La azul menor, la que ha devuelto una ligera esperanza de ir un mundial, entra en una etapa fundamental en su trabajo para pelear en abril en el premundial sub 17 por una de las dos plazas que se jugarán en el grupo A, integrado por Honduras, que es sede, México y Haití. Los dos primeros lugares dirán presente en agosto en Corea, en la máxima justa de la categoría.
Es un momento crucial porque después de octubre, cuando se logró la clasificación a esta última fase, el grupo tuvo un parón y fue a finales de noviembre que volvió a los entrenos. Volvió a hacer un alto para las fiestas de fin de año. Pero desde el 3 de enero ha intensificado la preparación y se vienen los importantes partidos amistosos internacionales.
Ya mañana la selección al mando de Norberto Huezo y del argentino Mario Rodríguez tenía que tomar un avión con rumbo a Chile para jugar dos partidos con la sub 17 local. Por varios factores esos juegos se corrieron para febrero.
Las condiciones físicas de la selecta van por buen camino, asegura el preparador Ricardo Palladino. A inicio del año realizó un test y todo va bien. Huezo y Rodríguez trabajan en lo técnico-táctico.
Los juegos son los que miden el crecimiento, y justo el 21 de este mes parten hacia Costa Rica donde enfrentan a la selección tica y a las reservas del equipo costarricense Alajuelense.
Antes de cerrar el mes está también programado un juego en Houston, con un rival por definir.
Casi todo febrero el adiestramiento de la sub 17 debía transcurrir en Brasil, pero un cambio de planes y de fechas hace que esa pretemporada se traslade para las últimas dos semanas y que ya no se vaya a realizar en São Paulo.
Por eso, la primera semana del segundo mes de 2007 será de trabajo en el país. Y luego viajarán a Chile para jugar los encuentros pendientes.
Norberto sabe que jugar en condiciones adversas son favorables para los chicos que consiguieron la clasificación jugando en casa, y que hoy deberán luchar con el público catracho en contra.
“Vamos pretendiendo que en abril no haya temor, que vayan adquiriendo experiencia; el premundial es afuera y esto les va a ayudar mucho a jugar con público extraño y en otras canchas.”
Después de esos dos juegos, que ya sumarán cinco en este año, viene lo que Palladino se da en llamar “pretemporada”: 15 días de trabajo en la playa, que será aquí en El Salvador. La planificación ofrece dos semanas de acondicionamiento físico, con jornadas extenuantes de pruebas que le asegurarán al equipo resistencia y fuerza para enfrentar a rivales pesados.
Lo ideal en el plan de trabajo era aprovechar la estadía en Brasil para realizar cuatro partidos de fogueo con equipos de ese país, pero por ahora se deberá trabajar en casa y esperar a que se busque rivales de respeto para jugar.
Aunque la pretemporada no sea en Brasil, Palladino dice que las cargas de trabajo que se iban a realizar allá también se aplicarán aquí.
Tras esa etapa de trabajo en la playa, en marzo, los chicos y el cuerpo técnico entran prácticamente en la recta final, en la puesta a punto de los movimientos tácticos, de lo técnico para ir definiendo el grupo que luchará por llegar por primera vez a un mundial juvenil.
En ese mes también hay amistosos. Primero, devuelve la visita Costa Rica, para jugar el 12 en el Gregorio Martínez de Chalatenango, y el 14 en el estadio Cuscatlán. En la semana del 20 los nuestros viajan a medir su potencial con la sub 17 de Estados Unidos.
Si no hay cambio de planes (se maneja la posibilidad que la fecha del premundial se cambie), la selección estaría en plena Semana Santa batallando en Tegucigalpa por la clasificación a Corea.
México es el rival más fuerte en el grupo; es el campeón mundial de la categoría. Los rivales a vencer son Honduras, que es local, y Haití, un rival que para Palladino carece de virtudes técnicas y tácticas. “Ya jugamos contra Honduras, contra México, y a Haití no hay que menospreciarlo”, dice Norberto Huezo.