Los movimientos de reclusos pandilleros a diversas cárceles del sistema penitenciario continuaron ayer. Un total de 888 internos de la cárcel de Quezaltepeque, en La Libertad, fue trasladado a reclusorios ubicados en las zonas central y oriental del país.
De los pandilleros, 250 fueron recluidos en el penal de Ciudad Barrios, de San Miguel, y 638 hacia la penitenciaría de Chalatenango, que fue desalojada completamente de miembros de otra pandilla.
Fueron 20 los buses contratados para transportar a los más de 800 reos. Se dividieron en dos caravanas que van custodiadas por más de un centenar de policías.
El director de Centros Penales, Roberto Vilanova, dijo que los traslados de reos forman parte del plan de ordenamiento del sistema penitenciario.
“No podemos crear núcleos de poder al interior de los penales. Nuestra mayor intención es que estas personas cuando salgan del sistema salgan como personas nuevas que puedan convivir con el resto de la sociedad.”
Dentro de las cárceles, sin embargo, hay decenas de ejemplos de reos que siguen cometiendo actos criminales.
En la última semana, las autoridades policiales han vinculado a dos internos de ese reclusorio al plagio y el asesinato de un estudiante del ITCA y también a las extorsiones a transportistas de la ruta 7-C.
El traslado no fue del agrado de los familiares de los reos. “Yo no quiero que me los lleven porque no tengo dinero para ir a verlos a otro lugar”, dijo Marta López Sandoval, quien tiene a dos hijos recluidos en Quezaltepeque. Las autoridades penitenciarias encontraron tres teléfonos celulares y cuatro chips luego del desalojo de reos en el penal de Quezaltepeque.