, en la calle a San Antonio Abad. Al día siguiente, el General Fidel Torres, dio los nombres de los presuntos asesinos: los estudiantes Guillermo Aldana y Carlos A. Menjívar y alguien “que huyó esposado”. Por su parte, Radio Habana, en un comunicado del 23 de febrero, dijo que los autores son “jóvenes pertenecientes al Movimiento Social Cristiano, rama izquierdista del Partido Demócrata Cristiano, y miembros del Partido Comunista Salvadoreño, en una acción conjunta”. Se trataba de lo que después fue conocido como el “Grupo”, antecedente del Ejército Revolucionario del Pueblo.

Sólo unos días antes de todo este dramático incidente me había hecho cargo de la Dirección de la Biblioteca Nacional, en el edificio frente al Mercado Cuartel, que quedó inservible luego del terremoto de 1986. Estábamos por aquellos días en un taller de trabajo —hoy se llamaría planeación estratégica— de todos los nuevos funcionarios del área de Cultura, en el local del Hogar del Maestro Jubilado, en Huizúcar, y en uno de los intermedios me dijo Carlos de Sola: “Apareció muerto Ernesto Regalado”. Me angustió la muerte tan injusta de un hombre bueno y honorable, y me impactó el hecho en sí y sus escalofriantes anuncios implícitos. Aquella misma noche, en la soledad de mi cuarto, escribí enteramente el Duelo. Revisé el texto al nomás despertar, y se lo envié al día siguiente a don Napoleón Viera Altamirano, con una breve nota que decía: “Este poema me ha brotado incontenible. Lo dejo en sus generosas manos”. Quizás por lo dramático de la situación él publicó tanto la nota como el poema en la edición sabatina del día 27.

Por algunos comentarios que recibí entonces, aquel poema se vio más como un desahogo emocional que como un juicio de valor sobre el fenómeno real. Fue hasta 1974 cuando me percaté de los efectos incisivos que había tenido, al llegar a mi poder —de manos de un distinguido abogado de izquierda, muy vinculado a la guerrilla, según supe después—un ejemplar de la primera edición no impresa de los "Poemas clandestinos" de Roque Dalton. He hablado de este tema, como de muchos otros, con Eduardo Sancho, que fue uno de los primeros jóvenes que pasaron a la lucha armada en el país. Eduardo fue “responsable” de Roque Dalton en el ERP, y me ha contado que Roque escribió esos poemas en buena medida como reacción a la idea prevaleciente en las estructuras guerrilleras en el sentido de que la práctica poética no era compatible con la acción revolucionaria. Esos poemas fueron, a más de todo, otro acto de rebeldía de Roque.

En “Poemas clandestinos”, escritos en verdad desde la clandestinidad en que vivió el poeta a su regreso a El Salvador, para incorporarse al ERP, entre el 24 de diciembre de 1973 y el 10 de mayo de 1975, hay dos poemas dedicados a poetas: uno, a Eduardo Sancho, que también estaba en la clandestinidad del ERP, y a quien Roque sólo identifica como E. S.; y otro “A José David Escobar Galindo, a) Perra de Hielo”. El poema para Eduardo es fraternal; el poema para Escobar Galindo es abiertamente agresivo. Pero cuando leí ese poema, que responde evidentemente a mi poema Duelo Ceremonial por la Violencia, de ninguna manera me sentí agredido. Por el contrario: pensé que aquella respuesta establecía un vínculo dialéctico que iba más allá de los poemas, y que además, ya en un plano más individual, significaba que mi poema había calado a fondo en Roque. Eran la tesis y la antítesis. Yo llamo a la violencia “perra de hielo”; Roque llama a la violencia “mamá del niño-pueblo”. Dialéctica de visiones y de imágenes. No es simple cosa de simpatías o antipatías: es cuestión de fondo conceptual y de principios. Es la posición personal y moral frente a la violencia. Con los años, y visto el desarrollo del proceso, no me cabe duda de que la síntesis dialéctica fue el Acuerdo de Paz, en el que curiosamente participamos los dos poetas a los que Roque les dedicó poemas desde su clandestinidad. Y en 1996, Eduardo y yo, como para sellar el pacto dialéctico, publicamos un libro juntos: “El venado y el colibrí”, que se reeditará este año, diez después, y que, en su momento, levantó urticarias y apelmazó desdenes. Y es que la armonía, después de grandes desencuentros, sobre todo cuando son ideológicos, perturba a muchos, porque los pone ante un espejo en el que no quieren verse. Un amigo me dijo al respecto, en son de broma, pero con un retintín de reproche, y cito la frase textual, pues no soy quien para corregir frases ajenas: “Es que es una cabronada de ustedes que hoy salgan con un libro firmado tranquilamente por ambos cuando deberían haberse odiado para siempre…”



Agua Caliente, riqueza entre montañas

   
LPG Móvil
Archivo de ediciones
Contáctenos por emergencias
Edición impresa
Hoy hace ...
Horóscopo
Cámara en vivo


[ Portada | Nación | Economía | Departamentos | Departamento 15 | Gran San Salvador | Mundo | Deporte]
[ Fútbol Nacional [Opinión Editorial | Cultura | Multimedia | Vivir | Fama | Extremo | LPG Datos |  Especiales]
[ Enfoques | Revista Dominical | La Tribuna | El Heraldo ]

© Derechos Reservados : 1997 - 2005   | Aviso legal |   Escríbanos